Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 

 

Escritos desde Cuba

Septiembre 2004

Gracias a CubaNet y NetforCuba International

Entre ciclones y refranes

 Ariel Delgado, UPECI

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org)- Cuando los efectos del huracán Charley continúan latentes en el occidente del país, y no ha pasado el susto del sugestivo Frances, ya se escuchan nuevos pronósticos aterradores sobre otro nuevo ciclón, nombrado Iván, que azota la francófona isla de Guadalupe en el sur del arco que forman las Antillas Menores.

Un refrán afrocubano dice "siempre que llueve escampa", pero parece que como toda regla tiene su excepción, en el caso de los ciclones no habrá tiempo para tender la ropa al sol. Total, y ahora sin salir del tema cultural y folclórico, ya los sacerdotes de Ifá lo habían advertido a inicios del año, con sus pronósticos anuales, que éste iba a ser de grandes extremos climatológicos, con mucha sequía en un momento, y mucha agua en otro.

Con Iván, que hay que ver si adopta el sobrenombre que le dieron a un zar sus súbditos eslavos, el Terrible, las preocupaciones van en aumento. Si para Charley había recursos para reponer los daños ocasionados -en especial los eléctricos- ¿no se agotarán ahora esas reservas y entonces entraremos anticipadamente en otra nueva etapa del horroroso Período Especial en Tiempo de Paz?

Y de la vivienda, ni hablar. Todavía hay familias esperando que les reparen los destrozos ocasionados en sus viviendas por Lily y Mitchell en el ya lejano año 2001. De continuar la situación así, se podría calcular por métodos modernos estadísticos en qué año (no será muy lejano, si no se hace algo), la población cubana tendrá que ir a vivir a las cuevas del sistema espeleólogo cubano.

Para la agricultura el problema es grande. Ante las pérdidas de Charley se ha dedicado a la siembra de cultivos llamados "de ciclos cortos", como una absurda sustitución de las viandas y hortalizas que se han perdido. ¿Y qué sembrarán ahora? Quizás algún especialista de la potencia biotecnológica cubana pueda descubrir métodos que permitan engullir las ramas de los árboles caídos por las furias de los vientos, y entonces la recogidas de éstos será más fácil, ya que las familias se apresurarán a disponer de esas provisiones en espera de los próximos ciclones.

En fin, si no escampa, a este transculturado pueblo no le va a quedar más remedio que aplicar otro refrán, ahora perteneciente al signo que está rigiendo este año: "No hay mal que dure cien años, cuerpo que lo resista ni médico que lo asista". Aplíquese su moraleja, y al buen entendedor, con pocas palabras bastan.

¿Quién me explica esto? 

Adrián Leiva, Grupo Decoro

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org)- Una llamada a la puerta de mi apartamento interrumpió el disfrute de las transmisiones de la recién finalizada Olimpiada de Atenas. Algo molesto por la inesperada visita que me hacía desaprovechar unas horas de "alumbrón", abrí la puerta para encontrar en el umbral a dos mujeres de mediana edad, que sin ningún tipo de reservas me abordaron a quemarropa para ofrecerme medicinas.

La venta ambulatoria de algunos medicamentos en el mercado negro se va haciendo algo casi normal en varias zonas del país, pero con mayor incidencia en la capital. En ello incide la escasez de estos productos en las farmacias. Por ello no me sorprendió esta inesperada visita a mi domicilio.

Les invité a pasar por razones bien distintas a las de aceptar sus ofertas, más bien para propiciar el diálogo que motivó el presente trabajo. Personalmente considero incorrecto que existan personas que lucren con algo tan sensible como son los medicamentos. Consciente estoy de las penurias económicas que a diario enfrentamos los cubanos, pero estimo que hay otras variantes para ganarse honradamente la vida, vendiendo otros productos, que no necesariamente tienen que ser fármacos expendidos a precios muy superiores a lo establecido oficialmente. Ellas son necesarias para sanar o aliviar el dolor, y no siempre los enfermos o sus familiares tienen la posibilidad de pagar el valor impuesto por el contrabando.

De manera muy discreta les hice saber mi punto de vista al respecto, con la intención de tocar la fibra humana que toda persona tiene. La respuesta de ellas no se hizo esperar. Tras reconocer que su actividad no resulta nada agradable, agregaron inmediatamente que si en las farmacias estuvieran todos los medicamentos nadie les compraría. Además los cubanos carecen de estos necesarios productos, mientras que el gobierno los envía a otros países. Finalizaron su defensa lanzando una interrogante al aire: ¿Quién es más culpable de esta situación, nosotras o el gobierno?

Debo confesar que aunque su exposición no me convenció, no dejaban de tener un asomo de verdad en lo que decían. La gama de medicamentos que estas mujeres proponen es en su mayoría deficitaria en el mercado oficial. Aparecen en su listado el captopril, meprobamatos, carbamasepina y otros más sencillos, como las almohadillas sanitarias. Cada tableta es cobrada al valor de un peso cubano, lo que para muchos resulta sumamente caro.

La pregunta que se impone es cómo pueden ser adquiridos estos medicamentos deficitarios para su posterior venta ilícita. Es un cuestionamiento lógico que ellas nunca van a responder. Sin embargo, si se tiene en cuenta que estos productos son fabricados en el país y comercializados por empresas distribuidoras de Salud Pública, está bien localizado el origen del comercio.

