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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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Misceláneas
Ruso-Cubanas: la Cátedra, la Tesis y el Académico.
Por
Alexis
Gainza Solenzal
(texto y fotos), De
la redacción de “Cuba
Nuestra”, Estocolmo,
Suecia. Del
16 al 21 de septiembre eché anclas en Sant Peterburgo, ciudad que siempre he
dado por estimar, subjetivamente, la capital cultural de Rusia. Fue aquella
odisea, pensada originalmente con intenciones entre privadas y laborales, en
cierta medida también un retorno a mis raíces, pues justo en esa urbe pasé
alrededor de cinco años de mi azorada juventud. A la ojeada a los albergues
que cohabitase en el otrora Leningrado, tan depauperados ahora como antes,
siguieron visitas al campo universitario, en particular, a la Facultad de
Historia, —institución en la que el firmante cursara estudios de etnografía
entre 1986 y 1991—, además del Museo de Etnografía y Antropología
“Pedro el Grande”, más conocido por la vox
populi como el Kunstkamera. Sirvió
aquel peregrinaje para revivir gratos recuerdos de no tan castos diarios y
nocturnos estudiantiles, pero también para confirmar que el tiempo —ese
inasible fenómeno demoledor de vidas, humanas y no tan humanas— perpetuaba
su labor rapaz amen de natural. Ya no era parte del claustro de profesores de
la cátedra, Alexandr Viliamovich Gadló, —un entregado especialista de la
historia y cultura de los pueblos de la cordillera del Cáucaso—, quien tras
la repentina muerte de Rudolf Ferdinandovich Its, —gurú de la disciplina en
mis años mozos y conocedor profundo de las minorías étnicas de la China—,
tomase las riendas del magisterio. De
la autoría de Gadló —escribo así pues el estudiantado latinoamericano
nunca se acostumbró a la rígida etiqueta rusa de usar nombre y patronímico
al tratar con sus educadores sino que se limitó a sus apellidos— resguardo
en mi biblioteca cirílica el manual “Etnografía de los pueblos de la
Siberia y del Extremo Oriente”; compendio que el estudioso me firmase un
relegado 23 de febrero de 1990 con la siguiente dedicatoria: “Al estimado
Alexis Gainza, del autor, deseándole todo lo mejor y éxitos. Con el
convencimiento de que con el tiempo me regalará su manual de etnografía
cubana.” Sobre
estas irreparables perdidas charlaba con Valerian Alexandrovich Kosmin,
nuestro antiguo lector y gran perito de las culturas siberianas de la ex Unión
Soviética, ahora revestido con el título de “Cacique” (léase
Jefe) de Cátedra. También había fallecido, me contaba consternado, Abram
Davidovich Dridzó, mi primer tutor científico, latinoamericanista dedicado,
interesado específicamente en entresijos culturales antillanos. ******************* Al
tanto, otros buenos “colegas” continúan, gracias a Dios, en vida. Entre
ellos, Liudmila Petrovna, la exigentísima secretaria y especialista en
embrollos pictográficos mayas, ahora fungiendo como archivadora, si mal no
recuerdo, en el departamento de América Latina del mencionado Kunstkamera.
Perplejo me dejó, por otra parte, el antiguo profesor y cabeza de la Cátedra
de Arqueología, Abram Davidovich Stoliar. Ya hombre de edad avanzada en mi época
de noviciado, continuaba aún irradiando jovialidad, ¡tal parece que hubiera
descubierto el codiciado Elíxir de la Juventud! También
entre los vivos figura Mijail Vasilievich Reshetov (pudimos hablar por teléfono),
sinólogo prodigado, que me asistiera en la manufactura del trabajo de diploma
“Los chinos en Cuba: ensayo histórico-etnográfico” (en ruso), tesis con
que sellara mis memorias universitarias. Dicho trabajo escrito a propósito en
la vorágine de las proclamadas perestroika
y glasnost, y defendido
exitosamente tan sólo a unos meses del síncope del imperio soviético, no
podía dejar de alimentarse de aquel “wind of change” que de forma
magistral captase el grupo roquero alemán Scorpions
en su celebrada balada (entre otros aplaudida por el propio Mijail Sergeivich
Gorbachov, quien incluso invitase a los cantantes al Kremlin en 1991), y que,
para asombro del mundo, desplomasen terminantemente la hercúlea Cortina de
Hierro Comunista. Valga
el primerísimo párrafo de la Introducción de dicho ensayo para demostrar lo
que digo, …aparte del sonrojo que todo escrito de su autoría con más de
diez años de edad en la nuca provoque a este escribiente: “La etnografía
le presta especial atención al estudio de las minorías étnicas. En la
actualidad esta cuestión, puede decirse con seguridad, ha adquirido nueva
envergadura. Esto se debe en primer lugar a la proclamación de la prioridad
de los valores humanos. Millones de personas se encuentran separadas de su
principal masivo étnico. Para conservar la originalidad cultural de éstas,
se exige un estudio de finalidad orientada y completa de importantes parámetros
étnicos. Pueda que el ejemplo de la comunidad china de Cuba, no obstante su
especificad, demuestre hasta qué punto este juicio sea justo.” Lo
