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El ejército cubano y la dinámica de la transición Preparado para el Proyecto sobre la Transición en Cuba Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad de Miami por Brian Latell* Resumen ejecutivo Desde hace muchos aZos, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) han sido la institución oficial más influyente, poderosa y competente de Cuba, y los generales más destacados desempeZarán papeles cruciales en todos los escenarios de sucesión concebibles. Los generales, o bien ejercerán el mando de un nuevo régimen una vez que Fidel Castro muera o quede incapacitado, o bien, al igual que los militares de los antiguos países comunistas de Europa Oriental, se convertirán en cómplices voluntarios al desaparecer el gobierno marxista. Es probable que la variante crítica sea el grado en que la unidad institucional (el mando y control militar) se mantenga, a medida que se desarrolle la transición. La integridad institucional se verá determinada por la cohesión, la singularidad de objetivo, la profesionalidad, el apoyo popular y la moral del personal uniformado, así como por las aptitudes políticas y de otra índole de los oficiales de más alta jerarquía. Se sabe que, en el pasado, la unidad de las fuerzas armadas solamente se ha visto sometida a graves presiones en dos ocasiones, aunque las dos veces los hermanos Castro lograron mantener su autoridad. No obstante, dos formas de transición podrían causar una seria ruptura en la estructura de mando, lo que aumentaría considerablemente las probabilidades de que se produjeran acontecimientos capaces de poner en peligro al régimen. Si se produjeran actos de violencia popular en gran escala, la mayoría de los observadores de las FAR consideran que muchos jefes de tropas se negarían a seguir órdenes de desatar fuerzas letales contra los civiles. A esto seguiría el conflicto entre los jefes y las unidades militares rivales. En segundo lugar, si el Ministro de Defensa, Raúl Castro, falleciera antes que su hermano, las tres líneas de sucesión más críticas quedarían abiertas de forma simultánea. Los planes de transición podrían entonces volverse caóticos, más aun si Fidel Castro, que ya tiene 76 aZos de edad, quedara seriamente incapacitado en ese momento. No obstante, lo más probable sea que Raúl Castro ocupe el poder después de su hermano en sucesión dinástica ordenada, con el respaldo de una cadena de mando militar unificada. Tanto él como los generales de mayor relevancia mantendrían a ciertos civiles destacados en determinados cargos de alta jerarquía dentro del gobierno y el Partido Comunista, pero el régimen, básicamente, tendría un carácter pretoriano. El derecho de sucesión del menor de los Castro tiene una base sólida, incluso independientemente del control que ejerce en el monopolio de la fuerza coercitiva. Su historial como el ministro de defensa que ha ocupado este cargo por más largo tiempo en el mundo es impresionante, y su posición se ha visto reforzada en aZos recientes, al irse convirtiendo las FAR en fuerza principal de la economía, mediante la administración de un gran número de fábricas militares y empresas pretorianas que obtienen moneda convertible para el régimen. Sin embargo, es posible que estas perspectivas de transición pacífica bajo el control militar estén comenzando a esfumarse. Es muy probable que los cambiantes papeles y misiones de las FAR estén socavando su unidad y disciplina interna. Por lo menos cuatro fisuras de corte transversal pudieran estar debilitando el mando y el control, creando a la vez facciones entre los grupos de oficiales, tanto en sentido vertical como horizontal. Tensiones surgidas a partir del Caso Ochoa. Aparentemente, este general era el admirador cubano de más alto rango de las reformas de Gorbachev en la Unión Soviética. Su juicio y ejecución, orquestados por los hermanos Castro, provocaron animosidades que aún perduran. Tensiones generacionales. Al igual que en algunos países de Europa oriental durante las transiciones poscomunistas, los oficiales más jóvenes pudieran emerger como poderosa fuerza reformista. Los jóvenes oficiales liberales, insatisfechos con el control que los generales partidarios del gobierno han ejercido durante décadas, pudieran exigir cambios profundos tanto en el ejército como en el país. Rivalidades entre generales. La unidad y la fraternidad que aparentemente existen en las altas esferas militares pudieran no ser más que una ilusión. Es muy probable que los tradicionales jefes de tropas y oficiales del estado mayor, incluyendo a los administradores de empresas pretorianas, se hayan ido alienando progresivamente unos de otros, ya que las misiones de las FAR han experimentado cambios y muchos oficiales se han convertido en beneficiarios de actividades con fines de lucro. Deterioro de la conducta profesional. Las empresas pretorianas son caldo de cultivo fértil para la corrupción. Oficiales jubilados y en servicio activo que gozan de privilegios políticos surgen como una nueva clase nueva comparativamente acomodada, que está perdiendo aquel contacto estrecho con el pueblo que tradicionalmente caracterizaba las relaciones civiles y militares. Cualquiera que sea el rumbo que tome la transición, por lo menos algunos elementos y líderes de las FAR sobrevivirán y desempeZarán papeles críticos, una vez que uno de los hermanos Castro, o ambos, hayan muerto. En esa nueva etapa, poderosas fuerzas exigirán que tanto el ejército como las misiones que éste desempeZe experimenten cambios radicales. En términos generales, parecen ser pertinentes tres tipos de cambios: Reestructuración de fuerzas y misiones. Tanto las FAR como las grandes fuerzas auxiliares de las mismas deberán ser sometidas a una considerable reducción de personal, y algunas entidades deberán ser abolidas. Se deberán reducir de forma drástica los gastos militares, las instalaciones y los inventarios de armamentos, y los sectores y empresas de las FAR deberán ser privatizados. Supeditación del ejército al control civil en un sistema democrático. La designación de un ministro civil de defensa será un punto crítico en la transición. Los papeles del comandante en jefe, ministro y jefe de estado tendrán que ser repartidos de acuerdo con la constitución. La escasez de civiles versados en cuestiones militares y capacitados para supervisar prioridades y gastos militares constituirá un problema preocupante, tal como lo ha sido en la mayoría de los países de Europa oriental después de la caída del comunismo. Internacionalización del ejército. Desde la desaparición de la Unión Soviética, las FAR han tenido pocos contactos internacionales. Irónicamente, algunos de los más sólidos han sido con Estados Unidos, incluyendo las conversaciones de alto nivel sostenidas sobre la línea divisoria de la Base Naval de Guantánamo. Los futuros gobiernos de Cuba podrían desempeZar papeles constructivos en el mantenimiento de la paz, al unir fuerzas con las naciones democráticas en actividades de seguridad a nivel regional e internacional. El ejército cubano y la dinámica de la transición Introducción Desde sus inicios en 1959, el ejército de Fidel Castro, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), han sido la única garantía realmente indispensable de su régimen, así como la institución oficial más poderosa, influyente y competente de Cuba. Los principales generales de las FAR, a las órdenes de Raúl Castro (quien ha ocupado el cargo de ministro de defensa por largos aZos), desempeZarán papeles cruciales en todos los casos concebibles de sucesión. Una vez que Fidel Castro muera o quede incapacitado, los generales asumirán el control de un régimen de sucesión pretoriano o, como en el caso de los ejércitos de los antiguos países comunistas de Europa Oriental, se convertirán en cómplices voluntarios de la desaparición del marxismo. La variante crítica será el grado en que la unidad institucional (el mando y control militar) se mantenga, a medida que se vaya desarrollando la transición. En aZos recientes, exhortados por Fidel Castro, los oficiales de más alta jerarquía han estado preparándose abiertamente para asumir el control de la transición después de su muerte. Por lo menos al principio, es probable que cuenten con