A escasos metros de mi vivienda, en los bajos de un edificio multifamiliar, está ubicada la farmacia No 969 de la empresa de medicamentos No 3. Los vecinos del lugar han podido observar cómo en los días que se abastece de medicamentos al establecimiento la administradora del mismo sale con bolsos y mochilas bien abultadas, lo que les hace sospechar que el contenido sea parte de lo abastecido en la jornada. Si esto ocurre en ese lugar, quién no puede asegurar que no ocurra lo mismo en muchas otras.

El tema de la falta de medicinas es uno de los tantos problemas que cotidianamente aquejan a los pobladores de la Isla, un país que cuenta con un masificado sistema de salubridad, pero no exento de ineficiencias que se acentúan cada vez más. A pesar de que el gobierno transfirió la red de laboratorios perteneciente al ministerio de Salud Pública hacia la Industria Básica por considerar que ésta cuenta con mayores posibilidades financieras que garanticen la producción de medicamentos, aún lo producido es insuficiente para satisfacer la totalidad de la demanda nacional.

Dos cosas quedan bien definidas. Por un lado, la ineficiencia del Estado que no puede garantizar los niveles requeridos de medicamentos en los establecimientos de distribución, hospitales y otras dependencias; mientras que por otra parte brinda estos mismos servicios a extranjeros con una eficacia superior a la que reciben los nacionales, o se venden en dólares a precios mucho más altos que en el mercado negro. Hay que constatar también la irresponsabilidad de los administrativos de algunas farmacias, laboratorios y almacenes, quienes permiten el desvío de los medicamentos para la venta en el mercado negro haciendo un aporte a la corrupción que cada día aumenta en todos los niveles de la sociedad cubana.

Es cierto que para los enfermos crónicos se han establecido medidas que supuestamente les aseguren el medicamento que ellos deben consumir, habilitándose una tarjeta de control con ese fin. En mi caso, por ejemplo, recibo el salbutamol que se entrega a los asmáticos a través de un tarjetón. Esto no significa que pueda aparecer alguna dificultad en el camino, como me ocurre en estos días en que por no estar el médico en el consultorio al que pertenezco, no he podido renovar el certificado que me autoriza la compra mensual del medicamento. Dado que soy asmático y es mejor tener garantizado un repuesto terminé comprando un spray de salbutamol a veinte pesos moneda nacional. Y esto desgraciadamente es lo que ocurre en un panorama muy amplio de nuestra realidad, al terminar haciendo aquello que sabemos no es correcto o ético, pero donde la necesidad impone su criterio.

¿Quedó en libertad Martha Beatriz? 

Tania Díaz Castro, Presidenta de la Fundación Sájarov en Cuba

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org)- Siempre he estado convencida de que aquellos cubanos que son enviados a la cárcel por motivos políticos son prisioneros particulares del Dr. Fidel Castro. Es una historia tan vieja como el decursar de estos cuarenta y cinco años de castrismo. Hasta me imagino al máximo líder entre informes, mapas, y sobre todo, listas de nombres, tratando de desarmar el movimiento de oposición pacífica y de derechos humanos.

Recientemente concedió una licencia extrapenal a Martha Beatriz Roque, de 60 años, demostrado así todo lo que puede hacer con sólo mover un dedo, dar una orden verbal o escrita, o transmitiéndole el pensamiento a su más allegado.

Según el Tribunal Provincial, Martha Beatriz fue condenada a veinte años de cárcel por el supuesto delito de "realizar acciones dirigidas a subvertir el orden interno del Estado Cubano, provocar desestabilización y la pérdida de su independencia". ¿No sería que, como en el ajedrez, a quien más le teme el rey es a la dama?

Se dice que Martha fue liberada por enfermedad. Yo creo más bien que alguien sopló al oído del Comandante que en la historia de nuestro país jamás una mujer había sido condenada a prisión por causas políticas antes de 1959. Ni siquiera Haydée Santamaría y Melba Hernández, quienes colaboraron con un acto que yo califico de terrorista: el ataque al cuartel Moncada en 1953, liderado por el propio Castro. Un hecho sangriento, sorpresivo y que ocasionó un centenar de víctimas.

Comprendió al fin que su gobierno fue el único que se acreditó desde sus inicios el triste honor de haber convertido a Cuba en el único país del continente con mujeres condenadas por causas políticas.

La prisión de Martha Beatriz me tocó muy de cerca. Me tocó el alma, porque como ella, yo también, hace más de catorce años, no sólo iba a ser condenada a largos años de cárcel, sino que, además, el coronel Rodolfo Pichardo, de la Seguridad del Estado me amenazó con fusilamiento.

"¿Fusilamiento?" pregunté incrédula. "Entre tantos miles de hombres que ustedes han fusilado no hay una mujer".

"Tampoco había un 'Héroe de la Patria'", respondió con arrogancia, refiriéndose a Arnaldo Ochoa, ajusticiado meses antes.

Mis piernas temblaron. Lo confieso. Vi detrás de su máscara habitual una mirada asesina. En aquellos momentos sólo me preocupaba dejar abandonadas a mis dos pequeñas hijas, completamente solas en casa, y bajo la amenaza de un gobierno vengativo.

Hoy Martha goza de una libertad a medias, pese a su licencia extrapenal. Ella sabe, como lo sabemos todos, que nuestros nombres permanecen prisioneros en esas páginas que el Dr. Castro lee una y otra vez, tratando de encontrar una fórmula para hacernos desaparecer del mapa, como si fuera un juego de ajedrez tratando de dar jaque mate. Pero el final del juego aún no se ha dado. Por mucho que ha intervenido con su paso impetuoso e invicto, llevando consigo la fuerza de sus decenas de miles de peones policiales, los opositores pacíficos continuamos año tras año. No importa si en el exilio o en las calles cubanas. Se trata de una lucha larga, de relevo.

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