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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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Cuba: paraíso natural de la
Smithsonian Institution.
El ecologismo
liberal de los Estados Unidos en Cuba en nombre de una extraña moral. "Al diablo con las
noticias. Yo no estoy más interesado en las noticias. Yo estoy interesado en
las causas. Nosotros no publicamos la verdad, Nosotros no pretendemos publicar
la verdad...” Ben
Bradlee, editor ejecutivo del The
Washington Post en un simposio patrocinado por la Smithsonian Institution por
Carlos Wotzkow Con frecuencia vemos publicados artículos
muy bien ilustrados y dedicados a resaltar la maravillosa naturaleza cubana.
Nada extraño, si tenemos en cuenta que todos los cubanos sabemos que Cuba,
nuestro país, cuenta con esas joyas naturales. Todos las apreciamos y pese a la
distancia que nos impone el exilio seguimos preocupándonos por ella. Hace días leía varias versiones editadas y
distribuidas en la Internet sobre un artículo publicado este año por la
Smithsonian Magazine acerca de un viaje de “1000 millas de recorrido” a través
de la isla de Cuba. Su autor, Eugene Linden, hablaba en términos exquisitos
sobre la conservación de la naturaleza en la Cuba de Castro. En ese artículo, las fuentes de información
ofrecidas para dar crédito a tan optimista panorama, eran una “Comisión
Mundial para las Áreas Protegidas con base en Suiza” y una foto del Lic.
Antonio Perera Puga, actual director del Centro Nacional para las Areas
Protegidas y conocido mío desde hace más de 20 años. Ausentes de las fuentes adicionales ofrecidas,
estaban los libros de José R. Oro (1), el de Carlos Wotzkow (2)
y el de Sergio Díaz-Briquets y Jorge Pérez-López (3), este último,
considerado como un estudio serio hasta por los historiadores del régimen (4).
Estos han sido los tres únicos libros que hasta la fecha han abordado sin
censura el tema de la degradación ambiental en Cuba. ¿Cómo es posible que la Smithsonian
Institution, con el prestigio que todos entendemos la caracteriza, censure y
obstruya a su público el acceso a otras lecturas? Mi opinión personal es que la Smithsonian
Institution ya no es aquella institución creíble que los jóvenes científicos
cubanos admiraban clandestinamente en los pasillos de la Academia de Ciencias de
Cuba desde mediados de los años 60, sino un cuartel ideológico con una agenda
pseudocientífica bien orientada a transmitir emociones y no hechos. O sea, una
institución que manipula la información para validar un punto de vista
totalmente inexacto, antes que contribuir a la preservación del medio ambiente
en Cuba. Entre las Biblias ambientales con que cuenta
la Smithsonian para informar sobre Cuba, el libro de Alfonso Silva Lee (5) es el
más absurdo. En él, su autor (hijo de crianza de Raúl Castro) achaca a la
sociedad occidental la destrucción ambiental de nuestro país. Smithsonian
igualmente nos recomienda el libro escrito por Bill Belleville (6) y al que la
crítica califica como un libro “inútil”, “frustrante”, “carente de
propósito” y “más interesado en debatir sobre el embargo que sobre las
riquezas marinas de nuestro país” (7). Esta práctica de obstaculizar otras opiniones
no es inusual en aquellos estados, organizaciones, o partidos que necesitan
defenderse de la libertad de expresión a fin de imponer sus reglas, o sus ideas
totalitarias. Todos los autores por ellos aceptados (5,6,8,9) son en ese arte
maestros probados e indiscutibles. Ninguno de ellos (incluidos mis conocidos) se
atrevería a poner entre sus referencias los títulos que revelan la triste
realidad de esos programas ambientales en Cuba. Pero lo que sí resulta nuevo
para mí es que esa práctica también fuera utilizada por la Smithsonian. ¿Qué quiere decir la Smithsonian cuando
atribuye un 22% de ambientes protegidos a Cuba? ¿Quiénes son sus fuentes? Lo primero que hay que decir es que difícilmente
la Smithsonian encuentre en Cuba científicos dispuestos a contradecir las estadísticas
del gobierno. Luego, puedo asegurarles que muchos de sus asesores en Cuba, Suiza
y los Estados Unidos, son cubanos (todos declarados defensores del régimen de
Castro) y obligados a secundar los datos emitidos desde La Habana. La mayoría de ellos trabajan en las
instituciones que divulgan ese tipo de reportes. Se trata de personas para las
cuales la deshonestidad no es un obstáculo en sus puestos de la International
Union for Conservation of Nature (IUCN) y el World Wildlife Fund (WWF), donde
radica la “Comisión Mundial de Áreas Protegidas con base en Suiza” antes
mencionada. Otros trabajan en la Universidad de la Florida, el Caribbean Marine
Conservation (The Nature Conservancy, Caribbean Division) el United Nation
Development Program (UNDP), o la Tulane University. La agencia de noticias Reuters informaba el 10
de Agosto de 1999 que Cuba contaba con un 21,5% de bosques, pero yo les aseguro
que si de bosques en buen estado se trata, nuestro país no supera el 9% (10).