el apoyo de la mayoría dentro de la elite oficial del país, y que transfieran al nuevo régimen a cierto número de civiles que actualmente ocupan altos puestos en el gobierno y en el Partido Comunista. Estos últimos ayudarán a reforzar la legitimidad de un gobierno pretoriano a nivel nacional e internacional, y algunos de los civiles ejercerán una influencia considerable, especialmente en lo referente a cuestiones económicas y financieras. Sin embargo, ningún dirigente de otra institución, incluyendo el partido, diversas entidades estatales y gubernamentales o las organizaciones de masa, podría rivalizar con los jefes militares, ni imponer políticas a las que se opusiera una dirigencia uniformada unida y disciplinada. Hay una serie de factores que explican la supremacía del ejército: El Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR) comenzó a funcionar como la organización de vanguardia más confiable del régimen por lo menos cinco aZos antes de que el Partido Comunista fuera creado en 1965. Unas dos terceras partes de los miembros del Comité Central original del partido eran oficiales del ejército o veteranos de la lucha guerrillera. Hoy día, Raúl Castro y otros cinco generales prestan servicio en el Buró Político, compuesto de 23 miembros. A diferencia de lo ocurrido en la mayoría de los demás países comunistas, el partido se formó a partir de las fuerzas armadas, y jamás ha rivalizado con las mismas en cuanto a influencia. Desde 1989, aZo en que los servicios policiacos, de seguridad y de inteligencia del Ministerio del Interior (MININT) quedaron bajo el control de las FAR, éstas han ejercido un monopolio absoluto de fuerza coercitiva en la isla. Con un personal militar regular cuyos integrantes se calculan entre 50,000 y 60,000, y otros miles en el MININT, así como en las fuerzas auxiliares, de reserva y de milicia, el número de cubanos que llevan uniforme sobrepasa los 2 millones. Históricamente, los civiles, al igual que el personal uniformado, se han mostrado orgullosos del récord de victorias militares alcanzadas por el país, tanto en el campo de la defensa como en el de la agresión, desde la invasión de la Bahía de Cochinos, en 1961, hasta los últimos aZos de la década de los 80, en los remotos campos del Tercer Mundo. Un porcentaje considerable de la población ha participado en servicios de índole militar. Las FAR son más representativas del pueblo que cualquier otra institución nacional de importancia. Durante más de cuatro décadas, ha sido el vehículo favorito de los jóvenes de bajos recursos y de zonas rurales para ascender socioeconómicamente. Se sabe de oficiales de alta jerarquía que han alcanzado esos rangos a pesar de sus orígenes humildes, y que, tradicionalmente, la mayoría de estos vivía de forma modesta, en estrecha relación con el pueblo. A diferencia de otras instituciones de la isla, las fuerzas armadas han operado durante más de cuatro décadas con un alto grado de continuidad, fraternidad e integridad institucional, habiendo experimentado pocas depuraciones, deserciones y revueltas internas, en comparación con las que frecuentemente han socavado las instituciones civiles. Desde mediados de los aZos 90, Fidel Castro ha encargado a las FAR la tarea de administrar sectores críticos de la economía. Debido a ello, la influencia de éstas sobre amplias esferas de la política ha aumentado de forma notable. Una fuente bien informada al respecto (un ex oficial de inteligencia y relaciones exteriores de Cuba) ha hecho hincapié en que las FAR ejercen "un centralismo abrumador en todas las áreas relacionadas con la formulación de políticas económicas." De manera similar, a mediados de los 90, un ex oficial soviético que conoce el manejo de las FAR, hizo la observación de que, tras la desaparición de la Unión Soviética, éstas han seguido disfrutando de un "estatus especial en Cuba". También manifestó que las fuerzas armadas "aún eran consideradas por la mayoría de los cubanos como defensoras de los intereses nacionales y pilar de estabilidad". Es cierto que, históricamente, ninguna otra organización de importancia disfrutaba del respeto que se habían ganado las FAR entre el pueblo cubano. Sin embargo, los cambios fundamentales ocurridos en aZos recientes en cuanto a misiones, estructura y operaciones de las FAR parecen haber socavado la imagen anteriormente positiva de la organización. En el pasado, las FAR constituían la institución pública menos afectada por la corrupción y la venalidad, la más comprometida con el ascenso exclusivamente por mérito propio, y también la organización con gran número de miembros mejor controlada de la isla. Sin embargo, para muchos cubanos (los intelectuales, la creciente comunidad de disidentes, otros elementos no conformistas y los jóvenes apolíticos), el respeto a las fuerzas armadas está matizado por un temor genuino, basado en la realidad de todos conocida de que Fidel Castro considera al ejército como su máximo defensor contra cualquier tipo de oposición o enemigo, incluyendo a los civiles cubanos. Durante el verano de 1994, crecieron los temores a un despliegue violento del poder militar para eliminar a quienes se opusieran al régimen. En el mes de agosto de ese aZo, tras serios disturbios de manifestantes contra el régimen que tuvieron lugar en La Habana (durante los cuales resultaron muertos uno o dos policías y algunos otros heridos), el gobierno amenazó públicamente con emplear la fuerza que fuera necesaria para mantener el orden. En la prensa cubana se difundieron ampliamente palabras de Raúl Castro por medio de las cuales advertía a "los enemigos de la revolución" que no fueran a cometer errores. "Tenemos más que suficientes caZones y otras cosas para defender a este país", seZaló. Si sus palabras no hubieran estado específicamente dirigidas a los disidentes cubanos, su intención fue esclarecida varios días después. En un discurso transmitido durante el funeral de un policía, Ulises Rosales del Toro, quien fuera jefe del estado mayor de las FAR en ese momento, expresó: "Le advertimos a la quinta columna interna. que actuaremos con firmeza". Fueron desplegadas, en grandes números, fuerzas uniformadas y encubiertas del Ministerio del Interior en los vecindarios de La Habana donde habían tenido lugar las manifestaciones y, por primera vez en la historia de la revolución de Castro, sus fuerzas armadas regulares fueron vinculadas directamente, a los ojos del público, con los temidos servicios de seguridad y la posibilidad de represión brutal. Características principales de las FAR Las FAR han sido siempre la institución más importante en la Cuba revolucionaria. Se forjaron partiendo de la victoriosa fuerza de la guerrilla de Fidel Castro y muchos de sus altos oficiales son excombatientes de aquella lucha. Ellos, así como los soldados regulares, han sido considerados como la esencia de las hazaZas más glorificadas de la revolución: los "soldados cívicos" que son los "portadores de la tradición y la ideología revolucionarias". Por consiguiente, desde los primeros días del régimen de Castro las relaciones entre civiles y militares han tenido menos altibajos que en cualquier otro de los países de América Latina. A diferencia de casi todos ellos, en Cuba, durante más de 43 aZos, nunca ha habido ni el más mínimo indicio de que se tramara un golpe militar o una conspiración contra Castro, que siempre se las ha arreglado para dar la impresión de ser simultáneamente un líder civil y un líder militar. De manera similar, en los aspectos básicos las FAR difieren de las organizaciones militares en los antiguos países comunistas de Europa Oriental. La población en general y muchas veces la cúpula civil del Partido Comunista, desconfiaba de la mayor parte de ellas y les temía. Un experto en sistemas comunistas ha comentado que "en el mejor de los casos, la legitimidad popular de estas fuerzas armadas era limitada", y a diario se les recordaba que no se confiaba plenamente en ellas". Las percepciones populares estaban también influidas por la realidad de que estas organizaciones militares dependientes eran los peones de la política y la estrategia soviéticas. En cambio, durante los 30 aZos aproximadamente en que las FAR estuvieron recibiendo apoyo material masivo de la Unión Soviética sus