Sinvergüenzas
sin Fronteras
Carlos
Wotzkow
¿Cómo
se puede ayudar a un pueblo al que todos cuelgan el rótulo de
libertad e independencia condicionada?
Cuando
observo cómo algunas personas leen e interpretan lo que creen haber
leído, me viene a la mente el tema de la cosificación de los
factores a los que Burt se refería como una tentación a evitar
(1). Puedo citarles el caso de ciertos detractores que me han
increpado por promesas, o que me han asegurado que los cubanos son
regularmente premiados en España, cuando yo no hice promesa alguna,
o porque yo aseguraba que el heredero de los Borbón, jamás se había
dignado a premiar a ningún cubano comprometido con las libertades
en Cuba.
Y
aprovecho, principito, para que me cierres la boca con un premio más
que merecido a alguno de los demócratas cubanos que viven en
Madrid. Eso sí, no te me escapes por la tangente de la literatura.
Sin
dudas, mi manera de escribir no está entre las más claras, pero
también es cierto que el nivel de interpretación de mis lectores
no es siempre el adecuado. En el afán de defender sus puntos de
vista, muchos personifican incluso lo que no deben y lo peor es que
a veces hasta se imaginan que las razones inferidas son de facto
realidades. Por ahí anduvo un Cid Campeador que llegó al extremo
de dotar a mis palabras de una fuerza activa que seguramente no tenían.
El pobre, creo que nunca comprenderá que la lucha por la libertad
de un pueblo no es algo que brille por cubrirlo con barniz.
Más
claro, imposible. Queridos lectores, el que este artículo firma,
agradece de todo corazón a todos los seres humanos de este mundo
cualquier ayuda para lograr una libertad verdadera para el pueblo
cubano. A todos, sean cubanos, españoles, chinos, franceses o
esquimales. Todos merecen un gran respeto y la gratitud eterna de un
pueblo que desde hace tantos años sufre una terrible dictadura.
Ahora bien, como todos también pueden notar, yo no soy un buen
escribano para el homenaje, ni tengo la palabrería a favor de gente
a la que nunca he mirado a los ojos. Por ello, dejo ese arte al que,
sin ser adulador, va mejor con ese oficio.
Para
serles terriblemente sincero, creo que ningún acontecimiento en la
historia del exilio cubano ha resultado tan controversial como la
proposición de la existencia de una política bimodal
norteamericana respecto a Cuba. Exultantes y con la descollante
inmodestia que nos caracteriza, cada cubano se cree un genio analítico
por naturaleza. No sólo todos y en todo tenemos la razón, sino que
además, el resto está siempre equivocado. Y no sólo absolutamente
equivocado, sino además, ridículamente e inexplicablemente
equivocado. Más aún, inconcebiblemente y estúpidamente errado. Y
si de Europa se trata, que venga Chirac, que ya sabremos explicarle
la contradictoria posición francesa respecto al terrorismo, o su
relación con el moquillo de los perros en el Congo.
Es
como para orinarnos de la risa con nosotros mismos. Por allá uno
anuncia que Castro se está muriendo, mientras que por acá se dice
que está vivito y coleando. Unos se burlan de Castro por teléfono,
mientras que otros se burlan de los que anteriormente se burlaron
anunciando muertes que a veces, como en el caso de Celia Cruz,
desgraciadamente se cumplen. De todo esto una conclusión. Estamos más
ignorados y desjuiciados que un guanajo después de el día de Ación
de Gracias. Nadie nos ayuda de veras. Nadie se interesa ciertamente
por nuestra libertad. Pero quieren que les diga lo más triste. Ni
siquiera nosotros. Cada vez que un cubano intenta buscarle a la
libertad su physica animae,
generalmente termina encontrándole la physica
corporis. O sea, la suya propia.
Menos
mal, al menos a esos balseritos no los fusilan. Ya lo sé, ese
conformismo es la ley de la vida, aunque a algunos de nosotros nos
quede aún rondando en la cabeza una única pregunta. ¿De regresar
a Cuba, no sería mejor que les fusilaran? La CNN sabe que es más
importante el objetivo de dar a conocer una noticia que la noticia
en sí. Balseros flotando en un Chevrolet Pick-Up del año 51
equivale a cubanos con los pies mojados. Esto se traduce en
repatriación automática y malestar de la comunidad cubana contra
Bush. En números redondos, menos votos, más daño político, y un
convincente ejemplo para que el mundo entero deporte a los cubanos.
Lucia
Newman, corresponsal de la CNN en La Habana, seguramente tendría
acceso a las cárceles de Castro para entrevistar y filmar las
condiciones en las que viven los presos políticos en la isla. Pero
Turner, no tiene el más mínimo interés en que el mundo sepa sobre
esto. La televisión española igual. Hace dos días, un policía
español provocó graves lesiones en la cabeza a un turista holandés
porque a este le dio por protestar por el mal servicio de un centro
turístico. Esos 18 bastonazos policiales jamás hubieran sido
noticia en RTVE si no fuera porque otro turista dio un film amateur
a un canal de Holanda y este, logró que la pasaran en Euronews.
La
noticia del Chevrolet flotante claro que también la pasaron, pero
porque daba gracia.
