Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 

 

Reproducimos el editorial de "La Nación" de Buenos Aires, publicado el pasado sábado. Todos los lectores deben agradecer a este diario su defensa de la democracia en Cuba. 

 

La decadencia de Fidel Castro
Editorial 
 
http://www.lanacion.com.ar/04/01/17/do_564577.asp?origen=amigoenvio
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El régimen cubano sigue dando continuas muestras de agotamiento y sólo el incremento de las restricciones a las libertades básicas y la profundización del terrorismo de Estado lo mantienen en pie

Aún cuando no resulten claros los motivos, la suspensión del viaje del presidente Néstor Kirchner a Cuba, previsto para el mes próximo, debería llevar tranquilidad a los argentinos que defienden la democracia y el respeto a los derechos humanos.

Tras más de cuatro décadas de autoritarismo, el régimen de Fidel Castro sigue dando continuas muestras de agotamiento y sólo el incremento de las restricciones a las libertades básicas y la profundización del terrorismo de Estado pueden mantenerlo en pie.

La más reciente medida de este tipo del gobierno cubano fue prohibir el acceso a Internet a través del sistema telefónico oficial, de costo reducido, que la mayoría de los ciudadanos tiene en sus hogares. Navegar en la Red no ha sido nunca fácil para los cubanos, pero esta disposición es un nuevo impedimento a los numerosos que existían previamente.

Son muchos los cubanos que ingresan en Internet en forma ilegal desde sus casas, empleando computadoras y cuentas prestadas o adquiridas en el mercado negro por sumas que rondan los 50 dólares mensuales, lo que constituye una fortuna para la mayoría de los habitantes de la isla.

Las restricciones dispuestas determinan que solamente algunos pocos funcionarios y administradores gubernamentales tengan la posibilidad de conectarse al correo electrónico y a Intranet, versión limitada de Internet que se encuentra bajo el control del gobierno de Castro. Algunos profesionales (médicos, por ejemplo) podrán usar Internet de aquí en adelante, pero necesitarán de un permiso especial para hacerlo, que acredite cuáles son los fines que persiguen al conectarse.

Como es corriente en los procedimientos del dictador caribeño, Internet podrá estar disponible si se paga un costo especialmente alto, que sólo pueden pagar empresarios o turistas extranjeros. La gente común, la que no está en condiciones de alcanzar esos niveles, deberá resignarse.

Las justificaciones del gobierno cubano se parecen, previsiblemente, a las que suelen emplear otros regímenes que tampoco se caracterizan por las libertades que otorgan a sus ciudadanos. Se trata, como es fácil de imaginar, "de adoptar medidas para regular el servicio, impidiendo el robo de claves, actos maliciosos y el uso fraudulento y no autorizado del servicio". Por supuesto que en los países del mundo en los cuales las libertades públicas no están restringidas nada de eso sucede y si ocurre las leyes se encargan de sancionar cualquier empleo doloso.

No es Internet la única víctima de la pasión tutelar del veterano caudillo. También la televisión sufre, obviamente, de todo tipo de limitaciones y censura y solamente está disponible libremente en los hoteles de lujo a los que no concurren los cubanos comunes y corrientes. Con este recurso y otros similares el decadente régimen del dictador cubano trata de impedir que muchas noticias esclarecedoras lleguen al alcance de la gente.

Castro, gracias a una suma de factores que han concurrido de una manera notable para que eso sucediera, sigue al frente de Cuba. A pesar de su mucha edad y una salud que empeora día tras día -por lo que todo el mundo piensa ya en su sucesión y en lo que pasará cuando muera-, Fidel no deja de ejercer su poder con actos cuya finalidad es acrecentar el grado de encierro al que somete a sus compatriotas.

Como todo dictador que se precie, Castro es incorregible. Y lo que más detesta, a pesar de que proclame en voz alta lo contrario, es que el libre flujo de las ideas y la circulación de las noticias se genere en suelo cubano. Debe seguramente pensar que la información es uno de los elementos letales para los sistemas como el suyo y debería también saber que llega un momento en que no hay manera de impedir que fluya, barriendo con muchas fantasías y poniendo a la vista una realidad que sigue pertinazmente fiel a sí misma, a pesar de los muchos años transcurridos.

El desarrollo de las comunicaciones (radio, TV, internet, etc.) de procedencia extranjera fue uno de los principales motores de la caída del antiguo régimen soviético y el avance de Internet puede producir resultados parecidos en la isla. En estas cuestiones el paso del tiempo es un factor contra el cual es imposible luchar, porque todo termina por saberse, tarde o temprano. Fidel ha podido, todavía, salvarse de ese transcurrir que no tiene misericordia. Queda por saber cuánto tiempo más habrá de pasar antes de que lo obvio se vuelva absolutamente imposible de ocultar.

Entretanto, mientras permanece fresco el recuerdo sobre los últimos fusilamientos de cubanos por delitos que en ningún país serio merecerían semejante pena y sobre las condenas a prisión prácticamente perpetua a quienes piensan distinto del régimen, cabe insistir en la necesidad de que el gobierno argentino exprese en todo foro internacional su más enérgica condena a las violaciones a los derechos humanos que, día tras día, tienen lugar en Cuba.

LA NACION | 17/01/2004 | Página 22 | Opinión

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