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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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HUMANISMO Y HERMANDAD Mario I. García Ser espectador, de una infamia, es como ser parte de ella. No puedo quedar callado ante el constante asedio a que esta expuesto el niño Elián González Brotón. Querer ocultar el drama, dolor, sufrimiento, acoso y persecución de un pueblo que ha sabido levantarse poco a poco con el solo recurso de su intelecto, y que ha sido ejemplo de su dinamismo y perseverancia, es sencillamente no ser fiel a la historia. Con la situación de Elián, el balserito náufrago, se ha querido falsamente presentar a los exiliados cubanos como, personas ajenas a la sensibilidad humana, a la ética, y a los respetos individuales, capaces de cualquier salvajada con tal de conseguir espurios fines políticos. Nunca imaginamos que en aquella tierna imagen de asombro reflejada en su carita, aquel 25 de noviembre del pasado año, día de trascendental significado para los que habitan en la nación norteamericana, se llegara a convertir en una lucha política y no humana y de caridad para el desvalido, como ha significado el arribo a estas tierras para los millones de seres humanos que lo han logrado. Los cubanos somos una sola nación, separados por una dramática peripecia histórica, plena en desgarramientos, dolores, muertes y padecimientos, que se extienden hoy por más de cuarenta años. Quienes han creado, ficticiamente, la división de la familia cubana no han sido los exiliados sino aquellos que invocando trascendentales valores universales del hombre, pisotean los más sagrados valores de una nación que siempre ha renacido de sus cenizas con el esfuerzo, la abnegación y la bondad de sus mejores hijos. Nuestro pueblo, que una vez más llega al concierto de la libertad tarde y solo, no debe esperar milagros sino crear su propio camino. El espíritu humanista y cristiano ha sido una constante que la historia, hasta la más reciente, da fe de ello. Los cubanos de allá y de acá habremos ganados una batalla a la intolerancia si actuamos de común acuerdo y cónsono con las realidades. Rescatemos la voluntad del bien y tengamos como axioma el principio de la bondad. Todos los que transitamos las playas del exilio debemos comprometernos a sufragar los gastos de transportación y estancia en Miami, de los familiares más cercanos de Elián, padre, madrastra y su medio hermanito, durante el tiempo que se extienda el litigio jurídico. Durante el período de la apelación se debe intentar que ambos núcleos familiares, el del exilio y el de Cuba, mediante un armonioso proceso de entendimiento mutuo, tengan la oportunidad de comprender las posiciones de ambas partes y, a la vez, tendrán la oportunidad para que la reconciliación sea el principio que emane de dicho encuentro y por ende la reinstalación del niño en su entorno familiar del cual procede. A veces nos parece imposible que ideas sencillas, pero de un hondo contenido humano y de una pasión cristiana sincera, nos lleve al umbral de la solución que tanto ansiamos, para que los momentos de aquellos que, en Cuba, se exponen al rigor implacable por los cuales poco, y en muchas ocasiones nada, podemos hacer por ellos, tengamos al menos la oportunidad y el tiempo, para denunciar las atrocidades que con ellos se cometen y que sus derechos, al menos, se les respeten aunque no siempre tengamos la satisfacción de lograrlo. No seamos cómplices de un tiempo que se nos va. Ayudemos a que la razón sea el principio que domine el proceder de las circunstancias. Demos tiempo al que no lo tiene y que la vida se le escapa. Permitamos que el amor, si, que la pasión del amor contribuya a la solución del grave problema que no permite el encuentro familiar. Busquemos en nuestro yo, el yo interno, que siempre esta lleno de bondad, donde solo habita la paz y en el que se oyen los quejidos de la conciencia, y en el que tendremos siempre la oportunidad para cumplir con aquellos que son menos favorecidos. Mario I. García es uno de los fundadores de Carta de Cuba. Este es su primer artículo para la revista.
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