Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 

Ante la muerte de Guillermo Cabrera Infante

¨El mundo para un Infante difunto¨

 

Carlos Franqui

 

En 1946, fui a vivir con la familia Cabrera Infante en el cuartucho del solar de Zulueta 408, magistralmente descrito por Guillermo, en ¨La Habana para un Infante Difunto¨, allí leí su primer cuento y advertí su talento de escritor, entonces le regalé para estimularlo, ¨Las Palmeras Salvajes¨ de Faulkner, traducida por Borges.

En 1948, creamos la revista ¨Nueva Generación¨ y en 1950, la sociedad ¨Nuestro Tiempo¨, de mayor impacto artístico y cultural.

En 1952, el cuartelazo de Batista derrocó la naciente democracia y cambió la vida de Cuba y las nuestras.

Yo me incorporé activamente a la lucha por la libertad, Guillermo a diferencia de otros escritores y poetas que pusieron pies en polvorosa, o nada hicieron contra la dictadura, y que todavía andan por allá muy bien pagaos, como servidores de la tiranía, colaboró con nosotros y fue el correo entre el Santiago de Cuba de Frank País y La Habana, cuando la carnicería batistiana después del fracaso al asalto del Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, el terror convirtió a la capital en la tierra de nadie, abrió las puertas de su casa como refugio de dirigentes del Directorio Revolucionario.

Al triunfo de la insurrección, Guillermo fue a trabajar conmigo y al crearse ¨Lunes¨, fue su director, fue tan breve como extraordinaria la vida de aquel magazine cultural, en cuyas páginas escribieron Goytisolo, Semprún, Valente, Ridruejos, Paz, Vargas Llosa, Fuentes, Cortázar, Camus, Sastre, Neruda, Picasso, Miró, Calvino, Moravia, alternando para furia de los dogmáticos, la Biblia con El Capital, a Marx con Bakunín, a Lenin con Trotski, a Vallejo con Lezama y Piñera, a Marat con Orwell, y cuanto valía por el mundo en aquellos años, exaltando lo culto y lo popular, la música, el cine y la poesía, a los viejos y nuevos valores.

Una revolución que nacía humanista, de ¨pan con libertad¨, ¨pan sin terror¨, ¨tan cubana y verde como las palmas¨, se volvió en 1961, por voluntad del líder máximo, en caudillista y comunista.

En junio de aquel año del sectarismo y el terror, ¨Lunes¨ fue cerrado, después de la discusión de la Biblioteca, pese a nuestra oposición y el apoyo de la mayoría de los escritores y artistas. En estos días, ¨Lunes¨ ha sido reivindicado semioficialmente, y considerado una de las mejores revistas literarias de América, no sin que los corifeos, en vez de condenar a su clausurador, nos acusen a Guillermo y a mí como los ¨culpables de su cierre¨.

Al designar a Guillermo como nuestro corresponsal en Varsovia, gracias a contactos con Wayda y otros, intervino Carlos Rafael Rodríguez, oponiéndose a que Guillermo fuera a la peligrosa patria del revisionismo divisionista, del que habían sido acusados ¨Revolución¨ y ¨Lunes¨, y decidieron enviarlo a Bélgica, con el embajador Gustavo Arcos, atacante del Cuartel Moncada, en desgracia y allí autoexilado, que mandado a buscar a Cuba en 1965, con el pretexto de un ascenso, fue enviado a prisión, y que posteriormente fuera uno de los fundadores del ¨Comité de Derechos Humanos¨ de la Isla.

Ese mismo año, al regresar Guillermo a Cuba, cuando la muerte de su madre Zoila Infante, la Seguridad impedía su salida, que demoró tiempo antes de ser autorizada.

La Cuba que vio entonces era ya una tiranía contra el pueblo oprimido y un desastre económico y político.

Guillermo rompió entonces con el castrismo en tiempos bien difíciles, enfrentando con su coraje y razón, la acción de una izquierda mundial que lo difamó con furia, siguiendo la voz del amo.

Su talento literario y la razón de su ruptura fueron más fuertes que la censura del castrismo y sus lacayos.

¨Tres Tristes Tigres¨ cambió la novelística de lengua española, causó admiración y asombro y obtuvo valiosos premios internacionales. ¨La Habana para un Infante Difunto¨ revivió la ciudad destruida y fue aplaudida y premiada en Europa.

Durante cuarenta años, Guillermo ha escrito innumerables libros, de temática tan diferente como la música, el cine, la ciudad -en que aparecen Torchiello y Venecia-, la historia, la literatura, el tabaco, la política y la denuncia de la tragedia cubana.