jefes conservaron completa autonomía operativa e interna. Cuba nunca fue un integrante del Pacto de Varsovia ni se subordinó estratégicamente al Alto Mando de las fuerzas armadas soviéticas. Las fuerzas armadas de los países de Europa Oriental, por el contrario, nunca tuvieron departamentos de planificación estratégica y, después del comunismo, no estaban preparadas para llevar a cabo una planificación independiente de defensa ni siquiera para preparar sus propios presupuestos. En Cuba, en cambio, los hermanos Castro por sí solos han planificado y llevado a cabo estrategia y tácticas militares sin interferencia del exterior. Tal vez lo que es más importante, a diferencia de algunas fuerzas militares de Europa Oriental, las FAR nunca se han desplegado para sofocar protestas civiles. Incluso en Polonia, donde el ejército era la institución más popular después del colapso del comunismo - con unos grados de aprobación superiores al 75 por ciento - los polacos recordaban cómo había sido usado por los dirigentes comunistas y sus jefes del Kremlin para sofocar violentamente a la población civil. Las fuerzas militares rumanas, las únicas que se unieron a una revuelta contra un régimen comunista, adquirieron nueva legitimidad y popularidad como consecuencia de ello. Por el hecho de contar con el apoyo popular, las fuerzas armadas polacas y rumanas tuvieron influencia política en los aZos subsiguientes al colapso del comunismo, mientras que los militares en el resto de Europa Oriental no la tuvieron. Mando y control militares: la variable de la clave de la transición La continuidad de la preeminencia de las FAR después de la muerte de Fidel Castro dependerá, no obstante, de la capacidad de sus mandos para mantener unidad y disciplina en una situación posiblemente volátil que estará evolucionando con rapidez. Por consiguiente, la variante esencial en la transición, sean cuáles fueren las circunstancias concretas relacionadas con la desaparición de Fidel Castro, será la cohesión y fiabilidad del mando y control por parte de las fuerzas militares. La integridad institucional, a su vez, estará determinada por la profesionalidad, el apoyo popular, la disciplina, la moral, y la uniformidad de propósitos entre el personal uniformado, así como por el liderazgo y habilidad política de su alto mando. Mientras los altos oficiales conserven un alto sentido de identidad corporativa y no se desorganice gravemente la estructura jerárquica, las fuerzas militares seguirán siendo la institución dominante en Cuba después de Fidel Castro. Sin embargo, hay muchas razones para creer que la cohesión militar se ha deteriorado considerablemente en los últimos aZos. Se sabe que su unidad ha sido sometida a dura prueba solamente dos veces en el pasado. En ambos casos los hermanos Castro consiguieron mantener el mando y el control al igual que su propia autoridad. Durante el juicio de fines de 1959 del popular comandante revolucionario Huber Matos, y 30 aZos después cuando el muchas veces condecorado general Arnaldo Ochoa fue juzgado junto con otros y ejecutado, los hermanos Castro actuaron con decisión para erradicar los principios de desafío político contra su autoridad. En ambos casos se conservó el mando y el control aun cuando se provocó cierta animosidad entre la oficialidad de las fuerzas armadas y en otras áreas de la elite gobernante. Probablemente la moral y el profesionalismo todavía sufren los efectos de las tensiones causadas por el caso Ochoa. En la última década, más o menos, otras fallas graves que se exponen a continuación probablemente han empeorado, minando de paso la integridad institucional. Además, cualquiera de las dos hipótesis de transición expuestas a continuación probablemente tendría efectos desastrosos sobre las FAR. Si ocurriera cualquiera de ellas, aumentarían enormemente las probabilidades de una inestabilidad generalizada en la isla que posiblemente llevaría al colapso del régimen comunista. Levantamiento Popular En caso de que se desatara una violencia popular que amenazara el régimen, muchos observadores de las FAR creen que, por lo menos algunos de los altos mandos -- como hicieron sus equivalentes en las fuerzas armadas de Europa Oriental cuando los regímenes comunistas se derrumbaban -- se negarían a usar fuerza mortífera para restaurar el orden. Por consiguiente, los oficiales recalcitrantes se convertirían en cómplices voluntarios de la posible extinción de la revolución de Fidel Castro. Nunca se ha sabido que sus fuerzas armadas hayan abierto fuego contra civiles desarmados y, con la probable excepción de algunas unidades especiales, concretamente la Reserva del alto mando de Castro, aparentemente el personal no ha sido entrenado para hacerlo. La mayoría de las personas que pertenecen tanto al pequeZo número de oficiales de las FAR y de los servicios secretos que han desertado, como los estudiosos que han analizado las fuerzas armadas creen que la institución empezaría a resquebrajarse si se ordenara a las tropas regulares que dispararan contra la población civil. Una de las consecuencias podría ser un conflicto entre unidades militares rivales y sus mandos y, en el peor de los casos, una violencia generalizada que provocaría la petición de una intervención internacional o de misiones para mantener la paz en la isla. El ex oficial cubano del servicio secreto y funcionario de asuntos exteriores citado anteriormente, que está familiarizado con los más altos oficiales militares, cree que "una política de represión total sería... el punto de ruptura de la unidad, la cohesión y la estabilidad internas, lo que conduciría directamente a una guerra civil". Raúl Castro muere antes que su hermano Un segundo acontecimiento -- uno que en estos momentos es impredecible -- podría enfrentar también a los militares entre sí. Raúl Castro es ahora simultáneamente el único general cubano de cuatro estrellas, Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Primer Vicepresidente del Consejo de Estado y Segundo Secretario del Partido Comunista. La opinión generalizada es que, a una edad de 71 aZos, bebe en exceso y se rumora que tiene graves problemas de salud. En caso de morir antes que su hermano, las tres líneas de sucesión más esenciales del país se abrirían simultáneamente. Fidel Castro, de salud delicada y habiendo cumplido 76 aZos a mediados de agosto del 2002, decidiría por sí solo como cubrir estos puestos. Estaría bajo una enorme presión, sin embargo, ya que nunca ha tomado en cuenta ningún otro sucesor que no sea su hermano. Es poco probable que eligiera a la misma persona como ministro de defensa y a la vez como su sucesor en el partido y en el gobierno. Los rivales ansiosos de ascender en estas líneas de sucesión se disputarían ser los elegidos y probablemente se enfrentarían entre sí. Naturalmente, Castro podría dejar vacante uno de los cargos o los dos, el del partido y el del gobierno, dejando sin resolver la sucesión civil, pero tendría que elegir rápidamente a un nuevo ministro de defensa con el fin de preservar una clara línea de mando militar. Esta tampoco sería una decisión fácil. Raúl Castro no tiene un sucesor evidente entre los generales de dos estrellas (División) y de tres estrellas (Unidad), por lo que la elección del próximo ministro de defensa sería, probablemente, divisiva. Un observador extranjero que entrevistó a oficiales en la isla a mediados de la década de los 90 acerca de las fuerzas armadas "no encontró unanimidad sobre quién es el general más destacado". El General de Unidad Abelardo Colomé Ibarra es el general de tres estrellas que lleva más tiempo de servicio y es el asociado más cercano de Raúl Castro desde fines de la década de los 50. Ha sido Ministro del Interior desde 1989, pero sus críticos creen que el duro y taciturno Colomé, si bien es idóneo para su cargo actual, carecería de las aptitudes públicas y políticas necesarias para manejar las fuerzas armadas o para estar al mando de la transición en ausencia de los hermanos Castro. A principios del 2001 se anunciaron los ascensos de otros cinco generales al rango de tres estrellas: Julio Casas Regueiro, Primer Viceministro del MINFAR; Alvaro López Miera, Jefe de la Plana Mayor; y los comandantes de tres ejércitos regionales. También con frecuencia se