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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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Martí, personalmente Raúl Rivero García ( actualmente en prisión por escribir artículos como este) Hace un tiempo acompañaba a un joven y desprevenido amigo español en un recorrido por la Habana y de repente, ante la profusión de pancartas, consignas, calles, escuelas y monumentos relacionados con José Martí, el invitado me dijo con indignación y asco: ¿quién es ese tío, otro de esos amigos de Castro y su gobierno? Desinformación y torpeza aparte, los viajeros, casi siempre en la superficie de los asuntos graves de los pueblos, suelen tener una idea muy distante acerca de la presencia de José Martí en la vida cubana de Hoy. Pero el uso obsesivo de la figura y el nombre del Apóstol de la independencia de Cuba es, a mi modo de ver, un signo de la quincallería política que agobia a los habitantes de este país, porque el pensador caudaloso y profundo, el hombre bueno y acorralado en el debate de su privacidad y su amor a la patria, el poeta sensible y técnico y torrencial es un gran ausente, aquí y ahora. Es por eso que en este nuevo aniversario de su muerte Cuba tiene un empeño, un afán, que es más que una curiosidad histórica y un derecho pleno, una necesidad para encontrar el rumbo definitivo del país y poner un poco de luz en su futuro. Los cubanos quieren hoy conocerlo pero conocerlo bién, en toda la magnitud de su mundo de ideas al hombre de Dos Ríos. Y es que las última promociones de ciudadanos de esta isla han tenido una visión parcial, sombreada, deficitaria, de la personalidad de este cubano sensible y complejísimo que está cumpliendo 101 años de muerto. Varias generaciones de estudiantes, a partir del 1959, lo conocieron como el autor intelectual del ataque al Cuartel Moncada que dirigió en julio del 53 el Dr. Fidel Castro Ruz; con esa credencial y una cuidadosa selección de sus ideas, una torpe difusión de su obra poética y una manipulación del trabajo intelectual de profesores del marxismo tropical, la imagen del apóstol, su noción humanista e integradora del Universo, parece siempre distorsionada y confusa. Allí está ese Martí amputado, siempre un poco denso, imponiendo líneas de conducta, vacío y distante en sus estatuas y en sus miles de bustos de yeso en el mapa de una república que lo declama vivo y luminoso en el ardor de su palabra y su pensamiento. Cuba lo quiere ahora en su ámbito de hombre atribulado y peleador, amargo y enérgico, acosado por las tragedias del ser humano común y desbordante de espiritualidad. Aquí queremos sus citas disimuladas:"la vida humana sería una invención repugnante y bárbara si estuviera limitada a la vida de la tierra"; queremos su prédica de amor y comprensión, también ahogada en tinta burocrática: "Jesús no murió en Palestina, sino que está vivo en cada hombre" . Cuba exige hoy a todo José Martí. Al que organizó, sí, la guerra necesaria y después escribió: "en los pueblos, sólo edifican los que perdonan y aman, que siempre esté abierta la puerta de par en par para todos los que yerran, y sólo fortifica la clemencia". Los cubanos, inmersos en estos tiempos en la batalla cotidiana por la supervivencia, esos grandes sectores del pueblo que salen cada día a la calle a enfrentar la aridez material que padece la patria, están urgidos de un acercamiento hondo, directo, personal, con el hombre de la Edad de Oro. Cuba está buscando a Martí, a todo Martí y él está en Cuba, en toda Cuba. Va a ser un día de fiesta para América ese reencuentro. Los Periodistas Cubanos Independientes
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