El director y actor Andy García está por terminar la filmación de ¨La Ciudad Perdida¨, con guión suyo, cuya realización, me contaba Guillermo, había visto recientemente y encontrado magnífica.

El cine ha sido una de sus pasiones creativas plasmada en libros, guiones y películas filmadas por Hollywood.

La palabra de Guillermo Cabrera Infante baila como un son y tiene el humor cubano, la gracia y la originalidad que la hacen universal. Hace poco, lo encontré en su casa de Londres, ciudad en la que ha vivido tantos años, Miriam Gómez, su abnegada compañera, se desvivía por atender su quebrantada salud, y al darnos el abrazo de despedida, tuve la triste sensación de que aquella sería la última vez que nos veríamos.

Guillermo ha sido durante cuarenta años uno de mi familia. La tristeza de su pérdida sólo la mitiga el saber que su obra, su ética y su cubanía, son y serán inmortales.

En el diálogo cervantino cuando su premio, dijo Guillermo: ¨Pronto se disolverá el autor, pero antes que desaparezca el maestro desaparecerá el aprendiz de Cervantes¨.

¨¿Qué es morir sino una forma de organizarse? ¿Lo dijo Cervantes? ¿O fue mi otro maestro, Martí, mártir?¨

 

De Tres Tristes Tigres

ADVERTENCIA

El libro está en cubano. Es decir, escrito en los diferentes dialectos del español que se hablan en Cuba y la escritura no es más que un intento de atrapar la voz humana al vuelo, como aquel que dice. Las distintas formas del cubano se funden o creo que se funden en un solo lenguaje literario. Sin embargo, predomina como un acento el habla de los habaneros, y en particular la jerga nocturna, que, como en todas las grandes ciudades, tiende a ser un idioma secreto.

La reconstrucción no fue fácil y algunas páginas se deben oír mejor que se leen, y no sería mala idea leerlas en voz alta. Finalmente, quiero hacer mío este reparo de Mark Twain:

¨Hago estas explicaciones por la simple razón de que sin ellas

muchos lectores supondrían que todos los personajes tratan de

hablar igual sin conseguirlo¨.

GCI

De una entrevista con Rita Guibert

R.G. La traducción de Tres Tristes Tigres debe de haber sido muy difícil?

G.C.I. Nunca se pueden traducir las voces, y mi libro partió del concepto de una literatura oral para llegar a la escritura, del habla y de la voz, en este caso la voz, el habla cubana informando la narración. En este libro la narración como se entiende tradicionalmente no era esencial, ni siquiera era importante. Parecía que se contaban una multitud de cuentos, cuando en realidad no había más que dos o tres historias básicas que se repetían una y otra vez, alteradas por las voces, y como lo único que se puede traducir son los textos, jamás las voces, esta traducción ha sido en extremo trabajosa. Pero siempre pensé que a pesar de su cercanía con el español, cuya complejidad gramatical comparte, como comparte idénticos orígenes parciales, siempre pensé que la traducción al francés sería la más difícil no de hacer, sino de lograr, y efectivamente fue así.

R.G. ¿Cómo explicas tú que tu libro, que ha sido escrito en cubano, como tú dices, haya tenido tanto éxito en España y América Latina?

G.C.I. Eso ha sido siempre mi asombro. Siempre pensé que el libro no sería entendido más que por un número muy reducido de personas que vivían en determinado lugar de La Habana, en una época dada y alrededor mío. Es decir, por mis amigos o mis enemigos más íntimos. Pero con el tiempo he tendido a explicarlo pensando que el humor y el erotismo, de los cuales el libro está colmado, han facilitado considerablemente la lectura, porque no han dorado, pero sí endulzado las diversas píldoras ajenas. Hay, además, una cierta conducta determinada por la noche y la ciudad, por la vida nocturna, que es común a la mayor parte de los hombres cuando tienen determinada edad y viven en una ciudad en este siglo, ya que trasnochar conlleva ese atractivo fascinante que siempre tiene el mal. Dije en el siglo XX y no dije bien, ni siquiera si hubiera dicho siglo XIX ó XVII ó XV. Podría haber llegado a eras precristianas en esa comunicación con el mal nocturno. Si por algo me identifico yo tanto con la literatura de la decadencia romana –me refiero concretamente a los libros de Petronio, de Catulo y de Sexto Propercio- es porque fueron los primeros escritores que celebraron la noche, la noche entendida no como naturaleza, sino como su opuesto: como tiempo de aventuras eróticas, de correrías, como decimos en español, esas noches de ronda, y de la relación posible entre ciertas mujeres que habitan ese secreto mundo nocturno y ciertos jóvenes que tienen el ocio suficiente para frecuentarlo. Esa noche es una noche común, creo yo, a todos los mortales que han tenido la dicha de vivir en una gran ciudad cuando jóvenes y han sentido la curiosidad de viajar al centro de la vida antinatural y de conocer a los habitantes de ese otro mundo que es para el hombre que trabaja y se acuesta temprano, o para el que vive en el campo, tan lejano y oculto como la otra cara de la luna.

