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La Fuerza Armada de Cuba: Pieza clave del Totalitarismo
Pedro Corzo
Es indudable que el objetivo de la Fuerza Armada de cualquier país es servir a
la Nación y no a los gobernantes de turno. Quiérase o no, el cuerpo armado es
uno de los factores más importante en cualquier sociedad. Es, o por lo menos así
lo ven numerosas personas, depositario de muchos de los valores sobre los cuales
se constituye una nación.
Las Fuerzas Armadas de América Latina, para no incursionar en otras áreas, son
supuestas herederas de aquellas que construyeron la independencia. El embrión de
una fuerza armada nacional lo integraron muchos de los ciudadanos más concientes
de que la comunidad demandaba cambios, que requería un nuevo proyecto sustentado
en fundamentos diferentes.
Por supuesto que la Fuerza Armada en una sociedad plural y cívica no tiene la
relevancia que en otra militarizada, ya sea por un régimen autoritario o
totalitario. En una sociedad de derecho se siente respeto al cuerpo armado por
lo que representa y no por el daño o los perjuicios que puede causarnos. Cuando
la soberanía del municipio prima sobre la del cuartelillo del pueblo, los
ciudadanos pueden dormir tranquilos.
Lamentablemente si miramos retrospectivamente América Latina estos periodos han
sido breves, aunque es justo reconocer que en los últimos tiempos se han
producido cambios. Cambios frágiles en algunos casos tal y como apreciamos en
Venezuela, que después de cuarenta años de democracia los Generales y su
Comandante marcan el rumbo del país. La Fuerza Armada de Cuba no es una
excepción a lo que podemos apreciar ha ocurrido con los cuerpos armados de la
mayoría de los países del hemisferio. Los militares han servido
proporcionalmente más a su Caudillo que a la Republica. Los intereses de clase
se han sobrepuesto a los de los ciudadanos. Los cuarteles en numerosas ocasiones
salieron a las calles para imponer su voluntad y aunque en la actualidad la
situación parece haber cambiado todavía están frescas en la memoria las "juntas
militares de salvación nacional" y la política represiva de la seguridad
nacional, tan querida a los esbirros que degradan los uniformes.
Una de la Fuerza Armada del hemisferio que con más sectarismo ha actuado es la
cubana, aunque es justo decir que eso no ocurrió a partir de Fidel Castro. Los
cuerpos armados de la primera Republica desaparecieron con el golpe militar del
4 de Septiembre de 1933, protagonizado entre otros por el sargento Fulgencio
Batista y Zaldivar. Después de ese acontecimiento la estructura militar cambio,
y hasta la oficialidad que en gran medida había estado dirigiendo el estamento
armado desde el establecimiento de la Republica fue violentamente sustituida por
nuevos oficiales, mas comprometidos con el Caudillo que con el país. Siempre
hubo excepciones como los militares que integraron la llamada Conspiración de
los Puros[1].
La Fuerza Armada de Cuba según todo parece indicar no ha evolucionado como
parece que ha ocurrido con la mayor parte de las del continente. Continúan
siendo un instrumento de la política, una fuerza de centuriones que se conducen
como dicta su pretor.
Cuando Fidel Castro asumió el control de la republica no solo hizo desaparecer
la sociedad civil sino que con toda la fuerza que le otorgaba la Revolución
triunfante liquido el cuerpo armado que se le había enfrentado, incluyendo los
militares que se habían opuesto al régimen de Fulgencio Batista que no estaban
identificados con el “Fidelismo”.
Castro construyo un ejército a su imagen y semejanza.Su virtuosismo en el uso de
las herramientas del poder le posibilito crear un cuerpo armado identificado con
una circunstancia de la historia de Cuba, la Revolución de 1959 y con una deidad
política-militar: el Comandante en Jefe. No se puede olvidar que por años la
Fuerza Armada Cubana incluía en sus compromisos la fidelidad a la Unión
Soviética, una variante de lo que apuntaba la Constitución de 1976.
El dictador al refundar el Cuerpo Armado por tercera vez en la historia
republicana estableció las bases para que el organismo respondiese sin reservas
a su mandato. No importaban las contradicciones estratégicas o de cualquier tipo
en las que podía incurrir la jefatura política, había que obedecer al Pretor
aunque se destruyese la Republica.
No habían desaparecido los ecos de aquel discurso de “Armas para Que” y ya las
fuerzas armadas de la isla se habían convertido en las mas poderosas y numerosas
de América Latina, y una de las primeras del mundo. Las legiones del imperio
castrista operaron en África, América Latina y Asia. Combatieron entre otros
países en Argelia, Congo, Bolivia, Venezuela, Siria, Uganda, Etiopia y como si
fuera poco Cuba desplazo proporcionalmente mas soldados en la guerra de Angola
que los Estados Unidos en Viet Nam o la Unión Soviética en Afganistán.
Los entorchados cubanos conocieron glorias sin precedentes y que no se repetirán
en un futuro previsible. Los oficiales cubanos son responsables de numerosas
muertes en las guerras mercenarias que condujeron, y culpables de haber
comandado unidades militares que actuaban como policía en los países ocupados.
Muchos simples soldados llegaron a generales por su lealtad y no por su talento.
Otros como el ejecutado general Arnaldo Ochoa[2], según algunos analistas
militares, tenían talento para regalar.
