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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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Ediciones Revolucionarias Carlos Wotzkow El papel lo aguanta todo... y el celuloide también. ¿O no? Fidel castro decía a las cámaras de la televisión americana desde la Sierra Maestra que su lucha insurgente era por la democracia representativa para Cuba. Yo lo he visto miles de veces en la televisión y aunque muchos se lo creen, la realidad me dice que no es cierto. Decía un ornitólogo americano (Dean Amadon) una frase que en el campo del análisis es sabia: "For every complex problem there is always a simple answer, and it is wrong." El tira-y-encoge contra Elizardo Sánchez llega entonces al punto al que la dictadura lo ha llevado. Los que hace unas semanas no se tragaban el cuento, ahora se han convencido (o se están convenciendo) con la peliculita del régimen. Incluso gente de talento, intelectuales, y muy buenos amigos (y no por ello dejarán de serlo), ya nada quieren saber de Elizardo y han llegado a decir por escrito que se equivocaron y que necesitan (o prefieren) salvar sus ideales tradicionales. No los culpo, pero debo reconocer que han caído en la trampa del dictador. En mi artículo "Propaganda Castrista: modo de empleo", yo alertaba de estos efectos secundarios que ahora comienzan a salir en muchos de estos automedicados exiliados y me pregunto: ¿cuál es la verdadera importancia de tomar partido por los disidentes y opositores que viven en Cuba? Para serles sincero, no hallo otra respuesta que la de la coherencia. Sí, la coherencia con nosotros mismos (no con los disidentes) y que desde hace tanto tiempo venimos cacareando. ¿Cómo podemos dejarnos manipular por el régimen? ¿O es que esas imágenes y unos balbuceos de Elizardo van más allá de la respuesta de la seguridad a nuestra primera reacción? El rechazo total (o casi total) que trajo consigo la publicación de "El Camaján" fue directo al pulmón de la dictadura. Imaginen, un país que cuenta los céntimos antes de utilizar el papel para la publicación de sus mejores mentiras, se vio de pronto tirando una edición entera al estercolero. Esta esperaba que con el panfleto ya todo el mundo comenzara a cavar la fosa y no fue así. Entonces, grande debe haber sido el revuelo dentro del D.O.R. (Departamento de Orientación Revolucionaria) para que el MININT se decidiera a respaldar a esa muestra de Edición Revolucionaria con sus archivos audiovisuales. ¿Cómo? ¿Que la respuesta de Elizardo no parece convincente? ¿Y a mi qué? Pues no se trata de que Elizardo sea o no un espía (en mi artículo antes mencionado decía: todo es posible, pero...), sino que nosotros, los del exilio, de la noche a la mañana comencemos a creer en lo que nos cuenta el régimen. Por principio nada, ¡NADAAAAAAA!, de lo que digan los órganos informativos de Cuba debe ser creíble. Excepto, claro está, si usted no cree en sus propias experiencias, si usted no cree en los motivos que lo han obligado a usted a vivir en el exilio, y si usted, como ya lo he dejado ver, sólo quiere seguirle el juego al sátrapa. Hay a quien le interesa saber los motivos por los cuales el régimen desprestigia ahora a Elizardo Sánchez. Hay quien quiere saber si es cierto o no que es (o fue) un espía. Y hay hasta los que se alegrarían de saber que el pobre hereje lo es para retirarle el escaso apoyo que la oposición cubana empezaba a recibir desde el exilio. Estos últimos, por razones obvias, estarían trabajando (directa o indirectamente) más al servicio de Castro que de Cuba. Pero... y si Elizardo es seguroso ¿qué? ¿A quien afecta eso? ¿A quién beneficia? Esas son las preguntas que yo me hago independientemente de que sean Sánchez, Payá, o Roca los implicados. Y no te olvido Menoyo mas, más tarde. Es interesante ver cómo los maravillosos ensayos en contra de la histeria del exilio terminan por demostrar el mismo grado de emoción irracional que los primeros. O sea, algo a lo que los cubanos llamaríamos "un atraque de comemierdería". ¿Cómo es posible que no seamos capaces de opinar sin hacer apología a eso que justamente intentamos combatir? Recuerdo que hace meses leí un texto sobre los métodos del régimen cubano para reclutar espías. Recuerdo que fue incluso un ex-agente de Castro el que los reveló por primera vez. Y creo firmemente en esa posibilidad, pero repito, sin que con ello algún sesudo me atribuya defender a Elizardo. Hace unos días los super-reporteros de Miami hablaban de que el piloto Orestes Lorenzo había regresado en un avión a Cuba y estaba hablando junto a su familia en una mesa redonda. Incluso llegaron a llamar a su casa para ver si era cierto. Y claro, Orestes y yo nos depachurrabamos de la risa con tanto imbécil asalariado y por ello, me decidí a hacer un experimento. Llamé por teléfono a 10 amigos que saben que yo conozco a Orestes. Les conté con asombro y rabia que Orestes era un espía y que había regresado a Cuba, les conté lo mal que me sentía y 8 se creyeron la historia. Pero atención, 4, me preguntaron si yo estaba en algo. O sea, si no era acaso otro espía. No es eso mis queridos compatriotas lo que me interesa. Me interesa saber el por qué del desprestigio y me temo que no tengo la respuesta, o que esta va mucho más allá de las innumerables eyecciones mentales que nos hacemos al divagar sobre "repercusiones" mucho menos trascendentales. Al especular sobre las dudas creamos las bases para que un argumento político erróneo se haga válido. ¡Por favor! Tengamos al menos la honestidad intelectual de admitir que debe haber otros motivos que no atinamos a dilucidar. La reserva sistemática de una medida política e ideológica debe hacernos creer al menos que ese trabajo de la inteligencia cubana puede tener otra intención. Y muy posible que la tenga y sólo espero que nuestros buenos analistas no escupan tanto y en tan injusta dirección.
Carlos Wotzkow Bienne, Septiembre 14, 2003 PD. No te he olvidado Gutiérrez Menoyo, sólo que hoy no tengo más tiempo.
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