R.G. Pero ustedes los caribeños se parecen todos mucho.

G.C.I. Si los colombianos de la costa, los venezolanos, los dominicanos, los puertorriqueños y los cubanos se parecen exteriormente es porque Cuba, desde hace cuatro siglos, ha dominado culturalmente el ámbito caribeño que quedó fuera de la órbita india y porque La Habana era una gran ciudad cuando Barranquilla, Caracas y San Juan no eran más que caseríos. La cultura siempre se ha hecho, en el Occidente de tradición grecolatina, en las ciudades. La única excepción urbana fue Santo Domingo, cuyas posibilidades metropolitanas quedaron aniquiladas por los cataclismos históricos que han azotado periódicamente esa desgraciada isla escindida varias veces a pesar de su pequeñez. Solamente el español, como lengua, se ha mostrado imperecedero en todos los cambios coloniales que ha sufrido América. No es extraño que nuestra novela, más que cualquier otro avatar anterior del género, se ordene a partir del lenguaje.

R.G. ¿Qué puedes comentar de los trabajos de Levi-Strauss?

G.C.I. Me parecen excelentes. Muy duraderos. Yo tengo dos desde hace varios años, y eso que los uso prácticamente casi todos los días.

R.G. ¿Dos? ¿Dos qué?

G.C.I. Pares de pantalones de levis, hechos por Levi-Strauss and Co., de San Francisco, California.

 

De Estructura y significaciones de Tres Tristes Tigres

Emir Rodríguez Monegal

 

Hacia el ¨roman comique¨

Desde muchos puntos de vista sería posible trazar líneas y establecer vínculos que

unieran Tres Tristes Tigres con la famosa novela de Cortázar. Las une, en primer lugar, el pertenecer ambas a la categoría retórica del roman comique, categoría que se encarga de explicitar precisamente Morelli, el ¨alter ego¨ teórico de Cortazar en Rayuela.

Es claro que este programa de Morelli lo cumple a la letra sólo Rayuela, pero en la dirección que se indica allí cabe perfectamente Tres Tristes Tigres, libro en que el humor y lo cómico son también elementos disolventes de la realidad; en que un texto, o subtexto, corre paralelamente al texto visible; en que el lector se vuelve necesariamente cómplice; en que predomina lo antinovelístico, aunque abunda lo novelesco; en que la ironía y la incongruencia son las notas más constantes. Como Rayuela, la novela de Cabrera Infante, desprecia el psicologismo y trata menos de justificar la acción de sus personajes por la congruencia de sus actitudes que por la descripción de sus actos o la transcripción de sus palabras. Finalmente, también en Tres Tristes Tigres predomina un sentimiento de nostalgia por una sociedad que se ve a la distancia y como si ya estuviera abolida. Si Cortázar escribe de un Buenos Aires, lejano en el tiempo y el espacio, desde su exilio voluntario de París, Cabrera Infante escribe de su Cuba anterior a la Revolución, con la nostalgia precipitada, angustiosa, del desterrado involuntario.

Las diferencias entre ambas obras no son menos notables. El método de la fragmentación narrativa, del collage o puzzle que las dos novelas practican, la nostalgia y el humor, son sus vínculos visibles; sin embargo, opuestas son sus actitudes frente al lenguaje, frente a la cultura, frente al mundo entero. Empecemos por el final. A pesar de que en muchos aspectos Rayuela está muy al día (su pasión por la música popular, su compromiso con la circunstancia política, que en la época en que transcurre la novela es la de la guerra de Argelia), el libro corresponde íntimamente a un mundo mental e intelectual algo anterior a los años cincuenta. Sus raíces están en el superrealismo francés, por un lado, y en la estética argentina de los años cuarenta. De ahí ese curioso aire pasatista que tiene tanto su visión de un París anterior a la llegada masiva de los capitales norteamericanos, como de un Buenos Aires coetáneo de Roberto Arlt, el Borges de los años cuarenta, y Adán Buenosayres (también de la misma década). En Cabrera Infante, en cambio, la mayor contemporaneidad de los personajes y la situación se manifiesta en todos sus detalles. Esta Habana del 1958 podrá haber sido obliterada por la Revolución, pero es una Habana de ayer, no de anteayer, como el París o el Buenos Aires de Rayuela. Es cierto que el relativo pasatismo del libro de Cortázar lo hace más inmune al desgaste de las modas y lo acerca más al modelo intemporal de lo clásico. El libro de Cabrera Infante parece, en cambio, mucho más vulnerable desde este punto de vista.

