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Internet en Cuba, una tecnología que mata

"...Ahora, el régimen no permite que los periodistas independientes de Santa Clara envíen sus noticias por Internet, y hasta les impide salir de sus casas para acompañar a Fariñas en su determinación. A pesar de que fuera concebida con fines inofensivos, Internet en Cuba es una tecnología que mata. Fariñas está en peligro..."

Por Ana Leonor Díaz,GrupoDecoro 

(Gracias a  Noticuba Internacional, www.noticubainternacional.com)

La Habana, 8 de febrero de 2006

Internet, la red de redes que la humanidad creó para facilitar la comunicación oral, visual y escrita entre los hombres del mundo mediante la tecnología, ha sido secuestrada para el pueblo cubano.

Y no se trata de que a Cuba no haya llegado tan fabuloso medio. Sólo que el gobierno de pensamiento único posee el monopolio absoluto del acceso a los servidores IP, las líneas, los satélites, e incluso el comercio de ordenadores y sus periféricos, lo cual le permite decidir quiénes pueden disfrutar del adelanto científico más masivo de toda la historia humana.

En un país donde las cosas más importantes de la vida están reglamentadas (qué se come, qué se viste, qué se aprende en la escuela, qué médico y qué cementerio "le toca") el acceso a Internet está controlado por leyes, disposiciones y reglas escritas, y también la arbitrariedad tácita de las autoridades, recelosas siempre de un mecanismo que se le desborda, porque es tan libre e incontrolable como el viento.

En Cuba existe una ley que regula la operación y el acceso a Internet, similar a las que rigen en otros países, pero ahí terminan las semejanzas, pues esta super ley viene a completar imposiciones represivas, como el decreto ley 88, o Ley Mordaza, que califica las intenciones al interpretar como antipatriótica la opinión diferente; y una ley del secreto estatal que clasifica de secretas las cifras de mortalidad infantil o los accidentes laborales; considera confidencial la prevalencia del VIH-SIDA y retiene por más de un año los resultados del único censo de población y vivienda realizado en 20 años.

El régimen cubano se ufana de la "masividad" del uso de la tecnología informática en escuelas y universidades, pero su propia estadística lo contradice cuando se conoce que el ratio de ordenadores está en el rango de uno por siete estudiantes, aunque en la práctica es tres veces inferior (un ordenador por cada 21 estudiantes), debido, en primer lugar, a la escasez de máquinas y también a que los profesores desconocen su manejo o priorizan el uso para ellos, pues en un país de once millones de habitantes unos pocos cientos disponen de un ordenador en su casa, y muchos menos son los que tienen acceso a Internet.

El comercio oficial de la tecnología informática está controlado por empresas estatales que venden en divisas, a precios tres veces superiores que los mercados vecinos de América Latina, al tiempo que aplican estrictas regulaciones para que los nacionales no puedan comprarla, en caso de que dispongan de 1,500 dólares para una PC, o de 7 mil si se trata de una laptop.

Y aunque existe un robusto mercado negro para comprar, se corre el riesgo de que le venden un "cacharro" como nuevo, igual que ocurre con las compras subterráneas de viejos Dodge de 1956. Muchos profesionales, médicos y profesores universitarios, y hasta reconocidos escritores, han tenido que acudir a la humillación de que un alumno, un amigo o un colega extranjero le compren en una tienda cubana un ordenador; y hasta conozco de funcionarios y diplomáticos del régimen que han tenido que acudir al permiso de un ministro para que la corrupta aduana no le decomise su computadora, a pesar de que son los únicos autorizados a comprarlas durante sus viajes al extranjero.

Los ciudadanos "de a pie", que no gozan de los privilegios mencionados, deben comprar (en divisas, por supuesto) tarjetas de conexión a Internet en los pocos ciber cafés abiertos en el país (uno por capital de provincia y tres en La Habana) para satisfacer la necesidad de comunicación, entre otros, de los más de dos millones de cubanos exiliados en la geografía mundial y que tienen sus familiares en Cuba. Exiliados que representan una considerable fuente de ingreso en moneda dura sólo por ese concepto. El minuto de conexión a Internet oscila entre 2.50 y 3.50 dólares; y la cuenta se abulta debido a la lentitud, real o manipulada, de los servidores IP altamente vigilados por las autoridades.

Sin embargo, el régimen acaba de imponer una nueva norma, no escrita, para impedir el acceso a Internet a los periodistas independientes que a diario burlamos el silencio oficial. Para demandar ese derecho, el periodista opositor Guillermo Fariñas Hernández se encuentra en huelga de hambre y sed desde el pasado 31 de enero.

Fariñas, psicólogo de profesión, es director de la agencia de noticias Cubanacán Press, de Santa Clara, fundada por una decena de valientes el 10 de octubre de 2003, en medio de la ola represiva que en la Primavera Negra de ese año encarceló a 75 opositores pacíficos, entre ellos 25 periodistas independientes.

Encarcelado en octubre de 2002 bajo amañados cargos, y condenado a seis años y 10 meses de prisión, Fariñas fue puesto en libertad condicional 14 meses después, en precario estado de salud debido a las huelgas de hambre que protagonizó en la cárcel, y aún en la sala de penados del hospital militar de Marianao, donde lo internaron para que no muriera. De allí salió en grave estado hacia su domicilio en Santa Clara, y cuando lo conocí en el verano de 2005 aún estaba en silla de ruedas, imposibilitado de caminar, y con una "licencia extrapenal que pendía como una espada sobre su cabeza. Hace dos meses lo vi andando con un bastón y su eterno optimismo, porque Fariñas es un convencido de sus ideas.

Ahora, el régimen no permite que los periodistas independientes de Santa Clara envíen sus noticias por Internet, y hasta les impide salir de sus casas para acompañar a Fariñas en su determinación. A pesar de que fuera concebida con fines inofensivos, Internet en Cuba es una tecnología que mata. Fariñas está en peligro.

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