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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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Carta
Abierta a la Eurodiputada Patsy Sörensen Estocolmo,
10 de Julio de 2003. Distinguida
Patsy Sörensen: A mi poder ha llegado una misiva electrónica que Ud. despachara, a colegas y amigos del Parlamento Europeo, el pasado 4 de julio. El mensaje, hecho público por diferentes vías y canales, aborda la situación de los Derechos Humanos en Cuba, así como los debates que sobre esta materia se han suscitado últimamente en el seno de la eurocámara. En el documento de marras, Ud. admite haber sentido, invariablemente, simpatía por el régimen de Fidel Castro. Posiblemente en esto no diste de numerosos izquierdistas europeos, que otrora brindaran ciega pleitesía a los llamados de solidaridad con la dictadura emitidos desde La Habana. Sin embargo, más adelante, Ud. afirma: “[L]os recientes acontecimientos no han cambiado esa simpatía. Al contrario, comprendo muy bien la posición del actual régimen en la protección de sus intereses vitales y los de la población cubana común.” ******************* Distinguida Patsy Sörensen, debo confesarle, en calidad de refugiado cubano residente en Suecia, que me resisto a aceptar que una afirmación de este calibre parta de una legisladora del Parlamento Europeo, mucho menos de una miembro, a nombre de los verdes, de un Comité de Libertades y Derechos de los Ciudadanos. Simplemente me opongo a creer que una eurodiputada no tan sólo se mantenga inmutable ante los recientes acontecimientos en Cuba, sino que también los encomie. Porque ¿de qué hechos se trata? Pues de que el régimen de Fidel Castro, —ese que le inspira a Ud. infalible devoción—, acaba de encarcelar, tras juicios sumarísimos a puertas cerradas, a 75 activistas pro democracia. Ese mismo régimen termina de asesinar, —no hay vocablo más adecuado para describir la felonía— a tres jóvenes de raza negra, si razas hubieran, por intentar escapar el calvario dictatorial, secuestro de una lancha mediante pero, bienaventuradamente, sin causarle daños a nadie. ¿Qué deseaban los activistas pro democracia que hoy sufren sanciones de prisión medievales, cuya suma alcanza los astronómicos 1400 años? Ellos buscaban, —y Ud. lo puede corroborar si se atreve a visitarles en cárcel, o al menos a sus colegas, familiares y allegados—, un tránsito organizado y pacífico a la democracia, esa forma ensayada de regir un estado que garantiza la participación política de todos y cada uno de los interesados en la gestión de gobernación. Ellos reclamaban, además, el respeto a los Derechos Humanos, aquellos 31 puntos aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948 y de los que Cuba es signataria, pero que son conculcados obstinadamente por el Gobierno de Fidel Castro. Ellos ansiaban un verdadero Estado de Derecho, cuyas leyes fuesen la continuación inmediata de una constitución despolitizada y desideologizada; y donde la imparcialidad del juez, los derechos de la defensa y la proporción justa entre pena y delito, sirvan de faro a cada fallo judicial. Ellos aspiraban, encima, a una sociedad económicamente próspera, donde la incansable iniciativa empresarial cubana, —probada a propósito en todas las latitudes y longitudes donde la libertad les acompañe—, derive en individuos ideológica y políticamente emancipados del yugo estatal. Ellos anhelaban un país donde la cultura no fuera el ejercicio de la reverencia forzada ante la doctrina política imperante, más bien la creación libre y espontánea de individuos libres y espontáneos. Ellos ambicionaban una tierra donde el pobre pudiera decir: “Soy pobre” y el necesitado: “Soy necesitado”, en lugar de que se parapeten la miseria económica y su hermanastra, la decadencia espiritual, tras eslóganes triunfalistas. Ellos codiciaban un país donde la misericordia y caridad no fuesen monopolio político de los gobernantes de turnos, sino que preocupación e inquietud constantes de la ciudadanía toda. En definitiva, ellos deseaban todo aquello que pusiera fin a la tragedia que hoy afronta el pueblo cubano, y cuya prueba concreta es justamente ciudadanos que intentan huir, con riesgos para sus vidas, de la isla que antiguamente fuese conocida como la Perla de las Antillas. *********************** Distinguida Patsy Sörensen, con toda justeza Ud. sentencia en la citada esquela que “vuestra obligación es defender a los más débiles que no pueden defenderse a si mismos”. Al examinar esa intachable frase, noto que se ajusta cabalmente a los cientos y cientos de prisioneros de conciencia, —acorde a los criterios y condicionamientos de organizaciones humanitarias reconocidas mundialmente tales como Amnistía Internacional— que desvanecen en el cautiverio castrista y que reivindican la solidaridad de todos los hombres y mujeres progresistas del mundo. Le pido, por ende, poner pensamiento y acción en consonancia: en lugar de profesar fervor hacia el absolutismo cubano personificado en Fidel Castro, únase a las millones de voces solidarias que demandan la liberación inmediata de los prisioneros de conciencia, vanguardia social del pueblo cubano, y que encima exigen la impostergable democratización de Cuba. Respetuosamente, Alexis Gainza Solenzal, Refugiado Cubano residente en Estocolmo, Suecia. Coordinador General de “Cuba Nuestra”,
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