Esto se ve más claro aún en la actitud cultural que subyace ambos libros. En Rayuela, a pesar de la ironía y el autocuestionamiento incesante, hay una manía muy rioplantense de la cita prestigiosa, el nombre que viste, el té con el señor Malraux o la señora Woolf, del que tanto se ha usado y abusado. Ni Borges se salva, a veces, de esta pedantería, aunque la suele disimular detrás de laberínticas y proustianas demostraciones de humildad intelectual. En Rayuela, se manifiesta en un doble efecto: la cita brillante y la burla de la cita. Pero el doble efecto no borra ese esnobismo, sino que, de una manera paradójica, lo subraya. En Tres Tristes Tigres todo ocurre al revés. Hay una abundancia increíble de citas, se dejan caer los más prestigiosos nombres propios de la historia cultural de hoy, hasta se hacen frenéticas parodias literarias. Pero todo transcurre en una dimensión de chacota, de autoparodia que soslaya por completo la pedantería. No se piden excusas por citar sino que la cita da una vuelta completa, como un boomerang, sobre los citantes. En este sentido, el largo monólogo titulado ¨Bachata¨ es el mejor ejemplo de esa ironía vuelta sobre sí misma. Porque en pleno frenesí de citas (algunas erróneas, y por lo mismo, más cómicas), tanto Silvestre como Arsenio Cué ahuyentan y deprimen e insultan a las dos muchachas que han levantado en la calle y con las que en vez de acostarse lisa y llanamente practican una suerte de fusilería verbal que sustituye al encuentro carnal. Tanta palabra termina por parecer lo que Cabrera Infante quiere que parezca: pura masturbación. Pero no se agota aquí el doblez cómico del episodio. Estos dos bromistas delirantes que se echan por la cabeza una erudición que va de la música del siglo XVIII al Western de este siglo, hablan en vez de conquistar sexualmente a las muchachas, no sólo para sustituir el vacío de la acción con la pedantería de las citas. Lo hacen, más profundamente, para que ese dique de palabras, esos fuegos artificiales de las referencias eruditas, impidan que la conversación se oriente hacia el único tema que ellos pueden hablar esa noche: Laura Díaz. Hablan, citan, inventan para no hablar realmente de lo que les importa.

Hay más: en manos de los personajes de Rayuela, la cultura es un bien exquisito y refinado. Es la cultura francesa, la cultura digerida por los profesores, los poetas, los filósofos, la cultura de Borges. Aun la cultura popular (Barthes escribiendo ahora sobre la Garbo como antes lo podía hacer Breton) es una cultura popular que ha sido descodificada en la Sorbonne. Hasta lo pop se ha convertido en categoría fenomenológica o existencialista. En cambio, la cultura de los personajes de Cabera Infante es la auténtica cultura pop, la que se ha adquirido en los cines de barrio y junto al ordinario aparato de televisión comprado a plazos. Es la cultura musical de los juke-boxes, de los night-clubs, del canto en las calles y veredas. Es la cultura ¨filosófica¨ que ilumina las redacciones de periódicos latinoamericanos. La escuela no es la Sorbonne ni siquiera la Universidad de La Habana (aunque Cabrera Infante haya realizado estudios universitarios), sino la calle. Esto es decisivo y marca, además, algo que tiene mucha importancia para la actual cultura latinoamericana. Desde cierto punto de vista, Cabrera Infante (como Manuel Puig) derivan de una tradición cultural que es muy reciente en la América Latina y que se parece más a la tradición cultural de los escritores norteamericanos que a la de los franceses. En un entrevista que le hice en Londres, 1968, Cabrera Infante me dijo que había aprendido a escribir yendo al cine. La frase exagera sin duda una verdad profunda. Exagera porque parece omitir el hecho decisivo de que Cabrera Infante es no sólo un lector de libros sino un gran lector. Pero pone el acento en algo que no se ha subrayado bastante todavía: la importancia del cine como universidad, y no sólo el cine de los grandes realizadores literarios, los dramaturgos y novelistas de la pantalla, sino el cine totalmente comercial y comercializado, el más bajo producto industrial de Hollywood. Ese cine que aprovecha y abarata toda la alta cultura es (como la TV, como la publicidad) fuente de una cultura nueva y original. De ahí que la pedantería de los Tres Tristes Tigres esté amonestada por ese correctivo de humildad, de superchería consciente, de oropel aceptado como tal, que da la cultura (sin comillas) cinematográfica.

