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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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El
velorio de Carmen Regla Oscar
Mario González, Grupo Decoro LA
HABANA, abril (www.cubanet.org)
/ La mente se resistía a pensar que aquel cuerpo estrujado, sin color y sin
latidos, era el de una de las mulatas, que en vida fue la más hermosa y
admirada del barrio de Buena Vista. También
parecía imposible creer que quien en vida había tenido tantos amigos, ahora,
en la funeraria, sólo estuviera acompañada de Micaela, su madrina de santo, y
Bernabé, el enamorado de toda una eternidad, que nunca tuvo suficiente valor
para comunicárselo. La
suerte de Carmen Regla sufrió un giro radical cuando a principios de la década
de 1960 la revolución de los barbudos intervino el bar del barrio de Pajarito
donde ella trabajaba como mesera. Nunca
pudo olvidar aquella conversación con el comisario político, que duró como
tres horas, y que decidió su futuro. El
hombre empezó hablando cosas desconocidas para Carmen Regla, de lo cual no
entendía una palabra. Hablaba de un hombre mono que después era más hombre
que mono. De una etapa feliz y sin gente pobre; libre de prostitución. Después
otro tiempo, cuando vino la propiedad privada y junto con ella aparecieron todas
las cosas malas del mundo, y entre ellas las putas y los chulos. Le
explicó que ahora la revolución iría acabando con los negocios privados y las
propiedades, pues eran la causa de todo lo malo que había en el mundo. Que Cuba
se convertiría en un verdadero paraíso donde no habría lugar para la
prostitución. El
hombre se esforzaba para arrancar de Carmen Regla un arrepentimiento de su vida
pasada, pero ésta no se doblegaba en su posición. Fijó su mirada azul en la
cara picada de viruelas del instructor, y le dijo, con la firmeza de una gata
ofendida: -
Yo no tengo que arrepentirme de nada. Desde hace años soy lo que soy y nunca he
hecho daño. El que se ha acostado conmigo es porque lo ha deseado y me lo ha
pedido. Mucha gente de posición y puritana, como dice ser usted, ha compartido
conmigo y en no pocos casos he defendido sus matrimonios, aconsejándolos de la
mejor manera. Si ustedes quieren cerrar el bar veré qué pueda hacer. No me voy
a morir de hambre. Pero no espere que le voy a decir
que el capitalismo me obligó a esta vida, como han hecho otras. Después
le propusieron a Carmen Regla un curso de entrenamiento para chofer de taxi, con
lo cual no estuvo de acuerdo, hasta que finalmente aceptó estudiar corte y
costura, oficio que le resultaría de mucho provecho, y con el cual fue librando
durante los años más difíciles del castrismo. Su
carácter insumiso la marcaría para siempre, cuando tuvo el infeliz incidente
que le costó ser mal mirada por las autoridades del nuevo gobierno. Fue
aquella tarde cuando le tocaron a la puerta el presidente del Comité de
Defensa, junto a dos desconocidos uniformados de verde olivo. Los
imprevistos visitantes le plantearon que debía quitar el cuadro de Santa Bárbara
que presidía la sala porque, según ellos, los santos no existían y eran puras
supersticiones. Que en su lugar debería colgar el retrato del Comandante en
Jefe, el verdadero Dios de la patria socialista. Entonces,
y sin ningún miramiento, los botó de la casa, enfurecida, y mirando a su santa
con devota firmeza, exclamó: -
¡Estos no son otra cosa que una pandilla de bilongueros! ¡Ahora sí se jodió
Cuba! A
partir de entonces fue mal mirada por los comunistas, lo cual se reforzaba por
su renuencia a participar en las reuniones del CDR y
a engrosar la membresía de la Federación de Mujeres Cubanas. Pero a pesar de
la ojeriza de las autoridades, nunca le faltaron militantes del Partido y
oficiales del ejército y del ministerio de Interior, procurando sus favores; ya
no sexuales, sino espirituales, pues muchos le acreditaban influencia y buenas
relaciones con el más allá, y dones de curación, no sólo para las dolencias
del cuerpo, sino también para las del alma. Nunca pidió nada por ello, aunque
todos eran generosos con ella, porque, además de curarlos les brindaba la más
absoluta confidencialidad y hermetismo. Así
acabó esta mujer que en vida pudo haber pecado tanto como cualquier otro ser
humano, pero que cultivó la virtud de la sinceridad y la firmeza, en estos
tiempos en que predomina la simulación y la hipocresía. CAMPAÑA
CUBANA POR LA LIBERTAD DE PRISIONEROS DE CONCIENCIA http://www.payolibre.com/presos.htm
"Acuérdate
de los presos como si tú también lo estuvieras" Hebreos 13-3
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