Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 


¿QUÉ SERÁ LO QUE QUIERE… FIDEL?

Jorge Hernández Fonseca

 

La incógnita asociada a la repentina y arrolladora reaparición del dictador cubano Fidel Castro en el panorama cubano en internacional, ha sido objeto de preocupación y conjeturas por una buena parte del exilio cubano. Como era de esperar, varios analistas políticos de reconocido prestigio han escrito al respecto intentando poner en claro las causas de su reaparición.

 

En primer lugar, es lógico que una personalidad como Fidel Castro --el cual sólo cedió la dirección del país aquejado por una enfermedad grave-- una vez restablecido, quiera retomar de nuevo el mando, toda vez que han cesado las causas por las que abandonó su trono.

 

El problema en este caso es la forma y el momento en que lo hace, coincidiendo con acontecimientos inéditos dentro del castrismo (la Iglesia Católica interlocutora de la sociedad civil cubana) y en una fecha próxima a la probable proclamación de los famosos “cambios” prometidos por su sucesor, sobre lo que --todos saben-- no hay consenso dentro del gobierno.

 

Hay sin embargo otro aspecto poco analizado en esta pantomima teatral: el ‘monotema’ forzado (y foráneo) --poco convincente-- que el anciano dictador nos ofrece como “plato fuerte”: la casi inevitable “guerra nuclear” que provocaría la ejecución de las sanciones a Irán y la participación de Corea del Norte como parte del conflicto, que según Castro, se universalizaría. El dictador cubano en su reaparición, no sólo no ha hablado sobre Cuba, sino que solo habla de la guerra.

 

El esquema propuesto por el dictador deja en manos de Obama la ocurrencia (o no) de una catástrofe nuclear. Ya vaticinó una fecha para el cataclismo (que nunca vino) y ahora se dirige a Obama para “convencerlo” de “no atacar”. Parece ridículo, pero detrás de esta cantaleta --desde mi personal punto de vista-- hay un objetivo calculado en medio de la senilidad evidenciada en sus apariciones: convencer a la opinión pública mundial de que, después de 4 años al borde de la muerte, se ha convertido en un “pacifista” merecedor del Premio Nóbel de la Paz.

 

Esta hipótesis parece corroborarse --a mi ver-- al haber forzado su participación voluntaria en el conflicto entre Venezuela y Colombia, donde vio otro filón aprovechable para ser catalogado de “pacifista”. Mandó a buscar a la ‘siempre fiel’ Piedad Córdoba y la convocó enseguida a una segunda reunión con la cúpula de su grupo de mediadores “por la paz” entre las guerrillas y el gobierno colombiano. Este nuevo rumbo fue frustrado por el presidente Santos, que desautorizó semejante “diplomacia paralela”, dejando al dictador cubano “guindado de la brocha”.

 

Así las cosas, además de otros objetivos en el plano nacional cubano asociado al gobierno de Raúl y el peligroso camino de reformas que se disponía a tomar (el problema es que el dictador mayor está muy claro respecto a que si Raúl hace las reformas que quiere, va de cabeza al derrumbe de la dictadura) Fidel Castro piensa en su desvarío, que a estas alturas y con las relaciones mundiales que cosechó durante los 50 años de desgobierno, podría ser propuesto al Premio Nóbel de la Paz (ya que se lo dieron a Obama ¿por qué a mi no?) y que se lo concedan.

 

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