La misma actitud se evidencia en el tratamiento del lenguaje. No se podrá encarecer bastante la libertad de lenguaje de Cortázar en Rayuela. Es más: toda la novela es básica y fundamentalmente una creación de lenguaje. Su verdadero protagonista no es el hamletiano Oliveira sino el lenguaje. Dicho esto, aclaremos que se trata de un lenguaje totalmente inventado en un laboratorio de literatura. Es una escritura, en el sentido en que define esta palabra Barthes. Como el lenguaje de Raymond Queneau en tanto libro brillante y sobre todo en Zazie dans le métro, el lenguaje de Rayuela es el lenguaje de Arlt, más el de Borges, más el de Onetti, más el de Marechal, más (naturalmente) el lenguaje de ese mago de la escritura que es Julio Cortázar. En Tres Tristes Tigres se procura realizar una hazaña no menos imposible: recrear un lenguaje que existe y que no es la escritura del autor sino el lenguaje de una determinada zona de la sociedad cubana en una época determinada. Es cierto que los tres tristes tigres se la pasan intercambiando chistes, citándose y volviéndose a citar, repitiendo sus mejores hallazgos, hasta crear entre todos una suerte de koiné o lingua franca que es el habla del grupo, la jerga nocturna a que hace alusión Cabrera Infante en la Advertencia preliminar. Como también es cierto que esa jerga se parece mucho a la del propio autor cuando escribe en su nombre propio. Pero no hay que confundir a esa jerga con la lengua total de Tres Tristes Tigres.

Precisamente, se debe realizar aquí una distinción muy importante entre Rayuela y la novela de Cabrera Infante. En tanto que aquélla está escrita desde distintas distancias lingüísticas (unas veces el autor narra directamente, como observador ubicuo y todopoderoso, otras veces cuenta Oliveira o anota Morelli o se transcriben sin comentarios citas ajenas), todo Tres Tristes Tigres está hablada o escrita por sus personajes. Los únicos textos del autor son la Advertencia y una breve nota periodística que se inserta con iniciales en la sección ¨Bachata¨. Esta distinción podrá parecer secundaria, pero es de capital importancia para entender la diferencia fundamental entre una novela como Rayuela, que es, básicamente, un collage de textos escritos, y una novela como Tres Tristes Tigres, que es un collage de textos hablados; incluso cuando escriben, sus personajes tienden a reproducir un lenguaje hablado. Lo inverso es igualmente cierto en el caso de Rayuela, en que los personajes hasta cuando hablan tienden a redactar sus frases. Para sintetizar este paralelo: Rayuela es un libro para el ojo en tanto que Tres Tristes Tigres es un libro para el oído. Barthes diría que Cortazar inventa una escritura (como Borges) en tanto que Cabrera Infanta un habla.

La base de esta novela es, pues, el ritmo de la frase hablada. No es casual que haya un capítulo, el que se titula ¨Senseribó¨ y que es un monólogo de Eribó, el baterista, el bongosero que explora en su propio texto las posibilidades de un ritmo habanero de la frase. Ofrezco dos ejemplos. En el primero, Eribó está tocando en el night-club y ve cómo Vivian Smith-Corona se le escapa de las manos:

Seguía tocando y tocando vi a Arsenio Cué llamar al camarero y pedir la cuenta tocando y tocando despertar a Silvestre y vi al prieto escritor levantarse y empezar a salir con Vivian y Sibila cogidas de los brazos y tocando Cué estaba pagando él sólo bastante y tocando regresó el camarero y Cué le dio una propina tocando que pareció buena por la cara del camarero satisfecha tocando y lo vi irse a él también y reunirse todos en la puerta y el botones abrir las cortinas y tocando salieron por la sala de juego roja y verde y bien alumbrada y la cortina cayó sobre, detrás de ellos tocando. No me dijeron ni hasta luego. Pero no me importó porque estaba tocando y seguí tocando y todavía iba a seguir tocando un buen rato.