Un alto funcionario cubano eleva ahora esa la cifra hasta un 21,7% (11) y la
Smithsonian, como ya va siendo usual, repite en última instancia sólo la
información que le indican desde La Habana. Aparentemente el precio de una visa
para visitar el paraíso ecológico creado por Castro. Me pregunto si los lectores se habrán dado
cuenta de las grandes diferencias que hay entre “áreas protegidas” “áreas
de múltiples usos” y “bosques naturales” propiamente dichos (los llamados
“bosques lluviosos inalterados” que la Smithsonian Magazine menciona). Es
una pena que el especialista cubano de la IUCN en Suiza no le haya explicado a
la Smithsonian que con 50’000 hectáreas de árboles plantados al año, la
administración cubana no compensa el consumo. Suiza es un país tres veces más pequeño que
Cuba y cuenta con un 30% de bosques (12). Si usted recorre cualquiera de sus
cantones, no hay una sola dirección a la que usted pueda mirar que no le
permita ver un inmenso y desarrollado bosque en el paisaje. Lo contrario es lo
que ocurre en Cuba. A no ser que la Smithsonian crea más en las 1000 millas
recorridas por un norteamericano, que en los 1038 viajes de investigación que
yo realicé en 12 años dentro de la isla. Sería muy positivo y honesto que los
defensores de la política ambiental de Castro en Gland (Suiza) le confirmaran a
la Smithsonian que el patrimonio forestal en Suiza pertenece y es atendido por
37 000 entidades estatales y 250 000 propietarios privados. Si los datos ofrecidos por Cuba son ciertos,
los bosques cubanos podrían cubrir el 80% de la superficie de Suiza. Y si Cuba
es ese gran repoblador de bosques que la Smithsonian cree, ¿cómo puede
entonces un país 3 veces más grande que Suiza contar con un crecimiento
aprovechable de 7,5 millones de metros cúbicos de madera al año (13) mientras
que Suiza produce 10 millones en un área equivalente a las provincias de La
Habana y Matanzas? El WWF (en el que trabaja también ese
experto cubano) reconoce que el recurso forestal se vio amenazado en Cuba
durante los años 90 a causa de su utilización irracional como combustible. Al
tiempo que el único dueño del bosque en Cuba, Fidel Castro, ha decidido
entregar los esfuerzos para preservar la naturaleza a las Naciones Unidas, una
organización que ha demostrado en repetidas ocasiones ser totalmente
incompetente. ¿Por qué una organización como la
Smithsonian Institution no reconoce que Jamaica posee el mejor estado ambiental
del Caribe? ¿Es acaso su agenda politica una tarea más importante que decir la
verdad? Yo he sobrevolado Cuba y Jamaica y mientras mi país se ve rojo y
polvoriento desde el aire, la bella isla de Jamaica parece un oasis verde en
medio del Caribe. Cuba es la mayor de las Antillas. Únicamente
por eso, y no por su buen estado de conservación forestal, es que es posible
encontrar allí los parches boscosos, los arrecifes y los humedales más
extensos de la región. Mi libro “Natumaleza Cubana” habla de eso, habla de
las especies únicas de Cuba y también de la suerte que sufren esos bosques,
esos arrecifes y esos humedales. Ese libro detalla la suerte que sufren los hábitas
del Almiquí, el pájaro mosca y las ranitas más pequeñas del mundo. No es la primera vez que veo a la ciencia
norteamericana ignorar los hechos en busca de emociones populares que apoyen una
agenda política. Tampoco es la primera en que la Smithsonian aparece citada
junto a otras instituciones norteamericanas de extrema izquierda como el Natural
Resources Defense Council, el Center for International Policy, la Harvard
University, la MacArthur Foundation, el American Friends Committee, Sierra Club,
Global Exchange, World Watch y la Environmental Protection Agency (14). Por
ello, imagino no sea sorprendente verla complacer las demandas que le dictan
desde Cuba. De ahí la frase clave de ese texto
aparecido en el Smithsonian Magazine: “Mucha de la salud ecológica de la nación
puede ser atribuida a la planificación del régimen de Fidel Castro”. Resulta que ahora los soviéticos (vistos
como traidores a la causa del comunismo) son los culpables del desastre ecológico
cubano. Según la Smithsonian (pero también publicado en los libros que ella no
menciona), “durante la era soviética, que acabó en 1991, la industria y la
agricultura cubana, impulsadas por el apoyo soviético, demostraron ser
altamente contaminantes...” Quizás sea por ello que el Sr. Wayne
Smith (15), antiguo jefe de la sección de intereses de los EEUU en La Habana
durante la administración Carter, amigo personal y admirador de Fidel Castro,