menciona a otros dos como que ostentan el rango de tres estrellas: Ulises Rosales del Toro, antiguo Jefe de la Plana Mayor y ahora a cargo de la industria azucarera; y Rigoberto García Fernández, jefe del Ejército Juvenil de Trabajo. Se sabe muy poco acerca de estos hombres, por lo que es imposible predecir cuál de ellos podría ser el más probable sucesor de Raúl Castro. (Abajo se comentan las tensiones y divisiones entre ellos.) Si el Castro más joven muriera antes que su hermano, la planificación de la transición se convertiría en algo caótico, más aún si la salud de Fidel Castro se hubiera deteriorado todavía más para entonces. La hipótesis más probable de la sucesión La hipótesis de transición aparentemente más probable es, sin embargo, la de que Raúl Castro seguirá a su hermano en una sucesión dinástica ordenada con el respaldo de una escala de mando militar uniforme. Con el apoyo de Fidel Castro, su hermano y los oficiales de mayor rango que han estado muy unidos a él desde hace mucho tiempo, se han estado preparando para gobernar por derecho propio. El derecho del Castro más joven a la sucesión es muy fuerte, con independencia del control de las fuerzas armadas sobre el monopolio del poder represivo en la isla. Su posición como heredero se basa en dos amplios tipos de legitimidad que pueden describirse como "conferido" y "ganado". Ambos han adquirido realce desde mediados de la década de los 70. La legitimidad conferida a Raúl Castro proviene enteramente de los repetidos pronunciamientos de su hermano, a lo largo de los aZos, sobre la sucesión. Por primera vez fue designado heredero del poder en enero de 1959, pocas semanas después de la victoria de la guerrilla, y desde entonces siempre ha sido el único centro de planificación de la transición. Su lugar en la sucesión se ha repetido de forma reiterada durante los aZos transcurridos y se ha ratificado periódicamente en los congresos del Partido Comunista y en los cónclaves de alto nivel del poder del Estado. La línea de sucesión también está codificada explícitamente en el Artículo 94 de la constitución de Cuba. No se sabe de ningún otro pretendiente que le haya discutido el puesto a Raúl Castro en la jerarquía o que siquiera se haya percibido como su rival en potencia. Además, varios líderes prominentes que se cree han competido con él en el pasado en materias de política o doctrina perdieron cuando fueron destituidos por Fidel Castro. Esta sucesión dinástica de hecho siempre se ha prestado a críticas en el extranjero y, asimismo, de forma encubierta, dentro de Cuba. Solamente las monarquías y algunos de los sistemas políticos más brutales y cerrados del mundo han establecido sus sucesiones de esta manera. Sin embargo, desde el punto de vista de Fidel Castro las ventajas superan con mucho a las desventajas. Contando con el respaldo de su hermano en la línea de sucesión, no ha tenido que preocuparse de maniobras por parte de otros pretendientes, se ha garantizado la absoluta lealtad de su elegido y puede tener la máxima esperanza posible de que el trabajo de toda su vida no se deshará totalmente después de su muerte. Durante los primeros aZos de la revolución, el derecho de Raúl Castro a ejercer el poder algún día por sus propios méritos procedía casi exclusivamente de la decisión de su hermano. Gradualmente, en virtud de sus propios esfuerzos y logros, el Castro más joven ha reforzado su posición en una multitud de maneras. Empezó a "ganar" legitimidad por su propio derecho, cuando con sólo algo más de veinte aZos, se desenvolvió de manera especialmente eficaz como comandante de su propia columna guerrillera en 1958. En el aZo siguiente empezó a construir las fuerzas armadas partiendo de las unidades guerrilleras heterogéneas que él y su hermano habían comandado, la mayoría de cuyos integrantes eran analfabeta. Un número de sus colaboradores más cercanos -- los llamados raulistas -- eran entonces sus subordinados y han permanecido cercanos a él desde entonces, tanto personal como profesionalmente. Su influencia en el Partido Comunista se vio muy fortalecida a mediados de la década de los 80 después del Tercer Congreso del Partido Comunista. Un número de raulistas (entre ellos su esposa, Vilma Espín) fueron ascendidos a miembros del Politburó y del Comité Central. La mayor parte de ellos siguen ejerciendo una influencia considerable en el partido y en el gobierno así como en las fuerzas armadas, y por lo menos dos de los familiares masculinos de Raúl Castro han alcanzado altos cargos. El poder de los raulistas se acrecentó más aún a consecuencia del asunto Ochoa en 1989, cuando el MININT pasó a estar bajo el control de las fuerzas armadas. Los derechos de Raúl Castro como heredero se basan firmemente en su impresionante historial como el ministro de defensa que lleva más tiempo en el cargo en todo el mundo. Con pocas excepciones conocidas, se ha ganado el respeto y la lealtad de sus subordinados y, evidentemente, tiene más inclinación que su hermano a delegar autoridad y a mantener unas relaciones de trabajo de auténtica colaboración con su personal de rango. Análogamente, se ha ganado el respeto de sus homólogos con los que colaboró en los antiguos países comunistas y del Tercer Mundo. Su estilo perseverante, su actitud por lo general reticente, su dominio de los detalles militares y capacidad para dirigir y organizar han hecho que algunos se refieran a él como "el Prusiano." Un ex funcionario soviético que trabajó con sus homólogos cubanos ha descrito su "voluntad de hierro" y su "capacidad para establecer y mantener una disciplina rígida". También es consecuente con esta imagen el hecho de que es conocido por su absoluta ausencia de carisma, su casi nula habilidad para conectar con las masas, y su reputación de despiadado. Una encuesta llevada a cabo en 1998 y 1999 entre más de 1.000 emigrantes cubanos llegados recientemente reflejó que Raúl Castro era el menos respetado de los 12 líderes cubanos de alto nivel que se mencionaban. Sólo el 2 por ciento de los encuestados lo citó como una figura nacional respetada, e incluso quedó un punto porcentual por debajo del General Colomé, su subordinado de confianza que encabeza el Ministerio del Interior. Esta opinión del Castro más joven está, por lo general, confirmada anécdoticamente por personas que han viajado a la isla, así como por desertores y refugiados. No obstante, bajo su mando, las FAR han sido la Institución más estable y mejor dirigida de Cuba. Es la única que ha experimentado un alto grado de continuidad en su liderazgo, alta moral y profesionalidad. A lo largo de estas décadas sólo ha habido unas pocas defecciones de altos oficiales y no hay síntomas de que se hayan tramado golpes, de que haya habido descontento organizado o rebeliones por parte de oficiales jóvenes. Las FAR son probablemente lo que más se aproxima a una verdadera meritocracia dentro de las instituciones y organizaciones revolucionarias de Cuba. Los ascensos y puestos en los escalones bajo y mediano del cuerpo de oficiales históricamente se han basado de una manera abrumadora en el desempeZo y los logros, en lugar de en los méritos políticos. Si bien es indudable que hay excepciones importantes a esta regla -- y en los escalones más altos es esencial la absoluta lealtad a los Castro -- ninguna otra institución se ha mantenido tan aislada de los reconocidos caprichos y afición a microadministrar de Fidel Castro como las FAR. Raúl Castro ha sido el único oficial de rango, militar o civil, a quien se le han dejado las manos relativamente libres. Así pues, el crédito por los logros de las FAR corresponde en su mayor parte a su habilidad de dirección y de liderazgo. Su historial no tiene paralelo entre los ministros de defensa de ningún otro país de la América Latina moderna. La evolución de objetivos y doctrinas militares El éxito de Raúl Castro se pone también en evidencia por la habilidad con que ha guiado a las FAR a través de un número de importantes reorganizaciones y revisiones de la doctrina operativa. Estructurada en sus orígenes casi exclusivamente como una fuerza defensora de la nación, las fuerzas armadas fueron transformadas en la década de los 70. Los oficiales cubanos, incluido Raúl Castro, recibieron extenso entrenamiento militar en la Unión