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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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La
Elite Cultural Defiende las ”Medidas” de Castro De
la redacción de ”Cuba
Nuestra”, Estocolmo,
Suecia Nota:
El artículo que por este medio distribuimos fue publicado en el diario Svenska
Dagbladet (La hoja del día), sección de cultura, el 23 de septiembre de
2003. Svenska Dagbladet, matutino
de corte moderado, cuenta con una tirada de 183 600 ejemplares los días
laborables, alcanzando su círculo de potenciales lectores alrededor de 420
mil personas. Por la traducción y presente glosa respondió el autor del
escrito. ********************* El desprecio de Fidel Castro por la creación libre es bien conocido y está bien documentado. Ya en junio de 1961, algo menos de dos años después de la toma del poder, en una reunión con los intelectuales en la Biblioteca Nacional del país, Castro declaró su apocalíptica consigna: “Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada”. Desde entonces, la intelectualidad nativa que ha querido trabajar dentro de la autocracia se ha cuidado de observar el riguroso decreto de Castro. Sin
embargo, una cosa es ser un escritor o trabajador de la cultura acomodaticio,
y algo muy diferente apoyar abiertamente el régimen dictatorial. Por que esto
es lo que justamente hacen alrededor de 30 escritores y profesionales de la
cultura cubanos en una carta que ha recibido mucha atención, Mensaje
desde La Habana para amigos que están lejos, hecha pública en abril de
este año en el boletín de Internet —controlado por el estado cubano— La
Jiribilla (No. 102, 19-04-2003). El
documento en cuestión concierne sobre todo a anteriores y aún existentes
amigos del régimen castrista, los cuales “de
buena fe puedan estar confundidos y que tantas veces nos han brindado su
solidaridad”. A pesar de que
el nombre de los desconcertados no se reporta directamente en el texto, se
deduce del contexto que en primer lugar se refieren al Premio Nobel de
Literatura José Saramago; en segundo, al intelectual latinoamericano
izquierdista Eduardo Galeano; así como, en parte, al Premio Nobel de
Literatura Gabriel García Márquez. Como
es conocido, dichas autoridades de la cultura han tomado distancia, ya sea política
o moralmente, de la última ola represiva acaecida en Cuba, la cual ha
significado arrestos masivos, juicios sumarios y condenas de prisión de por
vida a 75 activistas pro democracia, asimismo como la ejecución de tres
secuestradores de una nave que, en un intento fallido de escapar de la isla,
no le causaron perjuicio alguno a los rehenes. Sin embargo, mientras el mundo muestra su aborrecimiento por el intento del régimen castrista de destruir el movimiento democrático y de derechos ciudadanos del país, así como por las ejecuciones recién mencionadas, encontramos que intelectuales cubanos del interior respaldan la represión dirigida contra su propio pueblo. Ya que de otra manera no se puede interpretar el siguiente párrafo de la citada carta: “Nuestro pequeño país está hoy más amenazado que nunca antes por la superpotencia que pretende imponer una dictadura fascista a escala planetaria. Para defenderse, Cuba se ha visto obligada a tomar medidas enérgicas que naturalmente no deseaba. No se le debe juzgar por esas medidas arrancándolas de su contexto.“(Ver la versión en idioma inglés en www.lajiribilla.cu/2003/n102_04/102_16.html). El
llamado a la indulgencia con la creciente represión de la dictadura fue
firmado por 27 intelectuales del interior, muchos de ellos admirados por la
izquierda, así como por otros círculos culturales algo más radicales de
Occidente: Senel Paz, guionista del filme Fresa
y Chocolate; Omara Portuondo, célebre cantante, sobre todo gracias a la
cinta y al grupo musical Buena Vista
Social Club; Chucho Valdés, jazzista e hijo de Bebo Valdés, residente en
Suecia y recientemente premiado con un Grammy;
Nancy Morejón, poeta (cuyo libro Donde
la isla duerme como un ala fuese reseñado en esta página [se refiere a
la sección de cultura del Svenska
Dagbladet. Nota del traductor] el 1ro de agosto, por la periodista Marie
Louise Ramnefalk); Silvio Rodríguez, cantautor popular en el mundo musical
hispanohablante; Alicia Alonso, bailarina cubana mundialmente conocida;
Eusebio Leal, popular historiador de La Habana; Cinitio Vitier, escritor, etc. La fuerte condena a nivel internacional de la creciente represión ha obligado evidentemente a Fidel Castro a posicionar a la elite cultural e intelectual del país en primera fila, en calidad de rompeolas contra la ascendiente crítica del mundo. Sin embargo, este apoyo de personalidades de la cultura que prestan sus nombres, su gloria y su celebridad a un brutal déspota, no detendrá la irreversible marcha de Cuba en pos de la democracia.
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