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Carta de Cuba, la escritura de la libertad |
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Carta
escrita por el periodista Julio Cesar Gálvez a su esposa desde la enfermería
de la cárcel donde se encuentra hospitalizado. Mi
reina: Amor
mío, una carta breve y rápida debido a las circunstancias y la premura con
que esta debe salir para que tú tengas noticias mías. Hoy es lunes 15 de
Diciembre, son las 8 de la mañana y te escribo sentado al borde de la cama
donde llevo durmiendo dos días, en la sala de la enfermería de La Pendiente.
El
sábado a las 6 de la tarde me fueron a buscar a la celda y me dijeron que lo
recogiera todo que venía de traslado para acá. En un principio me puse
renuente, mi pensamiento voló en muchas direcciones pero el dolor de cabeza
era tan intenso que ya casi no podía ni hablar. El
primer día de mi estancia la pasé regular, en la madrugada tuve que tomarme
dos Ibuprofen pues el dolor subía la parada, luego a medida que transcurría
el día, la mejoría iba en ascenso. Por la noche, Ariel, (el médico) estuvo
conversando conmigo un rato, parece que conversar me hizo bien. De
ayer domingo para hoy lunes pude conciliar el sueño. En la mañana de hoy, en
que te hago estas líneas, la doctora del penal vino a verme. Lo cierto es que
desde el viernes 5 de este mes el clínico había determinado que me
ingresaran aquí en la salita del penal, luego tras consultar con la Dirección
del Minint de Villa Clara y esta con la Dirección Nacional, planificaron
ingresarme hoy, pero, después de una visita del General Pascual y otros altos
oficiales se adelantó mi traslado. El
caso es que mi presión está muy descompensada, no dormía, mi visión está
algo borrosa y los dolores de cabeza son intensos. Una vez aquí, he sentido
alguna mejoría, somos 6 personas y un loco al cual tienen incomunicado en la
habitación contigua. Desde
donde te escribo, puedo ver las familias que vienen a la visita, la entrada
principal, los presos que trabajan frente al lugar y todos aquellos que pasan
por la calle y la acera interior. Pero, lo que más ha levantado mi ánimo es
el sol, el aire y esa luz del día que entra sobre todo en horas de la tarde
inundando el local. Nunca he apreciado y deseado tanto la naturaleza, respirar
a pleno pulmón el oxigeno y disfrutar esas cosas que Dios nos ofrece
gratuitamente para todos, sin distinción de raza, sexo, origen social, político
y religioso. Para
seguir mi descripción y que tengas una idea, el baño es grande, tiene dos
duchas y el agua la ponen 3 veces al día. Por primera vez en esta prisión he
podido bañarme en una ducha, sentir ese golpe de agua fría, tan importante
para la circulación sanguínea. En todos los aspectos estoy mejor, no hay
humedad y mis quebrantados huesos comienzan a sentir alivio. Me distraigo y
desconecto un poco. Han
pasado muchos a verme cosa que agradezco enormemente, la solidaridad te da
fuerzas. De los que están aquí conmigo, te nombro a Andrés Bustamante, de
56 años, un excluible, que salió en el año 80 por el puerto del Mariel,
posteriormente devuelto a Cuba por los norteamericanos; un infartado y uno que
intentó cortarse las venas; esos, se van mañana de aquí. Mi
reina, no quiero que te preocupes. Necesito que te cuides, ¿ya te estás
inyectando las vitaminas? No me digas mentiras que te conozco, siempre te
quedas de última y tú nos haces mucha falta, al viejo, a mí, a tus hijos y
a tus nietos; sobre todo a Leonel y a Rolandito, que algo por dentro me dice
que cuando ustedes se conozcan algo bueno pasará. Tampoco
quiero que descuides tus cuentos, habla con Pepe, eres buena en eso, se que le
gustarán. Esta bien que trabajes en mis cosas pero lo tuyo debe salir, también
el libro de poemas, debes prometérmelo. Te
amo mucho, a veces pienso que no te merezco. Cuando llegas a la visita te noto
tan ojerosa, tan cansada, porque a pesar de tu sonrisa con la que tratas de
ocultarme muchas cosas, se que se esconde un enorme sacrificio pues los huesos
tuyos están peores que los míos. Todas
ustedes, se merecen lo mejor del mundo, son excepcionalmente valientes como
todas las mujeres cubanas. Espero hayas recibido las anteriores cartas, ¿que
te pareció todo lo que te envié? Tienes trabajo de sobra y yo pidiéndote más
cada día. Deseo que pongas el árbol
de Navidad, es un significado muy hermoso para nosotros los cristianos. Dile
a todos que les deseo una feliz navidad, agrádeseles en mi nombre toda la
ayuda que nos prestan, sin eso, que sería de nosotros. No los menciono a
todos porque se que muchos se han añadido a la lista de las buenas personas
que en el mundo luchan a favor de nuestra libertad. Diles que celebren todos
la Navidad y coloquen 75 copas o más, allí estaremos con ellos en el espacio
universal que nos circunda. Que brinden por la unión de todos los cubanos,
por la paz y la libertad de todos aquellos que sufren prisión injusta. Pidan
para el nuevo año la reunificación de todas las familias y que el mar deje
de ser tumba para los nosotros. Mucha
buena suerte déseales a mis hermanos y que Dios los bendiga. Quiero
que todo eso que te expreso puedas decírselo también a todos los colegas y
amigos comunes, felicita a mi hermana y a mi sobrino, dile que no tenga pena,
que yo se de sobra las dificultades que confronta para venir a verme. En
cuanto a Fefa e Irenita dale un fuerte abrazo de mi parte, se que podemos
contar con ellas al igual que con Leonel. No dejes de ir a la Iglesia el día
31 para que quemes nuestros sueños y se esparzan en el simbólico humo de los
deseos de estar juntos para siempre. Felicita a todos en la congregación, a
Jaime, al nuevo pastor y a Júnior. Te prometo pasar el curso evangélico para
bautizarme cuando salga. Cuídate
mi amor, te necesito sana, espero verte pronto y tener noticias tuyas.
Siempre
tuyo, Julio
Cesar. 15-12-03. Nota
de la redacción de Cuba Nuestra: El escrito anterior despachado inicialmente el 27dediciembre del 2003 por Beatriz del Carmen Pedroso, esposa de Julio Cesar Gálvez, ha llegado a nuestra redacción por conducto de demócratas suecos que mantienen contacto directo con representantes del movimiento cívico-democrático de intramuros.
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