Sin dudas la Fuerza Armada Cubana es la perla de la corona del totalitarismo
insular. El cuerpo armado que fundo Castro en 1959 es la columna vertebral del
régimen. Esto se demostró cuando el proceso “Ochoa”[3] que la fuerza armada,
particularmente los mandos del Ejército, sustituyeron a los militares
supuestamente mas politizados del ministerio del Interior.
Los militares contaron con la mayor parte de los subsidios que provenían del
bloque soviético. Disfrutaban y disfrutan de privilegios que ignora la mayoría
de la población. El affaire Ochoa-La Guardia es la punta del iceberg de lo que
los militares podían hacer con y si la autorización del Pretor y permite
imaginar que están haciendo en el presente cuando están al frente de muchas de
las mas importantes empresas económicas del país.
Factores claves de la economía nacional como el turismo, la
exportación-importación, tabaco, tecnología, industria azucarera,
comunicaciones, bienes y raíces son un pequeño muestrario que las empresas mas
importantes del país están manejadas por militares, o bajo la dirección absoluta
de la fuerza armada.[4] Estos militares en activo o en condición de retiro
manejan cientos de millones de dólares y usufructúan los privilegios que de esas
riquezas derivan.
Los generales y coroneles cubanos saben lo que es el poder y lo disfrutan. Han
mandado, y es muy difícil que se acostumbren a obedecer. Su bandera no es la de
una republica democrática sino la que disponga el caudillo. La formación de la
oficialidad cubana no es marxista, es de tribu, de clanes, y por eso los
estudiosos de la fuerza armada de la isla distinguen entre los que responden a
Raúl Castro o a su hermano mayor.
Son diferentes a los cuerpos armados de las desaparecidas republicas del este.
Aquellos se formaron en el marco de una institucionalidad no democrática pero
sujeta a cierta clase de reglas. Después de José Stalin, los espasmos del
Kremlin llegaban muy atenuados al Ministerio de Defensa y obviando ciertas
peripecias no respaldaron con todo su poder el Golpe de Estado contra Mijail
Gorvachov en 1991. También es justo y prudente agregar que los militares rusos
no se habían transformado en empresarios y políticos como ha sucedido en la isla
del doctor Castro.
El Buró Político del Partido Comunista de Cuba, formado por 21 miembros, cuenta
en su seno con siete generales: Raúl Castro, General de Ejercito, Leopoldo
Cintras Frías, Ramón Espinosa Martín, José Quintas Solas, Abelardo Colome
Ibarra, Julio Casas Regueiro, Generales de Cuerpo de Ejercito, Ulises Rosales
del Toro, General de División, el Comandante de la Revolución Juan Almeida
Bosque y otros oficiales a los que en la democracia se califican en condición de
retiro, situación que en honor a la verdad no exite en Cuba.
Después de este recuento no es difícil creer que la Fuerza Armada de Cuba ha
sido un eficiente instrumento del régimen de los hermanos Castro y de todo lo
que ambos han significado para la isla. Fue en los ya lejanos 60 y 70 cuando
oficiales del Ejercito Rebelde se alzaron en armas con hombres y pertrechos, o
conspiraron para caer ante el paredón que dirigían sus propios compañeros.
No faltan quienes afirman que la Fuerza Armada no participo en los conflictos
internos, que no derramo sangre de los que se opusieron al régimen. Parece que
olvidan que los cuerpos de seguridad del estado, que el aparato represor, se
formo en principio con militares, después se generarian las diferencias y
conflictos, pero no esta de mas repetirlo, cuando el Proceso Ochoa-La Guardia
fue el Ejercito el que absorvio al Minint no a la inversa. Otro detalle, fueron
los hoy generales, muchos de ellos del circulo mas próximo a Raúl Castro, los
que comandaron a las
fuerzas cubanas en las guerras castristas.
Algunos tienen fe en el pragmatismo de los militares cubanos, y en eso tal vez
tengan razón ya que mencionar el patriotismo seria el colmo de la ingenuidad. No
hay que ser un historiador para saber los cuerpos armados han estado de espalda
a los mejores intereses de la nación por mas de 47 años. Ellos junto al
Ministerio del Interior hicieron el trabajo que les correspondía.
Por supuesto que se puede tener fe. Siempre hay hombres capaces de exorcisar a
sus demonio mas mezquinos. Hay que creer en el arrepentimiento, en la voluntad
de rectificar las acciones pasadas sin tener en cuenta los costes del presente.
Quizas, algún entorchado haya leido lo que fue inspiración para muchos que
murieron ante el paredón de fusilamiento, “Cuando no sepas cual es el camino del
deber, escoge el mas difícil”.
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[1] 1956. Militares comandados por el coronel Ramón Barquín, que conspiraban
contra el gobierno de Batista. Fueron arrestados y enviados a la prisión de Isla
de Pinos donde compartieron con los miembros del Movimiento 26 de Julio.
[2] Arnaldo Ochoa. Héroe de la Republica de Cuba. General de División. Sirvió al
expansionismo castrista en numerosos frentes en África y América Latina. Fue
procesado por traición y ejecutado en 1989.
[3] Arnaldo Ochoa fue juzgado también por un Tribunal de Honor integrado por
generales de la Fuerza Armada de Cuba. Cuarenta y cinco generales, la mayoría
compañeros de Ochoa, algunos habían estado bajo su mando, votaron a favor de su
ejecución.”Generales cubanos en Venta”. Eugenio Yánez, La Nueva Cuba.
[4] Cuba Transition Poject.Universidad de Miami.http://ctp.iccas.miami.edu/
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