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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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Reflexiones sobre el “26 de Julio”
por Emilio Guede
(miembro del consejo director de "Carta de Cuba" y
ex Responsable de Propaganda del M-26-7) Un tormento mental que nunca he podido eludir durante la larga dictadura de los hermanos Castro ha sido el recuerdo de los compañeros y compañeras que fueron asesinados por su rechazo al despotismo en la época de Batista. Supe de su vocación de sacrificio; de sus ilusiones en aplastar la dictadura militar para edificar una Cuba democrática; de su fe y confianza en que Fidel Castro encarnaba la recuperación de los derechos conculcados. Sus ofrendas de vida resultarían, para consternación de los que compartimos con ellos riesgos y esperanzas, dolorosamente estéril. Sus sacrificios serían usados vilmente por una dictadura comunista para perpetrar lo mismo que se estaba combatiendo contra Batista: la violación de los derechos humanos. En una concentración campesina que habíamos organizado en Güines a pocas semanas del triunfo revolucionario. Fidel Castro dijo:
Hay quienes se olvidan de todos los sacrificios que
costó la victoria del pueblo sobre la tiranía…..se olvidan de las madres que
perdieron a sus hijos... se olvidan de los hombres y de los jóvenes y de las
mujeres que murieron en esta lucha... ¿Quién iba a ser el primero que se iba a olvidar de todos esos sacrificios? Nada menos que el propio orador. Fidel Castro parecía dolerse por los caídos. pero ninguno de esos compañeros luchó para que en Cuba se implantara el comunismo. ¿Sería Castro capaz de citar algún caso, uno sólo, entre esos mártires por él mencionados, que se inmoló para que el pensamiento martiano que inspiraba la insurrección contra Batista fuera suplantado por las ideas extremistas de Marx y Lenin? Ninguno murió para darle a Fidel Castro un mandato de traición al insertar de manera impositiva el comunismo en una revolución de promesa democrática. Al no cumplirse lo prometido y hacerse todo lo contrario, ¿dónde estaba la revolución cubana? No podía ser en la dictadura emergente, que traicionaba sus postulados. El comunismo era una opción retrógrada, nada revolucionaria. Y entre las grandes contradicciones de
ese trágico proceso, Fidel Castro quedaría
como un personaje único: el del creador de una
organización revolucionaria para rescatar la democracia, el
26 de Julio, que, después de un
triunfo espectacular, en lugar de convertirlo en partido político y prepararlo
para las lides electorales, habría de destruir y suplantar por un partido
comunista que representaba todo lo contrario a los ideales que le dieron razón
de ser a lo fundado por él. Pero donde el Comandante rompe los
moldes históricos y muestra su relevante talento para la simulación y la mentira
es en haber llegado a la máxima posición de un gobierno marxista-leninista
gracias a abjurar repetidamente del comunismo, lo que hizo durante toda la lucha
contra Batista y algo más de los dos primeros años de su revolución.
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