Soviética, convirtiéndose en expertos en la utilización de sistemas de armamento soviético, incluyendo cazas MIG, submarinos, y todos tipos de artillería sofisticada y otros equipos de defensa terrestre y aérea. Durante la mayor parte de los 30 aZos de la relación cubano-soviética Moscú suministró a las FAR -- prácticamente gratis -- casi todos sus equipos, entrenamiento y suministros, por un valor aproximado anual de mil millones de dólares. Destacado entre los más ardientes líderes pro-soviéticos en la jerarquía, Raúl Castro era también el favorito de Moscú en la Habana. A fines de los 70, las reservas preparadas para cualquier intervención extranjera y los ejércitos regulares de tierra, mar y aire habían alcanzado una cifra que estaba entre los 175,000 y los 200,000 hombres; otros reservistas representaban unos efectivos de 175,000 a 200,000. El Ejército Juvenil de Trabajo, fundado en 1973 para funcionar mayormente como una fuerza laboral agrícola bajo mando militar representaba efectivos de otros 100,000 personas. Sigue funcionando hoy con un personal estimado entre los 50,000 y los 70,000 integrantes, según la estación del aZo. En aZos recientes, esta fuerza ha operado más de 100 granjas, ha administrado huertos de cítricos (más recientemente devueltos a la administración civil), y continúa produciendo grandes cantidades de alimentos. A fines de los 70, el personal uniformado de las FAR, en todas las categorías, alcanzaba unos efectivos entre los 472,000 y los 510,000. En su punto más alto era la mayor fuerza militar en América Latina y considerablemente superior a las de países del tamaZo de Cuba en cualquier lugar del mundo. Además, hombre por hombre, durante los 70 y los 80 posiblemente haya sido la mejor y más experimentada fuerza de combate de cualquier nación pequeZa, con la única excepción de Israel. Durante la segunda mitad de los aZos 70, la doctrina militar evolucionó de un enfoque en la defensa nacional a uno que enfatizaba claramente intervenciones revolucionarias de tipo internacional en países del Tercer Mundo. En sus inicios, y sin apoyo soviético de ningún tipo, Cuba desarrolló una tenue capacidad de proyección de poder transcontinental, enviando con audacia decenas de miles de soldados a Angola donde actuaron decisivamente en la consolidación de un régimen revolucionario marxista en Luanda. Pocos aZos después, Fidel Castro persuadió al Kremlin para que se uniese a Cuba en una gran intervención militar en apoyo de los líderes revolucionarios marxistas de Etiopía, que en aquel momento estaban en guerra contra la vecina Somalia. De nuevo, la gran fuerza expedicionaria cubana desempeZó el papel militar decisivo. A fines de los 70 y principios de los 80, el personal cubano militar y de seguridad desempeZó importantes papeles de respaldo en Nicaragua. Misiones asesoras internacionalistas ayudaron a regímenes de ideología afín y a grupos revolucionarios en muchos otros países del Tercer Mundo. Entre ellos cabe destacar al país de África Occidental, Guinea-Bissau, una colonia portuguesa hasta 1974, donde comandos cubanos lucharon junto a insurgentes nacionalistas hasta lograr la victoria. La estrategia militar cambió de nuevo de forma espectacular en 1980. No se abandonó el internacionalismo -- hubo batallas de gran importancia en Angola inclusive a fines de los aZos 80 -- pero no tuvo lugar ninguna nueva intervención notable. El cambio esencial se produjo cuando Andropov, el Secretario General Soviético, informó a Raúl Castro que la URSS no protegería a Cuba en caso de haber hostilidades con los Estados Unidos. Se le dijo a Raúl Castro: "No podemos luchar en Cuba... ¿vamos a ir allá a que nos partan la cara?". La Habana respondió en mayo de 1980 creando una gran fuerza nueva de defensa, las Milicias de Tropas Territoriales, bajo la nueva doctrina de la "Guerra de Todo el Pueblo". Si bien el ímpetu para todo este cambio tuvo lugar cuando Jimmy Carter estaba todavía en la Casa Blanca, los líderes cubanos han tratado de culpar de su decisión a la administración Reagan. Raúl Castro, por ejemplo, dio a entender, incorrectamente, que las Milicias fueron creadas durante "el período más virulento de la administración Reagan". Para 1993, las Milicias se habían convertido en una fuerza irregular de 2 millones de integrantes entrenados intermitentemente. Bajo el mando de las FAR su misión no ha cambiado: proporcionar a las unidades regulares y de reserva de las FAR una capacidad enorme en todo el país para practicar la guerra de guerrillas en caso de hostilidades militares de importancia. Su función es la de proporcionar "apoyo táctico y logístico a las fuerzas armadas regulares... y actuar como freno de cualquier posible agresión". El personal está entrenado y participa en ejercicios que ponen énfasis en la defensa mediante guerrillas. Como elemento clave y muy costoso de la estrategia de la "Guerra de Todo el Pueblo" estaba la construcción de grandes complejos subterráneos fortificados de túneles y búnkers. Un general retirado del ejército de los Estados Unidos visitó uno en 1995. Escribió que "casi una cuarta parte de la producción anual de concreto de Cuba y 20,000 hombres-aZo de esfuerzo fueron vertidos en hacer agujeros en la tierra". Este énfasis en autosuficiencia militar, sacrificio personal y movilización en masa para formar grandes fuerzas irregulares de defensa, ha seguido siendo la base de la doctrina de defensa del país en los aZos transcurridos desde la desaparición de la Unión Soviética. Las FAR y el Perfeccionamiento de Dirección Empresarial El empeoramiento de las relaciones con la URSS hizo que Raúl Castro introdujera también en muchas empresas militares cubanas nuevas técnicas de administración y de contabilidad inspiradas en el modelo occidental. A mediados de los 80 el llamado Sistema de Perfeccionamiento Empresarial -- SPE) reemplazó a un sistema de planificación y control que había sido utilizado desde que se introdujo bajo presión soviética en los aZos 70. Para 1986, sin embargo, cuando Mikhail Gorbachev estaba en su segundo aZo en el cargo, el viejo sistema "no era más que un cadáver", según una fuente bien informada que en aquel momento era un funcionario del gobierno cubano. Su sustituto, el SPE, tenía tres objetivos primordiales: 1) fomentar una mayor autosuficiencia en las FAR y reducir su dependencia de la URSS; 2) aumentar la eficiencia y la productividad en fábricas militares que fabricaban uniformes, armas pequeZas y bienes de consumo (la Unión de Empresas Militares -- UEM); y 3) crear un modelo que pudiera ser adoptado en otras áreas de la economía. Establecer una gran fábrica militar fue el proyecto piloto del SPE, y un equipo de oficiales de alto nivel cercanos a Raúl Castro -- dirigido por el entonces General de División Julio Casas Regueiro -- estuvo a cargo del nuevo esfuerzo. Más de 230 fábricas y empresas militares fueron incorporadas posteriormente al sistema SPE. Muchos oficiales recibieron capacitación especial en el extranjero, muchas empresas adoptaron nuevos procedimientos de contabilidad, se estimuló la descentralización y una mayor competitividad y hubo reducciones de personal en algunas fábricas. Los funcionarios cubanos insistieron en que el SPE no era el primer paso hacia una economía capitalista sino un "método de dirección" cuyo propósito era hacer más eficientes y productivas las empresas estatales. El SPE no representó la primera vez que el régimen de Castro asignaba a las fuerzas militares un papel central y ejemplarizante en la producción económica. Durante un esfuerzo por producir 10 millones de toneladas de azúcar, que empezó al principio de los 60, y siguió durante la totalidad de los 70, el personal de las FAR había hecho un despliegue a gran escala para contribuir en las labores de la agricultura. Los soldados desempeZaron un papel de vanguardia conforme al espíritu del "soldado cívico" tanto en lo referente a sus responsabilidades civiles como militares. Las FAR fueron retiradas posteriormente de estas misiones, y, a medida que el SPE reemplazaba el anterior sistema impuesto por los soviéticos, la dinámica interna de las FAR se convirtió en algo mucho más complicado. El venerado soldado cívico tenía ahora un nuevo compaZero: el "soldado tecnócrata"". Habiendo