se sirva de algunos “asesores” en la Smithsonian Institution para sacar a
Cuba del sospechoso papel de la guerra biológica. Según él, el Virus del Nilo
Occidental no podría constituir un arma biológica enviada desde Cuba por
limitaciones puramente ornitológicas. En un artículo fechado en Marzo del 2003
(16), la misma institución a la que acudió el Sr. Smith organizaba con
urgencia un Simposio junto a la Audubon Society para discutir sobre el peligro
que representa el Virus del Nilo Occidental para los Estados Unidos. Ninguna de
estas instituciones hicieron la más mínima alusión a la guerra biológica,
pero yo les sugeriría a los lectores que le echaran un vistazo a la evolución
zoogeográfica (ellos muestran los mapas) de esa enfermedad. La Smithsonian Institution dice en su artículo
que acabar con el embargo (debe referirse a las limitaciones federales a las
visitas de algunos turistas) podría hacer desaparecer su paraíso tropical en
el Caribe. Lo que sugiere claramente que para esta institución norteamericana,
al igual que para Greenpeace, Earth First!, Wilderness Society, Audubon Society,
Environmental Defense Fund, Friend of the Earth, World Wildlife Fund, Ford
Foundation, and Rockefeller Foundation, el bienestar humano es siempre un tema
secundario frente al ecológico. Sería muy larga la lista de contradicciones
que abundan en las relaciones científicas entre Cuba y los Estados Unidos, pero
sólo quisiera terminar invitándoles a una reflexión. ¿Cómo es posible
atribuir al régimen de Castro el papel de protector de la naturaleza, si cada
uno de los proyectos que dirige su administración no aporta ni uno solo de los
dólares que permiten su realización? Para intentar encontrar una respuesta les
sugiero un ejemplo. Consulten las cifras del proyecto de Áreas Protegidas
(dirigido por el mismo oficial cubano que aparece en la foto con que Lynda
Richardson ilustró el artículo de la Smithsonian) y en el que Cuba trabaja
conjuntamente con el UNDP. Según esa organización de las Naciones Unidas (17),
ellos aportaron 148’278 dólares de los 148’278 dólares que se fijaban como
presupuesto. Lo mismo ocurre en el resto de los proyectos conjuntos. ¿Dónde está el mérito de Fidel Castro, de su régimen, o de sus tecnócratas? En mi opinión, creo que ya es hora de reconsiderar nuestra admiración hacia la Smithsonian Institution sobre la base de esa prioridad política que le hace ignorar todas las demás. Considerando las fuentes utilizadas para ese artículo, tal parece que los liberales de extrema izquierda están dictando sus órdenes. Mientras, las Naciones Unidas dictan las medidas ambientales sobre un territorio que sólo pertenece al pueblo de Cuba. Referencias: 1.-
José R. Oro 1992 “The Poisoning of 2.- Carlos Wotzkow
1998. “Natumaleza Cubana”. Ediciones Universal. Miami 294 pp. ISBN
0-89729-866-7 3.-
Sergio Díaz Briquets y Jorge Pérez-López
2000. “Conquering Nature. The Environmental Legacy of
Socialism in Cuba”. University of Pittsburgh Press. 328
pp. ISBN 0-8229-5721-3 4.-
Pedro M. Pruna y Reinaldo Funes 2003. Environmental History. Book
Review. The History Cooperative 4pp. 5.- Alfonso Silva 1996. “Natural 6.- Bill Belleville 2002. “Deep Cuba”. 7.- Margaret Rioux 2002. Library Journal. Barnes & Noble
Newsletters. 8.- Orlando Garrido and Arturo Kirkconnell 2003.
Field Guide to the Birds of Cuba. Cornell University, 2000 9.-
Antonio Perera y Reinaldo Estrada 1999. La
Naturaleza en Cuba. Lunwerg Editores. 10.-
Carlos Wotzkow 1999. El bosque en Cuba: análisis de una noticia para tontos.
Guaracabuya (Sociedad Económica Amigos del país). Fundación Argentina de
Ecología Científica. 11.- Alberto D. Pérez 2002. Emeralds of the Cauto.
Empowering Women. Choises March, 2002. 12.- Ram Etwareea 2003. Les chiffres clés de l’industrie forestière.
Le Temps, Economie & Finance Jeudi 2
Octobre, page 21. 13.-
Patricia Grogg 2001. Cuba: En busca del sello forestal. Tierramérica. PNUMA. 3pp. 14.-
Neil Hrab 2003. The MacArthur Foundation on Foreign Policy and Defense.
Funding the Left’s Couterattack on Bush Administration Policies. Capital
Research Center Foundation Watch. 8pp. 15.- Wayne Smith y Anita Landau 2003. CIP Refutes West
Nile-Cuban Migratory Birds Conspiracy Theory. Center for International Policy.
September 25, 2002. 16.- Susan Milus 2003. After West Nile Virus. Sicence News On
line. Week of March 29, 2003. 17.- United Nations Development Programme 2003. Proyectos Áreas Protegidas. Cuba.
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