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El precio de ser disidente en Cuba
Margarita de la C. Añel Nieto. Vicepresidenta de la APC. Solicitante de
asilo político en Suecia.
Hace algunos años tuve la oportunidad de cooperar con un disidente cubano bien
conocido, al cual admiro por su capacidad de guiar grupos de disidentes en Cuba.
El señor Gustavo Arcos Bernes, quien durante años de dictadura Castrista ha
sabido correr el riesgo diario de ser vigilado, perseguido y puesto en prisión,
como su hermano Sebastián que cumplió
años en las cárceles estando seriamente enfermo, sufriendo el destierro en su
propia patria que es todavía más amargo.
Conocí a Gustavo en la Parroquia de Calzada, sencillo y amable, sus palabras de
ánimo y valor para las tareas que se realizan para ayudar a todos los hermanos
que en esos momentos sufrían condenas políticas, falta de medicinas, y cuyos
familiares estaban faltos de todo lo mínimo para subsistir. Gustavo me hizo
sentirme fuerte, sin miedo al peligro que corría cuando saliera de nuevo a la
calle pensando como disidente, me ayudo a estar dispuesta a todo y siempre
convencida de la labor humanitaria que estaba realizando, de mi aporte en la
lucha contra la tiranía
castrista.
Así bajo el seudónimo de Violeta (Violetas imperiales dentro de la célula de
Libros Blancos), luché como disidente dentro de un país, donde se violan los más
elementales derechos del hombre: el de ser libres de alma y expresión, Supe lo
que es comenzar a sentirse día tras día la perseguida solamente por ser un
ciudadano inconforme, saber que por una sola sutil manifestación en contra del
gobierno estaba expuesta a serjuzgada por la llamada Ley de Peligrosidad,
Desacato, o Propaganda Enemiga.
Domingo tras domingo, nos reuníamos en la parroquia, único lugar donde los
espías y vigilantes no nos podían impedir expresarnos. Así llego un día de
agosto donde muchos perdieron el miedo, nos llenamos de valor y salimos a gritar
nuestras ideas públicamente y enfrentarnos a las fuerzas represivas. Fuimos
reprimidos con toda la dureza por la dictadura. Castro lanzó a sus compinches a
golpearnos y parar la ola de manifestantes. Durante días fuimos perseguidos los
disidentes por toda la Isla, los perros de caza de Castro estaban sueltos
buscándonos Fue entonces cuando Arcos me estrecho en un abrazo y me dio un
despido con palabras suaves: .."Algunos se tienen que salvar y seguir luchando
fuera por los que quedamos aquí, y nosotros seguiremos en pie de lucha hasta el
día que la libertad llegue a nuestra patria. Mientras que en Cuba haya
dictadura, abandonar el país no dejara de ser un acto político"..
Por eso hoy en Suecia no me siento como emigrante, sino como exiliada, dos
sentimientos muy distintos. El exiliado tiene una enfermedad patriótica que no
se cura; cuando trabaja, cuando estudia, cuando habla, incluso cuando duerme el
exiliado no tiene una idea tiene una obsesión: La lucha contra la tiranía
castrista"; la lucha contra Castro desde el exilio ha sido larga y seguirá hasta
el día que Cuba sea libre, sin el dictador y su hermano Raúl y todos sus
secuaces.
Queremos una Cuba Libre que permita a sus ciudadanos la iniciativa, la
creatividad, el realizar, crear, donde exista la familia, amigos, libertad
religiosa, felicidad, paz armonía, orgullo, alegría, tranquilidad, música,
fiesta, humor, responsabilidad; si lo queremos luchemos y digamos todos los
exiliados cubanos desde cada país donde se encuentran: "Basta de
humillaciones y violaciones de los derechos humanos del pueblo cubano".
Colaboración de Roberto Jiménez para NetforCuba International (http://www.netforcuba.org/)
y a NetforCuba en español, (http://www.netforcubaespanol.org).
Requiem por Gustavo
2006-8-11
Por Miguel Fernández Martínez .
«…..los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles»

Murió en La Habana Gustavo Arcos Bergnes. Y se hace realidad
la famosa frase de Bertolt Brech cuando afirmaba que «Hay hombres que luchan un
día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan
muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los
imprescindibles» Gustavo será siempre un hombre imprescindible para Cuba.
Abandonó la vida, postrado en la cama de un hospital, pero con deseos de seguir
luchando después de 79 años de amor por Cuba, la tierra que defendió y le
provocó sus mejores sueños. La que nunca abandonó a pesar de las adversidades y
el terror.
La terquedad de no doblegarse le venía de sus raíces. Dicen algunos que de la
tierra vasca. Una estirpe de luchadores que desde su cuna natal en el pueblo de
Caibarién, se comprometieron eternamente con el futuro de la Patria. Sus
hermanos Luis y Sebastián encontraron la muerte en la misma lucha. Luis cayó en
combate durante el desembarco del yate Granma en 1956 y Sebastián murió en el
exilio en 1997 después cumplir largos años de presidio, de donde salió solo
cuando le quedaban escasos meses de vida, fulminado por el cáncer.
Nunca olvidaré la imagen de aquel hombre callado, pensativo, con mirada
escudriñadora, parado en la terraza de su apartamento de la calle H en el Vedado
habanero. Tenerlo delante fue como un encuentro con la historia, en mis primeros
pasos por las libertades. Al hombre que se abalanzó, fusil en mano contra la
Posta No. 3 del Cuartel Moncada en 1953, en la lucha que se comenzaba contra la
dictadura batistiana. Al que preso e inválido por un balazo que recibió en la
espalda, mantuvo su gallardía en las celdas y en el exilio.
Gustavo fue sobre todas las cosas un hombre consecuente con sus ideales. Ni
siquiera las prebendas que recibió en su condición de héroe de la revolución
triunfante le permitieron cambiar el rumbo. Pocos casos como él conservará Cuba
en esta parte de su Historia. Cuando renunció a su cargo de Embajador ante el
Reino de Bélgica y regresó a La Habana a enfrentar sus diferencias ideológicas
con el nuevo régimen que ya no apoyaba, prefiriendo el compromiso con su gente
antes de quedarse fuera de la Patria.
La cárcel, el ostracismo político, la represión constante, no paralizaron el
espíritu de Gustavo, quien desde el Comité Cubano Pro Derechos Humanos, nacido
al calor de las discusiones entre varias generaciones de luchadores que se
encontraban en prisión a mediados de los años 70, comenzaron un movimiento de
lucha frontal y pacífica contra el totalitarismo.
En el año 2000, Gustavo Arcos fue elegido como Presidente de la Fundación
Hispano Cubana, como reconocimiento a sus más de cincuenta años de dedicación
patriótica y de darlo todo por defender ideales de dignidad en su pueblo.
El martes 8 de agosto, se cerraron los ojos del viejo luchador quien perdió la
batalla con la vida después de una neumonía que no lo dejó ver el final de su
lucha civilista. Pero estará siempre, sentado en su viejo sillón, con la mirada
clavada en el futuro y para servir de ejemplo a las nuevas generaciones que
sueñan todos los días con una Cuba verdaderamente democrática y libre.
Su vida es y será espejo de las nuevas hornadas de cubanos porque su imagen se
erigirá como monumento a la reconciliación y a la valentía de los hombres que no
descansan en aras de su pueblo. Que llegue hasta el cielo nuestra oración por el
alma de un héroe.
En paz descanses, Gustavo
tomado de CubaNuestra (www.cubanuestra.nu)
de Suecia
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