El otro pasaje del monólogo de Eribó no es menos iluminador:

Allí estaba ahora pensando que tocar el bongó o la tumba o la paila (o la batería, los timbales, como decía Cué señalando que era culto y a la vez brillante, sexual, popularmente ingenioso) era estar solo, pero no estar solo, como volar, digo yo, que no he viajado en avión más que a la Isla de Pinos, como pasajero, como volar, digo como piloto, en un avión viendo el paisaje aplastado, en una sola dimensión abajo, pero sabiendo que las dimensiones lo envuelven a uno y que el aparato, el avión, los tambores, son la relación, lo que permite volar bajo y ver las casas y la gente o volar alto y ver las nubes y estar entre el cielo y la tierra, suspendido, sin dimensión, pero en todas las dimensiones y yo allí, picando, repicando, tumbando, haciendo contracanto, llevando con el pie el compás, midiendo mentalmente el ritmo, vigilando esa clave interior que todavía suena, que suena a madera musical aunque ya no está en la orquesta, contando el silencio, mi silencio mientras oigo el sonido de la orquesta haciendo piruetas, clavados, rizos con el tambor de la izquierda, luego con el de la derecha, con los dos, imitando un accidente, una picada, engañando al del cencerro o al trompeta o al bajo, atravesándome sin decir que es un contratiempo, haciendo como que me atravieso, regresando al tiempo, cuadrado, enderezando el aparato y por último aterrizando jugando con la música tocando sacando música de aquel cuero de chivo doble clavado a un dado a un cubo de madera chivo inmortalizado su berrido hecho música entre las piernas como los testículos de la música yendo con la orquesta estando con ella y sin embargo, tan fuera de la soledad y de la compañía y del mundo: en la música. Volando.

 

De ¨Vista del Amanecer en el Trópico¨

LAS ISLAS SURGIERON DEL OCEANO, primero como islotes aislados, luego los cayos de hicieron montañas y las aguas bajas, valles. Más tarde, las islas se reunieron para formar una gran isla que pronto se hizo verde donde no era dorada o rojiza. Siguieron surgiendo al lado las islitas, ahora hechas cayos y la isla se convirtió en un archipiélago: una isla larga junto a una gran isla redonda rodeada de miles de islitas, islotes y hasta otras islas. Pero como la isla larga tenía una forma definida dominaba el conjunto y nadie ha visto el archipiélago, prefiriendo llamar a la isla isla y olvidarse de los miles de cayos, islotes, isletas que bordean la isla grande como coágulos de una larga herida verde.

Ahí está la isla, todavía surgiendo de entre el océano y el golfo: ahí está.

…la historia comienza con la llegada de los primeros

hombres blancos, cuyos hechos registra.

Fernando Portuondo

 

Y AHI ESTARA. Como dijo alguien, esa triste, infeliz y larga isla estará ahí después del último indio y después del último español y después del último africano y después del último americano y después del último de los cubanos, sobreviviendo a todos los naufragios y eternamente bañada por la corriente del golfo: bella y verde, imperecedera, eterna.

GCI

UN ESCRITOR PARA LA LIBERTAD

(Fragmentos de Algunas Críticas)

GUILLERMO CABRERA INFANTE

EN ROMA Y MADRID

Excepcional honor al talento del novelista y a su ética de escritor de la libertad. A finales del año pasado, el Instituto de Cooperación Ibero-Americana, dedicó su semana de autor a GCI. Escritores y críticos de Europa y América discurrieron sobre el valor literario y humano de su obra y su vida, en los salones de la ¨Casa de América¨ de Madrid.

Antes, GCI había recibido el premio Roma de novela, que el embajador de Cuba en Italia, intentó anular, suscitando la airada protesta del mundo intelectual.

La editorial madrileña Alfaguara acaba de publicar la última obra de GCI. Su título ¨Delito por Bailar el Chachachá¨, que es el título del cuento, que con permiso del autor, ¨Carta de Cuba¨ reproduce en este número y el próximo.

José Donoso, novelista, Santiago de Chile (fallecido recientemente):

¨Guillermo Cabrera Infante es uno de los novelistas más importantes de los pocos que quedamos vivos. ´La Habana para un Infante Difunto´, es una estupenda novela de la nostalgia. Es de los escritores que más me interesan por su calidad literaria y sabiduría. Creo que su validez es total, no es relativa, es absoluta. Es un mago. Su obra se mantiene, digan lo que digan y diga quien lo diga¨.

Mario Vargas Llosa, novelista, Londres:

¨Absurda intolerancia negar que Cabrera Infante es uno de los grandes escritores contemporáneos, que tiene un inmenso prestigio en Europa, tanto desde la perspectiva de quienes son adversarios, como de quienes son amigos de la revolución cubana¨.