que parece parapetado tras vocablos altisonantes puede fácilmente desvelarse
con la lectura del apartado consagrado a aspectos demográficos de los Hijos
del Celeste Imperio en Cuba, además de en las propias conclusiones de la
tesis. En aquellos pasajes se reflexiona sobre que el desvanecimiento (físico)
post revolucionario de la pintoresca comunidad china, —antiguamente la más
pujante política y económicamente de la América Latina—, se deba sobre
todo al proceso de nacionalización (léase
estatización) de los medios capitalistas de producción entonces en manos de
los chinos cubanos. La
abstracción anterior se fundamenta, además de estadísticamente, con los
siguientes argumentos, (tomados textualmente del ensayo): “Como es conocido,
el comercio, tanto al por mayor como al por menor, es el fundamento económico
de las comunidades chinas de ultramar. En este sentido, Cuba no es la excepción
de la regla [sentencia que desarrollamos in
extenso en capítulo aparte de la tesis, apoyándonos encima en numerosas
fuentes científicas que confirmaban lo entredicho]. Por ello, el atentado a
la propiedad de éstos, unido a otros factores, contribuyó a la extinción de
la emigración china, les creó condiciones infavorables para el desarrollo
del comercio, reflejando en fin el proceso actual de desaparición de la minoría
china del país.” Archivada
lo más seguro en algún estante de la cátedra (una copia empero trota mundos
conmigo), la tesis en cuestión se me ocurre testimonio de honestidad
investigativa y reflexiva, propiciada empero por los aires de incipiente
libertad académica que a la sazón aventaran el rígido dogma
marxista-leninista, imperioso en el mundo intelectual del país de la hoz y el
martillo. Además, y como se podría desprender de los fragmentos citados,
dicho trabajo de graduado fue resultado contiguo de una actitud contestataria
del autor (que por el momento no tiene vela en este entierro), y que le
llevara a una ruptura ideológica con el régimen que cinco años antes le
enviara a superarse a un recinto universitario de la Meca del comunismo
mundial. Creo
oportuna la ocasión para expresarle gratitud a todos aquellos mentores, los
nombrados y los omitidos, los en vida y los que ya abandonaron este mundo, por
habernos compartido, de todo corazón, sus conocimientos (buenos que malos, a
la altura de sus premisas y tiempos), y en muchos casos, sus vidas y pasiones.
Porque al margen de las objetivos subterráneos de los gobiernos de nuestros
países —en particular los intereses doctrinales, ideológicos y geopolíticos
de sus gobernantes— nos acogieron, nosotros en definitiva estudiantes huéspedes
en un medio cultural ajeno y extraño, como si fuéramos sus propios retoños. **************** Debo
confesar —de paso a modo de colofón— que de este expedito viaje a Rusia,
la impresión que con más pujanza se ha aferrado a la memoria, es la de una
modesta estatua levantada a nombre de un hombre de figura enclenque y porte
delicado. En la retaguardia del promontorio que al ilustre cincelado le
sirviese de plataforma, puede leerse, incrustada en placa de mármol, la
siguiente inscripción: “Ofrenda a la ciudad del escultor Levon Lazariov y
de los pobladores de Sant Peterburgo: Andrej Stepanenko, Valerij Gavriliuk,
Viktor Eliseev e Isaak Kushnir. 2003.” En el anverso: “Académico Andrej
Sajarov”. Gran
júbilo el de este servidor el encontrar esta recatada escultura, —el
agradecimiento póstumo y ciudadano a un prominente líder cívico del pueblo
ruso— levantada, simbólicamente, al mismísimo frente de la Facultad de
Historia, costeado además a la derecha por los inmuebles de la dirección
universitaria, y a la izquierda por la Biblioteca de la Academia de Ciencia.
Es como si la escultura del escuálido disidente le perpetuara a dichas
instituciones —todas ellas en esencia repositorios de la memoria colectiva
de la nación— la importancia del cometido que marcara el paso de Sajarov
por la vida, el de la lucha por el respeto a los derechos humanos. Doblemente placentero experimenté el homenaje escultórico al académico, pues Sajarov, —puedo decirlo sin la mínima intención de arribismo— me sirvió de fuente de inspiración cívica (seguro también a otros compatriotas de mi generación varados en aquel país) en la postrimería de mis estudios universitarios. Hasta tal punto así es el caso, que si, por casualidades de la muerte, mi ex profesor Gadló allá en el cielo me pidiese cuenta por el manual de etnografía cubana que no ha visto luz, le respondería, sin rubor alguno y entre enigmático y socarrón, que en la escultura que reposa ante la Facultad de Historia yace gran culpa, porque tampoco toda, de la obra postergada.
Abram Davidovich Stoliar
Academia de Ciencias de San Petersburgo, con estatua de Sajarov al frente
Estatua del académico y patriota ruso Andrei Sajarov
Libro dedicado al autor
El profesor Kosmin
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