Carta de Cuba, la escritura de la libertad

 

 


CON TODO RESPETO
 
Enviado a:
 Granma, Granma Internacional, Juventud Rebelde, Trabajadores, Tribuna de La Habana, Radio Reloj,
Prensa Latina, AIN
Soy una cubana con honra, exiliada pero manteniendo mi ciudadanía porque
amo a mi tierra, mi raíces, mi origen... y escribo ejerciendo mi derecho
a expresarme libremente. No sé si vayan a leer esto, pero siento que
debo hacerlo porque quiero seguir siendo toda mi vida honesta y libre. 
Desde que en noviembre apareció Elián con su carita infeliz de náufrago
y huérfano de madre, en los medios de comunicación de todo el mundo,
propuse que se le devolviera a Cuba si los parientes que tenía en los
Estados Unidos eran lejanos. Era un caso más de niñito que necesitaría
el calor de su padre, y así se hubiese tratado de no ser porque la
atención mundial volvió a retomar el hecho de que existieran Elianes,
mamás de Elianes y otros muchos, miles de cubanos, que toman la ruta
marítima para salir de Cuba. ¿Por qué sucede esto hoy, todavía, a
cuarenta y un años de una Revolución con todos y para el bien de todos?. 
Ése es el motivo que habría que analizar y que existe, no porque exista
la ley de ajuste cubano, sino porque existe una situación totalmente
anormal y única en Cuba. 
Lamentablemente, tanto de un lado como del otro (entiéndase Miami y el
gobierno cubano), cuyas actitudes son prácticamente iguales:
extremistas, viscerales y compulsivas, se perdió la perspectiva y se
empezó con buena o mala fe (no voy a cuestionar eso para nada), a perder
conciencia real de que estábamos ante un pequeño ser humano que lo
último que necesitaba era ser objeto de pasiones políticas por uno y
otro bandos. Elián dejó de ser un niño para convertirse en un símbolo: o
el Mesías y los delfines rescatándolo por el lado de Miami, o el Niño
Héroe de los carteles y las manifestaciones en Cuba por el otro: ¿cuál
es la diferencia? 
Sobre la ley de ajuste cubano, quiero expresar que están mintiendo al
pueblo cubano a través del Granma. Pensemos que por desconocimiento y
por el ejercicio, que lleva ya cuarenta y un años, de repetir sin tino
lo que se dicta desde instancias superiores. Para nadie es secreto, para
usted mismo, el que esté leyendo este e-mail, que ustedes los
periodistas no pueden decir o expresar más que noticias que se ajusten a
unos parámetros ya dados porque "Con la revolución todo, sin la
revolución nada", porque la democracia cubana, única en su género,
permite que se hable de todo... menos en contra del sistema; permite que
la gente se asocie y se reúna, siempre que sea en las organizaciones de
masa. No permite el ejercicio sano de la disidencia, no permite la
existencia y el enriquecimiento de la sociedad civil, conformada, como
en el resto de los países del mundo, por sus fuerzas vivas, libres para
aportar ideas y continuamente actualizar el diario vivir. Inventa unas
elecciones "libres y democráticas" donde la única opción es votar por
los que están o emborronar la boleta.  
Afortunadamente tengo la posibilidad, como cualquier ciudadano normal
que viva en libertad, de accesar la biblioteca del Congreso de los
Estados Unidos, donde reside toda la documentación sobre las leyes
imperantes para que cada quien pueda documentarse con ellas y
utilizarlas para defender sus derechos, en un medio donde la defensa de
los derechos hace tiempo que pasó a ser de carácter individual o grupal
pero no un problema de violación institucional, como es el caso de Cuba.  
Existe y se practica en aquellos casos que alguien entienda que esos
derechos, los civiles, los humanos, les han sido violados.
 