Jorge Edwards, escritor, París:

¨Admiro muchísimo, y desde hace muchos años, no sólo a Cabrera Infante como escritor, específicamente al libro premiado ¨La Habana para un Infante Difunto¨, un libro de la memoria de un escritor que reconstruye una ciudad, que ya desapareció en el tiempo y en el espacio, porque la ciudad de ahora no tiene nada que ver con esa ciudad evocada en esa novela tan bonita. Es una novela de nostalgia, de reconstrucción por la memoria, de lenguaje, en que toda la gracia cubana aparece¨.

Juan Goytisolo, novelista, París:

¨La Habana para un Infante Difunto¨, que ha recibido el premio, al igual que ¨Tres Tristes Tigres¨, son dos novelas extraordinarias y que merecen estos premios y muchos más¨.

Juan Cruz, escritor, director de ¨Alfaguara¨ Madrid:

Yo conocí a GCI por ¨Tres Tristes Tigres¨, y ese libro influyó muchísimo en mí personalmente y también en la mayor parte de mis amigos escritores y en un gran número de lectores, que siguen acudiendo a TTT, como al sujeto de su imaginación.

GCI tiene la virtud de hacer escribir, la suya no es una literatura seca, todo lo contrario, es una literatura húmeda, llena de incitaciones personales a la escritura, no a la escritura tal como él la hace, a la escritura tal como la hacemos nosotros. Es un escritor de la libertad, un escritor para la libertad.

Fernando Arrabal, dramaturgo, París:

¨Es un gran escritor, un gran estilista, escribe muy bien, es el hombre que mejor escribe en español en América, no hay nadie que escriba como él con esa claridad y esa chispa y ese genio y es un hombre libre.

Todo lo que ha escrito es grande. ¨La Habana para un Infante Difunto¨ es una gran obra¨.

 

 

PALABRAS DE LA MINISTRA DE CULTURA DE ESPAÑA

Doña ESPERANZA AGUIRRE

en la entrega del PREMIO CERVANTES a

GUILLERMO CABRERA INFANTE

 

CABRERA INFANTE

PREMIO CERVANTES 1998

Por la belleza y originalidad de su obra novelística, una de las más importantes de la literatura contemporánea, por el rigor moral que la libertad de la patria exige, a uno de sus grandes escritores, el Premio Cervantes 1998, el más prestigioso de la lengua española, otorgado a Guillermo Cabrera Infante, reconoce su valor literario y anula definitivamente a los corifeos castristas, que desde la isla y fuera de ella, quisieron cancelarlo inútilmente de la literatura universal.

Alcalá de Henares, 23 de abril de 1998

 

¨En su juventud, Miguel de Cervantes quiso marchar a América. No pudo. No le dejaron. Estoy segura de que el Manco glorioso estará disfrutando desde el otro lado del espejo viendo como su aventajado discípulo de Gibara (Oriente, Cuba) toma el testigo de su talento y construye una obra narrativa que nos llena de admiración.

Don Quijote, en la segunda parte de su historia, cuando su relación con Sancho Panza ya se ha convertido en una profunda amistad, le dirigió estas palabras tantas veces citadas, en las que se cifran el mejor pensamiento cervantino:

¨La libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; …por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres¨.

Hoy premiamos con el nombre de Cervantes a un escritor al que su radical compromiso con la libertad, imprescindible para cualquier creación del pensamiento humano, le ha obligado al exilio, a la lejanía de los paisajes y las gentes que le pertenecen y a los que él también pertenece.

En este solemne acto hemos querido recordar la circunstancia dolorosa a la que su amor a la libertad ha llevado a nuestro homenajeado, Guillermo Cabrera Infante. Sólo nos queda desear que la libertad que nos ofrece esa patria común que es nuestra lengua, sea una realidad para todos los que la hablamos¨. (Fragmentos).

 

De Mea Cuba

 

NAUFRAGIO CON UN AMANECER AL FONDO

 

Mea Cuba surgió de la necesidad de darle coherencia (o, si se quiere, cohesión) a mis escritos políticos. O a la escritura de mi pensamiento político –si es que existe. En el libro está mucho de lo dicho por mí hasta ahora acerca de mi país y de la política que le ha sido impuesta con crueldad nunca merecida.

¿Qué hace un hombre como yo en un libro como éste? Nadie me considera un escritor político ni yo me considero un político. Pero ocurre que hay ocasiones en que la política se convierte intensamente en una actividad ética. O al menos en motivo de una visión ética del mundo, motor moral.

