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EL INTOCABLE
Por José Rivero García
Desde que conocí a Silvio en un
pequeño y oscuro apartamento de
Centro Habana, a mediados de los
años sesenta, me llamó la
atención el apego de aquel joven
flaquísimo y pausado por repetir
las canciones de Bob Dylan y
leer en voz baja las poesías de
Vicente Huidobro. Acababa de
terminar el Servicio Militar y
se presentaba en alguna que otra
tertulia donde El Rojo Wichy
Noguera y Guillermo Rodríguez
Rivera, entre otros, comenzaban
a florecer una poética
equidistante de las fórmulas
aparentemente nacionalistas que
trataba de imponer la cultura
oficial. Silvio se presentaba
con baladas que nada tenían que
ver con la trova tradicional
-como si ocurrió con Pablo
Milanés -, y sus letras
nerviosas y surrealistas llamaron
la atención de los jóvenes de su
generación, a los que se sumaron
Noel Nicola y Mike Porcel, dos
talentos que sí tenían formación
musical y que con Pablo y
Vicente Feliú, encabezaron lo
que se llamó el Movimiento de la
Nueva Trova. Pero Silvio quiso
ser poeta.
Wichy me contó cuando
coincidimos en su etapa de
desterrado en Isla de Pinos, que
sentía una gran admiración por
el Silvio trovador, pero le daba
pena el Silvio poeta que, según
Wichy, nunca le habían premiado
un texto en los concursos de
poesía que convocaba la Unión de
Jóvenes Comunistas (El Premio
David) o la Unión de Escritores
que dirigía Nicolás Guillén.
Guillén nunca le dio el
beneplácito de poeta al
trovador. "Sus canciones no son
muy troveras", me confesó
Nicolás en una entrevista
aparecida en El Caimán Barbudo.
Después de salir despedido de un
programa de televisión, Silvio
fue rescatado por Leo Brouwer
para formar parte de un
experimento musical (el Grupo
ICAIC) junto a Pablo, Nicola,
Sara González, Ramos y otros
jóvenes, que apenas duró dos o
tres temporadas. Ya en esa época
Silvio había regresado de un
viaje ultramarino donde se
uniría a un personaje muy
importante en la vida artística
y social del trovador. Le decían
Tito. Aquel ex agente del G2 y
funcionario de la pesca, devino
en manager, escolta, mentor y
"orientador" del nuevo Silvio
Rodríguez. El Silvio
individualista, intocable y
dueño absoluto de su reino. El
Silvio que no permitió jamás que
dudaran de su imperio. En 1979,
en el festival de la trova de
Guantánamo, en un reportaje que
publicamos en El Caimán Barbudo,
destacamos el surgimiento de
nuevos valores de la trova, con
una poesía muy cubana y apoyada
en ritmos tradicionales. Al
intocable de Silvio no le gustó
el artículo y envió cartas y
reclamos a los dirigentes de la
cultura exigiendo que se
"castigara" al reportero. Nunca
fueron un secreto las brocas del
trovador con la empresa
discográfica castrista. La
despreciaba porque los
beneficios de sus discos no iban
a parar a sus bolsillos. De ahí
que apenas daba conciertos en la
isla. Sus giras por América
Latina y Europa eran mas
"sustanciosas", se pagaban con
moneda dura, con verdes, que son
los billetes que al intocable le
gusta atesorar para construir el
socialismo.
En una de las
rarísimas giras que dio en Cuba
a principios de los 90, el
trovador escogió a los
periodistas que lo acompañaban.
Pero era imposible entrevistarlo
o conversar o intercambiar algún
comentario. Silvio se hospedaba
en las casas de visitas del
Ministerio del Interior,
alejado de los hoteles donde
estaban los músicos y
periodistas que lo acompañábamos.
Solo una tarde, mientras
caminábamos por las arenas de
Cayo Coco, pude acercarme al
trovador y preguntarle alguna
que otra bobada. No le gustaba
hablar con la prensa cubana.
Siempre la desestimó. Pienso que
. ahora que Silvio aterriza en
USA se va a cumplir un gran
deseo del intocable.: pasearse
por las grandes ciudades del
imperio, vender muchos discos y
boletos, hacerse aclamar por la
gran prensa y regresar a la isla
donde vive aislado y protegido
por los funcionarios que él
mismo desprecia. Y aunque no ha
programado ningún concierto en
Miami – el mas cercano será en
Orlando-, el intocable le dará
el gustazo a sus seguidores, en
una casona de Coral Gables, solo
para los acólitos del castrismo
pero, eso sí, a un costo de 500
guayacanes… ¡Pues hay que ayudar
a construir el socialismo!
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