La ley de ajuste cubano no es más que un acápite especial dentro de la
ley de asilo. Y existían y existen otros acápites desde antes de que
Cuba se declara comunista. A esa ley pudieron acogerse rumanos, checos,
ciudadanos de la ex-Unión Soviética, coreanos, vietnamitas, chinos, etc.  
Con los cubanos incluso, lo que ha pasado es que, producto de las
conversaciones sostenidas por el gobierno de Cuba y los acuerdos tomados
en las negociaciones migratorias, la ley de ajuste es más dura y
restrictiva que para cualquier otro ciudadano de los países donde se
viola institucional y consuetudinariamente, como en el caso evidente,
marcado, probado hasta la saciedad de Cuba, los derechos más elementales
de cualquier individuo.  
No pertenezco a ningún grupo "mafioso" (último y nada creativo término
utilizado por el gobierno cubano para ofender a sus compatriotas en el
exilio), aunque no esté de acuerdo con el régimen imperante en Cuba.
Llevo casi veinte años fuera. No tengo dineros ni grandes propiedades.
Trabajo decentemente, cubro mis cuentas normales, sin lujos ni
exageraciones. Cumplo mis deberes, pago mis impuestos. No salí al exilio
para hacerme rica ni para hacer política barata. He disfrutado de un
bienestar emocional del que no me arrepiento para nada. Puedo leer
cualquier prensa, incluyendo el Granma. Puedo expresarme libremente, y
con respeto, sin tener que utilizar adjetivos calificativos denigrantes,
tan manidos por ustedes en la prensa, no sé por qué, porque mi papá,
periodista cubano y todos los buenos periodistas de opinión en la prensa
del mundo, señalan que el buen periodista no necesita denostar la idea
contraria, o ensalcocharla de adjetivos ofensivos, para defender la
propia. No me refiero para nada a los poquísimos llamados periodistas,
casi todos al borde de la tumba porque pertenecen a una generación muy
anterior y enferma de malos vicios, que se quedaron en una etapa ya
afortunadamente vencida en el resto del planeta, que en Miami tienen
algunos programas de opinión y lanzan los mismos insultos con los mismos
adjetivos que puedo ver en el Granma. Hablo de prensa seria, de opinión
comprometida, de buen periodismo.  
Yo puedo también asociarme libremente a causas que creo nobles, como la
defensa de los derechos civiles y humanos de cualquier grupo en el
mundo, no sólo de los cubanos sino de los haitianos, africanos o
tibetanos. 
Estoy en contra de las guerras: la de Viet Nam, la de Angola y
Etiopía... cualquier otra guerra, que nos acerca al primitivismo y
atrasa la ascensión de la sociedad, cualquiera que sea, a un estatus de
civismo, humanismo, comprensión, decencia, principios y valores. 
Estoy en contra, por principios, del embargo económico de Estados Unidos
hacia Cuba. Pero también estoy en contra de cualquier embargo de
cualquier nación hacia otra. 
Estoy en contra de que mi país esté "acostumbrado" como le escuché decir
a alguien (y sentí inmensa pena), a vivir de imposiciones, en un
horizonte estrecho y de permisos, sin siquiera tener conciencia de ello. 
Estoy en contra de la manipulación y el engaño, venga de quien venga. 
Estoy en contra, como ciudadana cubana que conozco mis derechos, esos
derechos que no se inventó ninguna nación en específico, sino que forman
parte de la Declaración Universal de Derechos Humanos, de la Cuba es
signataria, de tener que pedir autorización para entrar a mi país. Es
denigrante eso! Aunque ame mi suelo, prefiero no verlo antes que pedirle
permiso a Inmigración de Cuba para visitar mi patria. Nadie puede
ostentar un poder absoluto sobre vida y obra de los seres humanos. Nadie
tiene derecho a ello aunque crea que su razón es noble porque,
definitivamente, el fin no justifica cualquier medio y eso es válido
para cualquiera. Esto me recuerda que debo expresar también que estoy en
contra de la doble moral. ¿Cómo utilizar los recursos de la democracia
de este gran lado del mundo (la mayoría de los países del planeta), si
la condenamos continuamente?   
Creo que debe haber un mejor futuro para mi patria. Creo que hay gente,
mucha gente, los que ahora parecen la mayoría y que no tienen
oportunidad real, ni voz ni voto, para demostrar que son una mayoría
aparente, que tendrán sobre sus hombros la responsabilidad de la
reconstrucción nacional, que va más allá del factor de bienestar
económico. 
Los exiliados cubanos, los que no pertenecemos al exclusivo grupo y en
vías naturales de extinción, de la generación de Fidel, de otras épocas,
geografías e historias, e incluso muchos de esa generación que, aún
siendo personas ya mayores, han logrado madurar y crecer en su visión de
Cuba gracias a vivir fuera de ella, creemos en la reunificación, creemos
en el sentido de cooperación, creemos en la familia, en los valores, en
la unión. Nadie nos hace repetir nada. No tenemos la obligación de
pensar así. Nadie nos persigue por ello.  
No lamento haber salido de mi país. He crecido políticamente porque
tengo acceso a toda la información que quiera. He crecido culturalmente
porque nadie me impone los libros a leer o me prohibe otros. He crecido
desde el punto de vista humano, porque tengo más fe en la obra de los
hombres, al estar expuesta a mayores y más enriquecedoras experiencias.
He crecido socialmente porque siento que puedo, y lo hago, protestar y
utilizar recursos y medios disponibles ante lo que está mal o es
atentatorio a la vida y desarrollo de mis conciudadanos del mundo.
Ojalá puedan disfrutar mis compatriotas en Cuba, algún día, de este
estado de cosas. 
Con todo respeto,
 
María Rivadulla
María Rivadulla es una colaboradora de Carta de Cuba.