asumido los métodos capitalistas de negocios en Europa y América Latina para obtener de la economía mayor productividad y eficacia, sin duda los compromisos de estos soldado tecnócratas con las prioridades de igualdad social de la revolución se han visto afectados. Tanto las iniciativas del SPE como las de las Milicias de Tropas Territoriales ayudaron a amortiguar el golpe cuando se derrumbó el bloque soviético y el presupuesto de las FAR fue recortado a casi la mitad. Ninguno de ellos amortiguaba totalmente la repentina pérdida de subsidios, pero probablemente contribuyeron a mantener la unión entre los militares y a reforzar un espíritu de separatismo nacionalista durante los amenazadores aZos de la era Gorbachev. Fidel Castro nunca dudó de que el glasnost y la perestroika socavarían la estabilidad de la Unión Soviética y sus aliados marxistas. Posiblemente haya sido esencial para Cuba el hecho de que cuando las tensiones con Moscú estaban llegando a su punto máximo, los oficiales de las FAR ya habían sido persuadidos de que eran apropiadas las afirmaciones de Castro sobre una mayor independencia de la Unión Soviética. Para mediados de los aZos 80, si no antes, incluso Raúl Castro se había desencantado de la Unión Soviética. No es de sorprenderse que después de 1990, cuando se retiró casi todo el personal soviético se hiciera imprescindible otra reorganización básica y adaptación de la misión de las FAR. El objetivo internacionalista de Cuba fue prácticamente abandonado, quedando seZalado su final con la retirada negociada de las tropas cubanas de Angola en 1991. En virtud de los gastos de guerra del Período Especial en Tiempo de Paz, los presupuestos, equipo y personal militares tuvieron que reducirse radicalmente. Para 1996, se había recortado el personal básico de las FAR en unos 100,000 integrantes, y desde entonces el número de las tropas ha declinado todavía más. La mayor parte de la capacidad militar, especialmente la aérea y naval, ha sido rebajada de forma drástica. El general retirado del ejército de Estados Unidos que visitó Cuba en 1995 observó, por ejemplo, que "es dudoso que más del 20% de los 150 aviones de caza de Cuba" estuviesen en condiciones de volar. No obstante, quedó muy impresionado por la alta moral del personal militar con el que se entrevistó, si bien recalca que no vio unidades de caza. Las Empresas Pretorianas de las FAR Ya desencantado con la Unión Soviética, Raúl Castro parece haber quedado traumatizado con el derrumbe de los regímenes comunistas de Europa oriental y los sucesos de la Plaza Tiananmen en Pekín en 1989. Estos acontecimientos transformadores solo constituían unos precedentes deplorables para Cuba y las FAR. Para Raúl Castro y sus generales, estas eran experiencias que había que evitar a toda costa. En Europa oriental las fuerzas armadas no hicieron nada para salvar a los regímenes comunistas y en Rumanía en realidad ayudaron a derrocar el gobierno. Se puede decir, sin embargo, que el extremo opuesto no fue mejor. El papel brutal que jugó el Ejército Popular Chino de Liberación (PLA) cuando mató a un gran número de civiles que protestaban en favor de la democracia contradecía las tradiciones y doctrinas infundidas en los mandos militares cubanos. Desde el punto de vista de por lo menos algunos líderes militares, el sangriento modelo chino no debe duplicarse jamás en Cuba, aun en el caso de que peligrara el mismo régimen. Los sucesos de la Plaza Tiananmen, por consiguiente, se convirtieron en "un inquietante fantasma para todos y cada uno de los debates dentro de la clase política cubana". Se dice que Raúl Castro creía que cualquier crisis de esta índole debiera evitarse calmando el descontento a través de un mejor desempeZo económico. Se dice que declaró en privado que él no asumiría la responsabilidad de "llevar los tanques a las calles" y, en vez de ello, estaba decidido a encontrar formas pacíficas mediante las cuales las fuerzas armadas fortalecieran y aseguraran la revolución cuando empeorara su crisis. Quería que las FAR asumieran un papel más importante en la economía, creando la mayor parte del sustento de su propio personal y también ganando divisas fuertes que el régimen necesitaba de forma desesperada. Aparentemente, los dogmáticos en la cúpula adoptaron una posición de línea dura y, al principio, Fidel Castro los apoyó o se mantuvo neutral en el debate que se estaba produciendo. Según informaron al menos dos fuentes, a medida que se agravaba el problema, se produjeron agudas tensiones y serios choques entre los hermanos Castro. Los peores temores de Raúl Castro pronto se convirtieron en realidad. Al tiempo que la economía caía entre un 35 y un 50 por ciento después de la disolución de la URSS brotaron los disturbios civiles más serios en la historia del gobierno de Castro. Se desataron graves desórdenes, primero en Cojimar, un suburbio de la Habana, en julio de 1993, unos meses después en la ciudad de Regla, y finalmente en el centro de La Habana en agosto de 1994. Estos "pequeZos tiananmenses" obligaron a Fidel Castro a ponerse del lado de su hermano en el debate acerca de cómo manejar el creciente descontento popular. Castro había inspeccionado personalmente la escena de los disturbios en La Habana y trató de calmar a los que protestaban mientras la policía y las fuerzas de seguridad usaban medios no letales para contener la manifestación. Después otorgó a su hermano y a las FAR considerable autoridad para empezar a extender los experimentos del SPE más allá de las industrias propias de los militares. Los conceptos de administración al estilo occidental y de mercado libre habían sido los elementos básicos del SPE pero se informar que, a principios de los 90, Raúl Castro se inclinaba más por los modelos chinos. En especial, atrajo su mira el éxito de las PLA al empezar a administrar sus propias grandes empresas con fines de lucro que él creía funcionarían bien en Cuba. Al final, esto fue aceptado por Fidel Castro, a pesar de que sigue obstinadamente opuesto a casi todo lo demás en el modelo económico chino, dinámicamente emprendedor y que funciona con un alto grado de libertad. A pesar de los graves riesgos que estas nuevas responsabilidades suponían para la unidad y profesionalidad de las fuerzas armadas, Castro permitió que las FAR las asumiera. Él se daba cuenta de que, dando a los oficiales acceso a mayores ingresos y niveles de vida, habría una mayor probabilidad de que le siguieran siendo leales y, más adelante, comprometerse más aún con el régimen de su hermano. A diferencia de los funcionarios civiles, los oficiales están sujetos a los rigores de la disciplina militar, en el aspecto burocrático tienen que responder al alto mando, y han demostrado su lealtad a través de aZos de servicio y, con frecuencia, de privaciones. Se le pueden conceder sinecuras bien remuneradas, a oficiales retirados o en proceso de retirarse que contribuyan a asegurar su lealtad al régimen al mismo tiempo que acaso se reduzcan los costos de las pensiones gubernamentales. Castro temía que, de ser administradas por un personal civil, incluso unas reformas descentralizadoras limitadas pronto excederían su capacidad de controlarlas y al mismo tiempo originarían expectativas populares de cambios mayores. Está reacio a permitir que funcionarios civiles lideren los esfuerzos de reforma económica, ya que podrían emerger como ejes de la oposició popular o hasta organizada al régimen populares y, más adelante, como rivales de su hermano en la sucesión. Se podía confiar más en oficiales raulistas para que ignoraran los valores y tentaciones capitalistas incluso a medida que se adaptaran algunos mecanismos de mercado en la administración económica. Serían menos propensos, pensaba, a sucumbir a la corrupción o a desertar. En el Quinto Congreso del Partido Comunista de octubre de 1997, la fuerzas armadas aceptaron la adopción del SPE en toda la economía. Se dice que, en el transcurso de dos aZos, aproximadamente 900 empresas (cerca del 30 por ciento del total nacional) implementaban programas del SPE. Se considera que oficiales de las FAR de confianza están ahora administrando el bulto de la economía. En la Unión de Empresas Militares están incluidas más de 230 fábricas y firmas. La industria del