Mis padres –mis amigos lo saben de sobra- fueron fundadores del Partido Comunista cubano. Crecí con los mitos y las duras realidades de los años treinta y. sobre todo, de los años cuarenta y entre las contradicciones no del capitalismo sino del comunismo. Algunas muestras de un libro de los ejemplos: Stalin que colgaba junto a un Cristo en la sala de mi casa (cuando tuvimos sala, las más veces era un cuarto solo para toda la familia: la famosa escena del camarote abarrotado de Groucho Marx en Una Noche en la Opera fueron mil y una noches en mi casa, gracias al otro Marx, Batista despreciado por tirano, mis padres presos por Batista, Batista elegido con ayuda del Partido Comunista y la colaboración entusiasta de mis padres, sobre todo de mi madre, pacto Hitler-Stalin, entonces: ¨Cuba fuera de la guerra imperialista¨, Hitler invade Rusia soviética, luego: ¨Todos a apoyar a la URSS en su lucha contra la Bestia Nazi¨. Eran lemas y temas contradictorios para cualquiera que no fuera comunista. O para el que vivía, como yo, en un hogar comunista con un padre responsable de propaganda del partido.

Alguna gente pensará que mi título es irreverente. Son los reverentes de siempre. No creo hacer una revelación inesperada si digo que el título viene de Cuba y Mea culpa. Cuba es, por supuesto, mea maxima culpa. Pero, ¿qué culpa? Primero que nada, la culpa de haber escrito los ensayos de mi libro, de haberlos hecho públicos como artículos y, finalmente, de haberlos recogido ahora. No hay escritura inocente, ya lo sé. Mea Cuba puede querer decir ¨Mi Cuba¨, pero también sugiere la culpa de Cuba. La palabra clave, claro, es culpa. No es un sentimiento ajeno al exilado. La culpa es mucha y es ducha: por haber dejado mi tierra para ser un desterrado y, al mismo tiempo, dejado atrás a los que iban en la misma nave, que yo ayudé a echar al mar, sin saber que era al mal.

La metáfora del barco que naufraga y un Lord Jim cubano que se salva se completa no con la frase favorita de Fidel Castro (¡¨Las ratas abandonan el barco que se hunde!¨, gritó en un discurso con esa obsesión zoológica suya de llamar a sus enemigos, aun los que huyen, sobre todo los que huyen, con nombre de alimañas: ratas, gusanos, cucarachas) sino con el hundimiento del Titanic: la nave que no se podía hundir destinada precisamente a hundirse. Un solo miembro de la tripulación logró escapar con vida, el teniente Lightoller. Interrogado por un severo juez inglés (todos los jueces ingleses son severos) por qué había abandonado su barco, Lightoller respondió sin sorna: ¨Yo no abandoné el barco. Mi barco me abandonó a mí¨.

Muchos exilados cubanos pueden decir que nunca abandonaron a Cuba: Cuba los abandonó a ellos. Abandonó de paso a los mejores. Uno fue el comandante Alberto Mora, suicidado. Otro es el comandante Plinio Prieto, fusilado. Todavía otro, el general Ochoa, chivo expiatorio. Pero si algo colma la medida del abandono y el desamparo es el exilio. Uno siente de veras que es un náufrago (¨sálvese el que pueda¨) y nada puede parecerse más a un barco que una isla. Cuba, además, aparece en los mapas arrastrada por la corriente del Golfo, nunca anclada en el mar Caribe, y dejada a un lado por el Atlántico europeo. Decididamente es un barco a la deriva. En la furia del discurso, Fidel Castro fue incapaz de controlar la metáfora del barco que se hunde y las ratas desafectas, y tuvo que añadir apresurado, casi en desespero: ¨Pero este barco nunca se hundirá¨. Ese antepasado suyo, Adolfo Hitler, repitió antes esas mismas palabras en 1944: ¨Alemania jamás se hundirá¨. (La ausencia de exclamaciones es culpa del desgaste del poder). Los sobrevivientes del naufragio saben más y mejor: de Alemania, de Cuba.

Mis amigos lo han pedido, mis enemigos me han forzado a hacer un libro de esos obsesivos artículos y ensayos que han aparecido en la Prensa (decir mundial sería pretencioso, decir española sería escaso) a lo largo de veinticinco años y casi treinta de exilio. Ellos provocan y repelen una nostalgia que cabe en una sola frase: ¨¡Lejana Cuba, qué horrible has de estar!¨ La eyaculación mezcla a dos exilados ilustres de hace cien años, él cubano siempre, ella hecha española: la Avellaneda y Cirilo Villaverde, con el sentimentalismo de un tango. Después de todo, el tango nació, como yo, en Cuba.