Hay
diferentes maneras de hacer política. Todas son legítimas, pero no
siempre todas son válidas. Yo, en algún momento de este año, he
protestado por los ataques contra la persona de Payá, pero eso no
quiere decir que acepte la imposición Europea de que Payá sea el
substituto de Castro. Es más, y fíjense que claro se los digo. Si
el Proyecto Varela no se extingue y desestima apenas Cuba se
convierta en un país libre, me apunto desde ahora a su férrea
oposición. Nadie, por encumbrado que esté en la política cubana
contemporánea, tiene una neurona capaz de influenciar en la más
bruta de las mías.
Francia
es el país europeo que más interés tiene en que el sucesor de
Castro sea “un moderado” designado por Europa. España preferiría
que el sucesor de Castro fuera otro español (Castro lo es en genes
y conducta). Al menos así lo dejaban ver antes que Menoyo (2)
se ridiculizara políticamente sin oficinita de La Habana. Al final,
hay incluso cubanos que interpretan estos comentarios de la prensa
francesa como un respaldo a la disidencia interna, cuando en
realidad es una oposición a la práctica norteamericana de imponer
gobiernos con cierta experiencia en la política internacional por
haber estado en el exilio.
Yo
no tengo nada contra el compatriota Payá, pero pienso que es una
persona que carece de los recursos necesarios para encaminar sin
mucha changa a nuestro pueblo.
Más
allá de las apariencias que un político intenta vender está la
realidad de su “yo recóndito”, que es algo mucho más amplio y
alejado del ideal que él pretende mostrar. Por tanto, el compromiso
político debe hacerse con la libertad. Ni siquiera con los muertos,
que como ya sabemos, casi siempre adquieren una belleza inexplicable
desde su temprana desaparición. Y si notan mi sarcasmo, notarán
también en el término “temprano” una impenitente irreverencia
para aquellos que siempre creen que los “buenos” siempre mueren
antes.
Maleable
como soy por todas las cosas que me creo, hace días pensaba que los
políticos con poder eran un severo mal al que se enfrentaba la
libertad de Cuba. Hoy sin embargo, después de leerme un poco a
manera de repaso, vuelvo a estar convencido de que no es así. El
peor mal para la libertad en cualquier rincón del mundo es alguna
que otra prensa y después, la libertad de la cual esa mala prensa
abusa. La cúpula del poder en la CNN, en el Washington Post, en la
RTVE, en El País, en France 2,
en Le Monde. Esos son los verdaderos sinvergüenzas sin fronteras.
Veámoslo
sino de forma abstracta: si cada noticia depende de dos factores (el
político que la genera y el redactor que la divulga), no es difícil
notar que hay uno (el político) que varía de forma aleatoria,
mientras que el otro (los intereses del divulgador) sigue siempre
siendo el mismo. Entonces, si el interés fundamental de este juego
factorial es una mejor economía por la vía del poder político
(esta gente no son pobres, se los aseguro), está claro que las
variaciones de opinión tenderán a neutralizarse mutuamente, pero
acabarán por dar predominancia a la constante. En este caso, la
versión del redactor en jefe.
Estadísticamente
hablando esta formulación es sumamente simple, pero nadie me
discutirá que psicológicamente es aterradora y complicada. Miren a
España y saquen sus propias conclusiones. Si la transición a la
democracia en Cuba sigue los pasos del modelo español, no importa
quien gobierne mañana en Cuba. La noticia en esas condiciones no
será otra cosa que un vehículo de mezquina utilidad. Eso es lo que
lanza la RTVE contra el gobierno de José María Aznar (2).
Es lo mismo que hace France 2
contra los políticos pro OTAN en ese estado islámico de Europa.
Pura estrategia, como la de la CNN contra el
presidente Bush y el partido republicano.
Uno
es capaz de notar todas estas infamias noticiosas porque salen día
a día para ser vistas y escuchadas, pero es evidente que las
relaciones éticas y lógicas de una noticia poseen una razón de
existencia independiente. Es decir, Jorge W. Bush, respecto a Cuba
sigue siendo preferible a Bill Clinton y Jacques Chirac, con relación
a la seguridad de occidente, es más dañino que Bin-Laden. Esto es
así, aunque todos publiquen que no es cierto, o aunque para
silenciar mi idea se diga que Fidel Castro es un asesino y llena las
cárceles con todos los cubanos que todavía caminaban por las
calles de la isla.
Ah,
y todavía se podría decir mucho más sobre la cosificación, sobre
ciertos puntos de vista contradictorios acerca de la naturaleza de
los factores, pero ni yo soy un buen matemático, ni sé mucho sobre
las categorías reales del pensamiento de alguien que se gana el
sustento tergiversando para engañar al prójimo. El mundo y los
intereses de sus habitantes son además tan dispares y caóticos
como para que yo pueda comprender a esa jerarquía que les gobierna
con la prensa y de manera tan organizada.
Bienne,
Julio 25, 2003
(1)
Sir
Cyril Burt 1940. The factors
of the mind. Univ. of London Press. 509 pp.
(2)
Casualmente
en los días que Castro celebra el 50 aniversario del suicidio
colectivo del Moncada, Menoyo aparece en Cuba cumpliendo con una
visita de “carácter privado” y haciendo declaraciones contra la
política norteamericana respecto a Cuba. ¿No habrá sido invitado
“privadamente” por el mismísimo Fidel Castro?
Carlos
Wotzkow es un biólogo cubano exilado en Suiza.