A pocos días, semanas o meses de que Fidel "estire
la pata", ya comienza a rumorarse, de boca en boca, a través de "radio
bemba", que al octogenario máximo líder lo van a sepultar en un
obelisco en medio del Pico Turquino, en la cúspide de la Sierra
Maestra, muy cerca de La Comandancia de La Plata, donde se agazapó
después de desembarcar en el yate Granma, en diciembre de 1956. Es una
costumbre de los comunistas mantener "viva" la imagen de sus líderes,
como para que después de pasar al mas allá , el culto a la
personalidad sea utilizado en favor de la causa. Tales han sido los
casos de Lenin, Ho Chi Mihn o Mao, por mencionar quizás los mas
ilustres. Recuerdo un agosto de 1980,bajo una llovizna intensa, cuando
con un grupo de periodistas, hicimos una larga cola para entrar en el
Mausoleum del Kremlin, en la Plaza Roja de Moscú, donde se exhibía la
mortaja, el cuerpo tieso y descolorido de Lenin. Confieso que me
impresionó la calvicie, el corbatín y las manos descansadas sobre el
pecho de un hombre que impuso a los rusos la "dictadura del
proletariado", y que murió de las heridas que le produjo un bombazo
mientras metía un discurso contra los blancos mencheviques. A casi
ochenta años de ser mostrado patitieso y embalsamado, los rusos no
saben que hacer con él. Los mas pragmáticos se inclinan en sacarle el
kilo, es decir, mantenerlo en el santuario para que los turistas dejen
ganancias, como quien va a un museo a ver las guitarras de Elvis
Presley o lo que queda de un faraón egipcio. Para los cubanos de la
isla les debe dar igual que entierren al Caballo en el Pico Turquino,
en su natal Birán o en el mismísimo Cementerio de Colón de La Habana.
Para los cubanos que deambulan por el mundo, que habitan en "la
diáspora", como diría Carlos Alberto Montaner, el obelisco, mausoleum
o panteón donde sepulten al dictador caribeño, será un lugar fácil
para practicar el tiro al blanco.