azúcar, históricamente la principal fuente de divisas extranjeras, fue puesta en manos de uno de los hombres de más confianza de Raúl Castro. El General Ulises Rosales del Toro, antiguo jefe del estado mayor de las FAR y durante mucho tiempo miembro del Politburó, fue nombrado zar del azúcar en 1997, como Ministro de la Industria del Azúcar. Es tal vez el de mayor rango y prestigio de los muchos oficiales que han estudiado administración de grandes empresas en Europa. Otros ministerios - Transportes y Puertos e Información, Tecnología, y Comunicaciones, ambos esenciales para el desempeZo económico - están bajo el mando de oficiales de alto rango. El grupo de empresas Gaviota ha evolucionado hasta convertirse en un gran conglomerado de turismo integrado verticalmente, que administra, entre otros negocios, hoteles, pequeZas líneas aéreas, servicios de helicóptero, tiendas para turistas y agencias de alquiler de automóviles. Se dice que, en conjunto, el grupo gana aproximadamente la cuarta parte de los ingresos de Cuba por concepto del turismo. Al frente del grupo Gaviota está el General Luis Pérez Rispide, ex jefe del complejo militar-industrial UEM. Otra empresa administrada por las fuerzas armadas, CUBANACAN, maneja, por lo menos, otras 10 actividades orientadas hacia el turismo. El general de dos estrellas y miembro del Comité Central del Partido, Rogelio Acevedo, está a cargo de la aviación civil. Un coronel dirige Habaneros, S.A., la empresa responsable de la comercialización internacional de puros y otros productos derivados del tabaco. Oficiales activos o retirados son también quienes administran un banco, el Instituto Nacional de Reservas del Estado, el monopolio estatal de la industria de la electrónica, zonas de procesamiento para la exportación, una entidad que otorga concesiones y arrendamientos de tierras, y otros sectores clave de la economía. A medida que coroneles y generales se iban haciendo cargo de la jefatura de estas actividades diversas, se hizo evidente que había surgido un tercer tipo de oficial: el "soldado-empresario". A diferencia del clásico soldado-cívico y del "soldado tecnológico" que había generado el SPE que aplicaba técnicas de gerencia de Occidente en compaZías militares, los soldados empresarios se dedican a actividades con fines de lucro que pueden lograr divisas fuertes para el régimen. Trabajan en compaZías que son propiedad del Estado pero administradas privadamente, en empresas mixtas, y en nuevos proyectos que hacen negocios con inversionistas extranjeros y tratan con el mundo capitalista. El gobierno cubano no ha dado datos fiables acerca de estos oficiales y las empresas pretorianas que dirigen. Un estudio académico que se hace eco de informes de medios de comunicación cubanos, indica que estas empresas producen "el 89 por ciento de las exportaciones, el 59 por ciento de los ingresos por turismo, el 24 por ciento de los ingresos de servicio productivo, el 60 por ciento de las transacciones al por mayor de divisa fuerte, el 66 por ciento de ventas al por menor de divisas fuertes, y emplean al 20 por ciento de los trabajadores estatales". No está claro si estas cifras incluyen el trabajo en la agricultura por parte del Ejército Juvenil de Trabajo y de tropas regulares puestas a trabajar también en los campos, pero sean cuales fueren las cifras exactas, no hay duda de que las FAR generan una parte considerable, y al parecer creciente, de la producción económica nacional. El delegado de Raúl Castro, Primer Viceministro del MINFAR (General de Cuerpo del Ejército y miembro del Politburó) Julio Casas Regueiro encabeza el gran Grupo de Administración Empresarial GAESA, que tiene la responsabilidad general de estas actividades. Un yerno de Raúl Castro, el Comandante Luís Alberto Rodríguez, es su director ejecutivo. Ellos dirigen a una plana mayor de oficiales, muchos de ellos aparentemente formados en Europa y América Latina, pero no existe evidencia de que Casas haya estudiado en el extranjero métodos occidentales de administración de empresas. En todo caso, su nombramiento para que supervisase estos programas parece tener más relación con sus credenciales políticas que con sus aptitudes de administrador. Casas tenía 22 aZos cuando se unió a las guerrillas de Raúl Castro en 1958, y ha sido uno de sus asociados más cercanos y uno de los raulistas más poderosos del régimen durante varias décadas. Al igual que Raúl Castro y casi todos los hombres jóvenes que se le unieron en esta etapa, lleva uniforme desde hace 43 aZos. Tiene una gran experiencia como oficial de plana mayor, incluyendo los cargos que ha desempeZado desde 1969 como viceministro de defensa de las FAR y como jefe de las fuerzas aéreas y de defensa aérea. Muy pocas veces aparece en público y casi nunca se ha reunido en Cuba con visitantes extranjeros. Indudablemente goza de la total confianza de su guía y maestro pero, aparentemente, no es muy admirado, incluso dentro de las fuerzas armadas. Prácticamente no se dispone de ninguna información fiable referente a las empresas pretorianas. Se sabe muy poco de cómo funcionan, de cuán competentes y exitosos puedan ser realmente como administradores y tecnócratas, cómo son retribuidos por sus esfuerzos o hasta qué medida están en vigor los principios de auténtico mercado libre. No hay datos confiables referentes al número de personas-tanto militares como civiles-que han recibido capacitación especial en países democráticos de mercado libre Ni siquiera se pueden encontrar estimaciones burdas de la cantidad de personas activas y retiradas de las fuerzas armadas que participan en las empresas. ¿Se da también acceso, a oficiales jóvenes y de nivel intermedio, a la retribución adicional que conlleva la administración de empresas? ¿Cuáles son los criterios que se aplican para la asignación sinecuras a oficiales retirados o próximos a retirarse? ¿Qué clase de pruebas políticas y de lealtad hay que superar para conseguir tales puestos? ¿Son sinecuras permanentes o hay una rotación normal de entradas y salidas de los puestos de administración sobre la base de sus capacidades y resultados? ¿Se despide a quienes no dan la talla? Además, no está claro en qué medida colaboran los oficiales con tecnócratas civiles que tienen responsabilidades en las áreas de finanzas, gerencia y producción. Todo esto, naturalmente, forma parte del secretismo que siempre ha rodeado a casi todo lo que tiene relación con las fuerzas armadas. Este secretismo difícilmente da a entender que haya un nuevo modelo económico que va evolucionando hacia un tipo de empresa de auténtico mercado libre o de una competencia meritocrática. Empresas pretorianas y dinámica de la transición Una fuente bien informada, citada aquí con frecuencia, es más optimista. Afirma que la administración de la empresa pretoriana no tiene ninguna semejanza con el enfoque de las FAR de "economía de mando" de los aZos 60 o con la administración estilo prusiano. También sostiene que los nuevos empresarios militares están logrando una "transparente rendición de cuentas" al tiempo que están satisfaciendo "las demandas de los mercados y de los clientes". Sin embargo, la evidencia de tal afirmación no es muy sólida. De hecho, las empresas pretorianas parecen funcionar, más que otra cosa, como monopolios protegidos, concedidos a los favoritos del régimen con fines políticos y económicos. Solamente los raulistas leales, aparentemente, cuentan con la suficiente confianza de los Castro para tener acceso a actividades empresariales que dependen de capital extranjero. Sin duda el régimen acepta, como parte del trato, que la mayoría de estos oficiales se involucre en alguna forma discreta de malversación de bajo nivel para mejorar su estándar de vida. Posiblemente exista también una especie de entendimiento de que ellos puedan apartar unos ahorros como seguro personal contra la incertidumbre de la era post-Castro. Tal convenio fáustico por parte del régimen puede producir importantes beneficios a corto plazo pero, con el tiempo, es probable que socave la unidad y la profesionalidad dentro de las fuerzas armadas y, por consiguiente, enturbie las perspectivas de una transición sin sangre. De hecho, evidencia recogida de varios lugares indica que las empresas pretorianas son criaderos