|
Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
|
|
LOS CRONOPIOS DE SILVIO Y AMAURY
A los que apenas se les escucha en esas reuniones de jóvenes son los cronopios ya sesentones de Silvio y Amaury. El primero porque él mismo transcurre - o sobrevive- en una concha dorada y el segundo, Amaury, alejado de los escenarios y dedicado a escribir novelas policíacas. Los cronopios de Silvio y Amaury que acompañarán a Juanes en la tribuna van a aprovechar - a “coger cajita”, como diría un cubano - la presentación del joven colombiano para poder lanzarse internacionalmente, en medio de la propaganda y las inagotables controversias que ha generado el concierto. El cronopio de Silvio, escurridizo, impersonal y ambiguo como las letras de sus excelentes composiciones, es el mismo Silvio que conocí hace mas de cuarenta años en un estrecho apartamento de la calle San Miguel, cantando canciones en portugués y repitiendo su admiración por Bob Dylan y la poesía de Vicente Huidobro, muy alejado de la trova tradicional y los sones que en esa época de los sesenta apenas se escuchaban en la radio. El mismo Silvio que con su jean rasgado y sus botas rusas impactó a los jóvenes con sus canciones protestas ( ¿ protestas de qué?), donde ya afloraba esa poética existencialista de decir mucho sin decir nada. El mismo Silvio que en los ochenta montó en cólera cuando la prensa cultural anunció el nacimiento de los “jóvenes de la Nueva Trova” y que lo destronaban del pedestal en que estaba encaramado. Es en esa época cuando surge el otro cronopio, Amaury, el hijo de Consuelito Vidal, la diva del micrófono de la televisión, con ínfulas de trovador, un baladista que, nadie supo porque, se convirtió en enemigo público de Silvio. Guerra de cronopios. A mas de sesenta años cumplidos, uno, Silvio, sigue en su torre de marfil protegido por el apadrinamiento del Ministerio del Interior - no debe olvidarse que su “representante ” al inicio de su carrera en los años setenta fue un misterioso “seguroso”, nombrado Tito, que lo acompañó varios años cargándole la guitarra), millonario, promoviendo conciertos en teatros de América Latina y Europa, afanado en conseguir una visa para cantar su Unicornio Azul en algún teatro de New York. El otro cronopio, Amaury, ahora novelista y pintado de rubio, aprovecha el espacio que le dan para divulgar canciones de amor y desamor que poco interesan. En la pachanga que Juanes y sus invitados ofrecerán en La Habana - y que será del agrado de los cubanos en la isla -, los cronopios ( utilizando un término mítico de Julio Cortazar) de Silvio y Amaury tendrán que echarle un poco de salsita a sus canciones apapachadas por el castrismo. De lo contrario, el concierto será de apaga y vamos. |