Mensaje del
comandante Huber Matos a los militares cubanos
LiberPress-
Cubalibredigital - 5 de Diciembre de 2006- Mas
allá del desfile militar del 2 de diciembre en La Habana y de otros
actos aparentemente conmemorativos, pero con fines de intimidación
política; y del intento, ya en marcha, de perpetuar el sistema
totalitario mediante la sucesión dinástica, hay una realidad que nos
concierne a todos los de nuestro pueblo:
Cuba es una nación desgarrada, oprimida y de espaldas a la
marcha del tiempo, víctima de un liderazgo que agoniza, pese a las
transfusiones de petrodólares venezolanos.
Fidel Castro es un manipulador ególatra cargado de culpas
que camina paso a paso hacia la tumba. Raúl es una máscara con grado
de general, animada por el odio, el miedo y el alcohol. Y el
totalitarismo marxista es demagogia y terror en función de sistema
político rumbo al basurero de la historia.
La Revolución Cubana está agotada y en total descrédito,
víctima de sus contradicciones, de sus crímenes, de su traición al
pueblo y de su rotundo fracaso evidente en términos de miseria,
represión y frustración. Además, la Revolución está marcada
culposamente por la eliminación de sus propios héroes como Camilo
Cienfuegos y Arnaldo Ochoa. En los dos casos, el miedo y los complejos
de Raúl fueron determinantes.
La Revolución Cubana no fue una empresa para entronizar
una dinastía dictatorial, sino para restablecer el sistema
democrático que Fulgencio Batista truncó con el funesto golpe de
Estado del 10 de marzo de 1952. Ese compromiso está plasmado en un
documento histórico firmado en la Sierra Maestra en el verano de
1957. A esto se añadían reformas de contenido social y económico
compatibles con el estado de derecho y garantes del propósito
humanista del programa revolucionario. Al triunfar el Ejército
Rebelde, el primero de enero de 1959, los cinco comandantes
principales de aquel proceso ratificamos públicamente nuestro
propósito de implementar reformas sociales y económicas en el marco de
una democracia representativa. El pueblo confió en nosotros y respaldó
fervorosamente la promesa de "Libertad con pan. Pan sin terror".
Casi inmediatamente después del triunfo revolucionario,
una brecha se fue abriendo: Fidel, Raúl y el Che propiciaban los
abusos y las venganzas en sus maquinaciones hacia un régimen
dictatorial, mientras que Camilo y yo insistíamos en mantener el rumbo
democrático del proceso. El 21 de octubre de 1959, a diez meses del
triunfo revolucionario, denuncié públicamente la conjura comunista y
por esta razón fui calumniado y arrestado. Una semana después de mi
detención, Camilo Cienfuegos desapareció misteriosamente mediante un
crimen perfecto. El pagó con su vida y yo con 20 años de prisión
nuestra lealtad al pueblo, a nuestros mártires y a los ideales
democráticos de la Sierra Maestra.
Ya sin obstáculos, Fidel y Raúl, asistidos por un grupo de
incondicionales, entre los que se encontraba Ramiro Valdez, dieron
rienda suelta a la represión, arrestando, condenando a prisión o
fusilando a todo el que se oponía a la nueva dictadura. Miles de
revolucionarios y cubanos honorables fueron ejecutados injustamente.
Cientos de miles de compatriotas, hombres y mujeres, sufrieron largas
condenas en terribles condiciones carcelarias. Se provocó la ruptura
de relaciones con Estados Unidos, nuestro vecino y principal socio
comercial, como excusa para convertir a nuestro país en un peón del
imperio soviético. Se inició un cruel y masivo exilio de compatriotas
que hoy sobrepasa los dos millones de cubanos.
A cambio de apoyo militar y económico a su dictadura, los
Castro traicionaron a
Cuba. Entregaron a nuestro país y a su pueblo para que sirviera
como instrumento del expansionismo soviético en su conflicto con el
Occidente democrático. Los miles de muertos en las guerras de
guerrillas y el terrorismo alimentado desde
Cuba en todo el mundo y los más de dos mil muertos cubanos en
África, fueron parte del pago a la URSS. Durante tres décadas, hasta
su colapso en 1991, la URSS alimentó a la dictadura castrista. Los
supuestos logros del comunismo en
Cuba fueron espejismos que no se pagaron con la productividad
de la economía cubana, sino con los recursos de los explotados pueblos
del imperio soviético. Nuestra economía fue organizada dentro del
ineficiente esquema del socialismo marxista-leninista; y nuestro país
se convirtió en un parásito dependiente de la Unión Soviética como lo
es hoy de la Venezuela de Chávez. Ante este fracaso inexcusable, la
dictadura ha pretendido culpar al “bloqueo norteamericano” de todos
sus errores e inmoralidades.
Compatriotas, nuestro pueblo no tiene que estar
perpetuamente condenado a las arbitrariedades y al hambre. El futuro
está en la democracia representativa, en la economía de mercado y en
una interacción con las demás naciones del planeta. Lejos de temer,
debemos propiciar una relación política y comercial con Estados
Unidos como la tienen todas las democracias del mundo y países
hermanos como México,
Chile y
Costa Rica, entre otros. La democracia y la libre empresa
activarán el tremendo potencial de creatividad y trabajo de nuestro
pueblo. Esto daría a todos los cubanos la oportunidad de desarrollar
sus propias iniciativas en diferentes áreas, tanto científicas,
tecnológicas, comerciales, industriales, agrícolas, etc., sin las
limitaciones impuestas por un rígido y caprichoso sistema que cercena
las libertades públicas e impide el desenvolvimiento económico y
social.
El cambio se impone con urgencia y tenemos que convertirlo
en realidad forjando en los hechos la Alianza del Pueblo y los
Militares Cubanos, antes de que los Castro acaben de destruir lo que
queda del patrimonio nacional o de sustraer el último millón de
dólares para depositarlo en bancos europeos, o para montar negocios en
Italia, España o Brasil. O de comprometer más a
Cuba en el terrorismo y las drogas; o de reclutar más esbirros
para incrementar el terror contra los opositores y la población civil.
En el numeroso personal del MINFAR y del MININT, incluidos
los desmovilizados y los retirados, y desde los generales hasta el más
modesto soldado, hay razones, corazón y voluntad para protagonizar,
mano a mano con el pueblo, el nacimiento de la Nueva República y con
ello el triunfo de la libertad, la justicia y el progreso en suelo
cubano. El Exilio hará su parte con la vocación patriótica y la
generosidad que le caracterizan.
Una Junta Cívico Militar, formada por representantes de
los cuerpos armados y del poder civil o fuerzas de la Resistencia, se
encargaría del gobierno provisional hacia la institucionalización del
estado de derecho y el ejercicio de las libertades públicas,
comenzando por la excarcelación de todos los presos políticos. Un
pacto o compromiso de concertación será implementado sobre la marcha
para propiciar el éxito de la transición hacia la democracia y el
resurgimiento integral de la nación cubana.
¡El poder para el pueblo en alianza con los militares!