de corrupción. Se rumora abiertamente que el mismo General Casas Regueiro, primer viceministro de defensa a cargo de estas actividades, es un corrupto. Una fuente ha hecho la observación de que sobre él hay sospechas de "corrupción a gran escala" y en Cuba se le considera un "déspota". Otra fuente afirma que el suyo es "el caso más obvio de corrupción descarada dentro de las fuerzas armadas". Hasta ahora, este aliado íntimo de Raúl Castro, de 66 aZos, ha disfrutado de inmunidad. No ha ocurrido lo mismo con otros altos oficiales. El General Tomás Benítez, ex jefe de Gaviota, fue despedido "por recibir comisiones de clientes extranjeros", y dos coroneles - el ministro y el viceministro de comercio interior - fueron depuestos en 1995 por fraude económico. El régimen ha decidido no convertir ninguna de estas irregularidades en notorias causas públicas, como se hiciera con el enjuiciamiento de Ochoa, ni tampoco usarlas para lanzar cruzadas públicas contra la corrupción en las fuerzas armadas. Hacer una de estas cosas podría muy bien alterar el delicado equilibrio entre cuánta corrupción es aceptable y qué clase de conducta no lo es. Además, no hay evidencia clara de que los gerentes militares hayan tenido éxito en aportar nueva eficiencia o productividad notable a sectores de la economía que están en dificultades. Raúl Castro admitió, en mayo de 2001, que "el proceso de mejoramiento de empresas en las FAR no había avanzado con el dinamismo que se esperaba". El fundamental sector del azúcar, por ejemplo, ha seguido languideciendo bajo la administración del General Rosales del Toro, uno de los oficiales de las FAR más respetados y, acaso, el más destacado ejemplar del nuevo soldado-empresario. Desde que se convirtió en zar, las zafras de azúcar se han mantenido invariablemente entre las más bajas en los tiempos modernos. Este aZo, el General Rosales por fin ha anunciado que cerraría un buen número de ingenios azucareros - dejando sin empleo a muchos trabajadores - y que reduciría considerablemente la tierra dedicada a la caZa de azúcar, con el fin de fomentar mayor eficiencia y otras alternativas de desarrollo. Esta decisión, no obstante, llegó demasiado tarde, probablemente porque tuvo muchas dificultades para convencer a Fidel Castro y a otros líderes de línea dura de que una manera tan cruda de cortar costos al estilo capitalista estuviera justificada. Los administradores de empresas en otros sectores probablemente se enfrentan con las mismas limitaciones al tratar de introducir eficiencias del tipo de mercado libre en la economía regimentada de Cuba, si bien no hay evidencia real de que otros estén tratando enérgicamente de hacerlo. Como resultado, por consiguiente, la decisión sin riesgo político de colocar oficiales raulistas de confianza al frente de empresas con fines de lucro, puede no estar justificada desde el punto de vista económico. No se puede esperar que militares de carrera, muchos de ellos con condecoraciones por servicio activo y limitado contacto anterior con profesionales del mundo civil, trasciendan con facilidad las rigideces y los prejuicios de su cultura burocrática. Parece que esto sería especialmente aplicable a Cuba debido a la bien conocida aversión de Fidel Castro a cualquier descentralización económica o descompresión política que pudiera asemejarse a los odiados glasnost y perestroika, los cuales está convencido de que destruyeron la Unión Soviética. Por lo tanto, la mayoría de los oficiales, incluyendo a los cercanos a Raúl Castro y entrenados en el extranjero, lo pensarán dos veces antes de complicarse la vida con Fidel Castro. Recuerdan muy bien lo que le ocurrió al General Ochoa. Comprenden que mientras Castro ocupe el poder, deben funcionar dentro de una economía regimentada y controlada centralmente en la que la implementación de las verdaderas innovaciones conlleva un riesgo considerable. Saben también que, llegado el caso, ni siquiera Raúl Castro podría protegerlos de las iras de su hermano. Las contradicciones y peligros para ellos como individuos y para la profesionalidad de las FAR son, por tanto, amedrentadores y, con toda seguridad, también cada vez mayores. Si los oficiales a cargo de las empresas pretorianas no consiguen generar ganancias económicas de consideración, o si de alguna manera cruzan la confusa línea de lo que es permisible, pueden tener que rendir cuentas. Si, por el contrario, su éxito es demasiado evidente o parecen vivir de manera muy extravagante, pueden antagonizar a Fidel Castro. También se expondrían a la reacción negativa de sus colegas de armas y de los civiles que no tienen un acceso similar a negocios de gran escala con divisas fuertes. Por otra parte, burócratas civiles y otros profesionales ya molestos, muchos de los cuales probablemente piensan que podrían administrar empresas con mayor eficiencia y productividad, se sentirán todavía más alejados de las FAR. Finalmente, y algo que es de gran importancia para la transición, las empresas pretorianas probablemente están alimentando nuevas y amargas divisiones dentro de las mismas FAR. Los oficiales raulistas, que cada vez más, constituyen una nueva clase privilegiada en Cuba, pueden ser más y más menospreciados por oficiales menos políticos, más tradicionales y profesionales, especialmente por aquellos que tienen mando de tropas importantes. La unidad, disciplina, y profesionalidad de las FAR parecen, por consiguiente, estar corriendo un riesgo cada vez mayor. Cómo las fallas podrían afectar la transición Si no se corrigen éstas y otro gran número de fallas que podrían desestabilizar a las FAR, se irá erosionando progresivamente la integridad institucional y, por consiguiente, la posibilidad de una transición pacífica. Desde su inicio, las fuerzas armadas han dado la impresión de ser una organización monolítica; pero, en realidad, hay por lo menos cuatro tipos básicos de fisuras que las atraviesan y que, aparentemente, están debilitando el mando y el control y creando facciones de grupos de oficiales tanto vertical como horizontalmente. La mayor parte de las divisiones se han producido desde 1989 y las crisis del comunismo internacional. Probablemente se acentuarán en la transición post Fidel Castro. El asunto Ochoa El general de dos estrellas Arnaldo Ochoa fue uno de los oficiales más condecorados, populares y respetados que jamás hayan producido las FAR. A fines de los aZos 50, siendo un adolescente, se unió a las guerrillas de Fidel Castro y participó en casi todas las campaZas militares importantes hasta que fue ejecutado en el verano de 1989 al ser acusado de tráfico de drogas. Sin embargo, quienes han estudiado a fondo el caso, coinciden hoy en la opinión de que los hermanos Castro llegaron a la conclusión de que Ochoa representaba una grave amenaza para la hegemonía política de ellos puesto que se sentía atraído por las reformas liberalizadoras que en aquellos momentos estaban inundando los países comunistas. No fue pura coincidencia el hecho de que su enjuiciamiento público en un discurso de Raúl Castro se produjera a los pocos días de la matanza en la Plaza Tiananmen y cuando los regímenes comunistas en Europa Oriental estaban empezando a desangrarse. Raúl Castro lo acusó de deslealtad y de estar planeando su deserción; pero las imputaciones de tráfico de drogas fueron agregadas más tarde. En realidad, Ochoa probablemente se había destacado como el admirador de las reformas de Gorbachev en la Unión Soviética más influyente y de más alto rango. Los hermanos Castro temían que en las FAR se estuviera formando una "generación perestroika". El prolongado juicio de Ochoa y la sentencia fueron advertencias brutales a cualquier otro que pudiera sentirse tentado a cuestionar la autoridad de los Castro. Su ejecución, junto con la de otros pocos, fue aprobada por un tribunal militar de honor compuesto por más de 40 generales de alto rango - de hecho, implicando a todos ellos en su muerte. Varios desertores que abandonaron Cuba más tarde, entre ellos oficiales de medio rango de las FAR, han comentado que se alejaron irreversiblemente del régimen debido a la forma maquiavélica con que trató al general. No hay duda de que muchos otros que todavía están en servicio activo comparten esos sentimientos. Estos antagonismos podr |